Instalada en el sector del valle de Shangrilá en la cordillera de la región de Ñuble esta autodidacta artista penquista ha encontrado en la naturaleza que la rodea no sólo la inspiración sino que los elementos necesarios para crear sus pinturas.

La nieve cae mientras conducimos hasta el nuevo taller de Josefa Hojas, una psicóloga con alma de artista que nos invitó a conocer sus obras en medio de la majestuosidad del valle de Sangrilá, en las Trancas, en la mágica cordillera de Ñuble.

Avanzar entre el camino azotado por las intensas nevadas es complejo, sin embargo, la postal lo vale, en medio del eterno blanco se levanta un pequeño taller donde ayudada por los elementos de la bella y abundante naturaleza que la rodean Josefa crea sus composiciones artísticas.

Quizás en un primer momento sorprende saber que gran parte de los hermosos y vivos colores que forman parte de sus creaciones son pigmentos que obtiene de plantas, tierras y piedras del sector, que cobran nueva vida en las telas. Pero luego entendemos que fue precisamente aquello lo que en medio de la pandemia la llevó a abrazar su pasión por el arte como nunca antes.

Marcada por el abstractismo Josefa inició un camino que la ha llevado a importantes escenarios. La naturaleza predomina en sus composiciones y es más hoy por hoy buena parte de sus obras tienen como protagonista a la flora que la acompaña a diario en su nuevo hogar.

“Me inclino un poco más por abstracto, por los colores del medio ambiente, uso pigmentos naturales para pintar, que son de acá mismo, de plantas, de arcillas, de piedras, de tierra del valle. Generalmente es súper abstracto, súper intuitivo, como tampoco tengo una formación tan formal, es mucho más instintivo y a la vez eso permite más libertad. Últimamente me he puesto mucho más floral, igual dentro de lo abstracto pero explorando más las líneas más de la naturaleza, las plantas. Creo que la inspiración viene inconscientemente del entorno, el estar rodeada de naturaleza por todas partes inevitablemente me lleva hacia allá”, desarrolla la artista sobre su estilo.

Cabe señalar que los pigmentos que utiliza son extraídos de piedras, tierra, arcilla y plantas del Valle Las Trancas y que a cada material natural se le hace un tratamiento diferente para sacar un pigmento, muy fino, que se trabaja mucho y luego se mezcla con aglutinantes y se usan para poder pintar.

ARTETERAPIA

Fue en en plena pandemia que Josefa se traslado hasta la cordillera de la Región de Ñuble, motivos profesionales y personas la llevaron a la montaña y se reencontró con su pasión por la pintura.

“Siempre me gustó el arte, de chica pintaba pero mucho más como para mí. Cuando estudié psicología también tomé electivos de arte, pero era sólo un hobby. Después de terminar psicología estudié arteterapia y en la consulta igual utilizaba esas técnicas, pero siempre desde el contexto clínico. Durante la pandemia estaba trabajando en una empresa grande como psicóloga y la empresa cerró por la pandemia y me cuestioné qué hacer, entonces y como tenía materiales y cosas de las sesiones de arte terapia me puse a pintar y empecé por primera vez a compartir un poco lo que estaba pintando, antes era siempre como para mí o la familia, como que me daba vergüenza, no sé, pero empecé a compartirlo y fue súper orgánico, empecé a vender algunos cuadros y ahí como que me lancé a pintar“, recuerda con alegría.

Para Josefa la arteterapia significa el uso del arte con fines terapéuticos y creativos. Explica que de acuerdo a su interpretación tiene dos variantes principales, usar la creatividad como medio de autocuidado y trabajar problemáticas psicológicas más específicas a través de lo plástico.

“En básico, el principio es que la persona puede distanciarse mucho más de los síntomas porque lo externaliza a través del arte y se forma un diálogo entre el terapeuta, el paciente y la obra y eso permite tercerizar el asunto y eso trae múltiples beneficios”, explica Josefa desde su sitial de psicóloga clínica.

Quizás su acercamiento al arte también partió desde ahí, como mecanismo para enfrentar los problemas que acarreó la pandemia y a través de su creatividad logró encontrar un lugar de paz en medio de los bosques, las montañas y la densa nieve.

“Fue una situación un poco forzada al principio por un tema particular y tuve que entregar la casa donde vivía en Concepción. Estaba imposible encontrar algo para arrendar allá, porque fue al principio de la pandemia y entonces como mi familia tiene casas acá, le arrendé una casa a mi abuelo y me vine, era lo más a mano, me vine por unos meses mientras veía qué hacía y aquí quedé, me encantó, había vivía un tiempo aquí antes y estaba esa conexión con la montaña y lo disfruto mucho y me permite encontrarme con mi arte”, cierra Josefa, un artista inspirada por la naturaleza.

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