Marcial del Río fue una popular figura televisiva en los noventa… mientras estudiaba arquitectura, su verdadera pasión, una que lo ha llevado a cruzar fronteras y explorar nuevos límites, recorría el mundo modelando.

Bajo el concepto de felicidad espacial este profesional del interiorismo busca reflejar emociones y recuerdos en cada uno de sus proyectos, pasando por sobre tendencias o estándares, por eso se denomina a sí mismo como el antidecorador.

El hombre que supo también pasar por importantes espacios televisivos como Extreme Make Over Latin America o el canal Utilísima, conversó con nosotros sobre su trayectoria y sobre el concepto que hoy defiende y vive: La Felicidad Espacial.

Los detalles en esta divertida entrevista en Rúa Salón.

¿Cómo te acercaste al mundo de la arquitectura? ¿fue algo de pequeño? ¿cuéntanos sobre ese proceso?

La verdad es que fue la única carrera que tuve en mente siempre, cuando tuve que decidirme no tuve dudas, además mi papá estaba feliz. No tuve nunca grandes conflictos de vocación ni problemas para definir, sabía para donde iba la cosa, siempre algo relacionado al diseño, al arte y derechamente arquitectura. Curiosamente no tengo ningún pariente arquitecto, pero la arquitectura es una forma de vida, siento, mi papá que trabajaba en negocios que no tenían nada que ver con la arquitectura si tenía una manera de vivir los espacios de manera distinta que me fue inspirando, me fue dejando algo y finalmente yo soy el arquitecto de la familia.

Entraste a estudiar más o menos al mismo tiempo en la que desarrollabas tu carrera de modelo en los medios, con gran popularidad gracias a la televisión ¿cómo viviste eso? ¿habían prejuicios? ¿discriminación?

Yo siempre trabajé desde muy chico en cualquier cosa, y mientras me preparaba para la prueba, en ese tiempo era la PAA, me decidí a probar suerte en el modelaje, pensé que me podía ir bien y fui a una agencia, me dieron el nombre de un fotógrafo, las fotos salieron el descueve e inmediatamente me puse a trabajar, un poquito antes de entrar a estudiar de hecho. Yo durante mi carrera, primero y segundo, donde aprendí muchas cosas y estaba con los ojos bien abierto, era como una esponja, llegó el momento en que pude congelar la universidad, gracias a que como modelo tenía la oportunidad de trabajar en cualquier parte del mundo, viajar y en esa época hubo un scouting en Chile y el único modelo hombre que seleccionaron para hacer la pega fue a mí. Aproveché esa oportunidad, congelé la universidad, en esta búsqueda, algo inconsciente en ese momento, de la felicidad, la búsqueda de hacer una arquitectura más social, más chiquita, a escala humana básicamente, más centrada en las personas y no tanto en los elementos y técnicas que te enseñan en la escuela. Recorrí el mundo todo lo que pude y miré, miré, miré. Volví, retomé la universidad, pero el trabajo de modelo era súper estable, era reconocido y podía irme a trabajar fuera de Chile cuando quisiera, terminaban los ramos en noviembre y me iba a trabajar todo el verano y desaparecía hasta marzo y yo tenía algunos beneficios en la universidad, algunos permisos por el tema del trabajo, lo que por supuesto no les caía muy bien a algunos compañeros y a profesores que hacían clases ahí. Hubo un rollo ahí, me cuestionaban, otros me decía que me fuera a hacer películas a otros países, que nunca iba a ser arquitectura, no sé, puras pesadeces, pero finalmente luchando con esa adversidad, fui uno de los mejores titulados de mi generación y así empieza el camino hacia la felicidad espacial.

¿Pero qué pasó con la carrera de modelaje?

Hasta que me titulé fui modelo y después empecé a trabajar en televisión haciendo cosas relacionadas con el diseño y arquitectura, empecé a hacer transformaciones y otro tipos de contenido, después de varios años llegó el extreme Make Over Latin America, estuve en Canal Utilísima en Argentina, hartas cosas y finalmente después de todo este caminar y esta búsqueda, se formalizó en 2014 con el nombre felicidad espacial, después de haber hecho muchos ejercicios sociológicos, haber revisados cientos de trabajos científicos relacionados con la felicidad y finalmente lo que hice fue hacer un match entre estos estudios y el diseño y le puse el nombre de felicidad espacial.

Cuéntanos un poco de este concepto

Se trata de cómo podemos lograr ser personas potencialmente más felices en el lugar en el que habitamos con el diseño como herramienta fundamental. Tiene mucho que ver con la historia de cada familia, la felicidad espacial se basa en conceptos científicos infalibles, de que funciona, funciona, de hecho hay estudios que hablan que del 50 % de la felicidad que uno puede trabajar durante la vida, porque el otro 50% viene de forma genética, en el ADN, el 10% lo entrega el lugar donde uno habita… es un montón, es un regalo, es para todos. La única condición o requisito para hacer un proyecto de felicidad espacial es tener un techo, nada más, no importan los metros cuadrados ni los recursos que uno tenga, nada, todo lo demás estás de más. Muchas veces se pueden generar grandes proyectos sin siquiera gastar plata, aplicando economía circular, recuperando cosas, etc. Esto tiene mucho que ver con las experiencias y emociones de los habitantes del espacio, entonces si nosotros trabajamos sobre lo que emocionalmente hace bien a estas personas, vamos hacer que se vayan convirtiendo en personas potencialmente más felices.

¿Qué rol juegan las tendencias, la moda, los estilos de diseño en este campo?

Absolutamente ninguno, nada que ver con las tendencias, ni con la moda, ni con el pantón de colores que se definió como el que hay que usar este u otro año, qué se yo, nada de eso, cero. Esta basando en el cómo funcionan los colores, la iluminación, en la distribución de mobiliario y muchas de las cosas que tenemos guardadas en cajoncitos porque nos emocionan, nos evocan recuerdos y no sabemos dónde ponerlas, porque son básicamente cachivaches muchas veces y todo eso junto puede hacer un muy buen proyecto. Ahora, sí tiene que ver con la estética, funcionalidad y el diseño y todo lo relacionado con el interiorismo, pero, por ejemplo, si hay alguien que le gusta el rosado con verde, hay que trabajar esos tonos porque esa combinación significa algo para esa persona y no tratar de meter el color que está de moda.

¿Entonces básicamente tú no te defines con ningún estilo?

Ninguno, cero, de hecho, yo soy re poco metido con las redes sociales, me encuentro un poco viejo para eso, es una tontera, pero me meto poco, subo pocas cosas, pero si ven mis proyectos son todos absolutamente distintos porque está hechos en función de quien vive en esa casa y a diferencia de otros diseñadores, decoradores o arquitectos incluso que tú ves sus proyectos y son todos iguales. O sea, yo siempre digo que al único que se hace feliz cuando se contrata a un decorador, es al propio decorador, porque hacen lo que se les da la gana, les pagas lo que ellos quieren y el dueño de casa termina viviendo en un lugar que no le pertenece. Hay de todo, hay buenos y malos, pero en general, funciona bastante de esa manera, la gente busca un decorador porque le gustó la casa de la vecina o lo que vio en Pinterest y la verdad es que uno antes de enfrentar un proyecto hace un análisis profundo de quién vive en el espacio, cómo se viven los espacios, cuántas personas son, etc. porque muchas veces lo que te están mostrando es una fantasía y no tiene nada que ver con lo que les gusta, ni quieren, ni tienen. En el fondo la felicidad espacial lo que hace es empujar hacia que todo lo que tengamos en nuestra casa nos emocione positivamente.

¿Por eso mismo te defines como antidecorador?

Sí, soy el antidecorador, por lo mismo, porque yo la decoración se la dejo a los dueños de casa, yo los ayudo, por ejemplo, si los niños tienen unas chapitas en el velador y cada vez que abren para sacar los lápices se emocionan al verlas, no tienen que estar ahí, tienen que buscar un lugar donde las puedan ver y es ahí donde yo entro y les digo, no sé, hagamos un cuadrito con esto, pongámoslo en un lugar especial, donde todo el mundo lo pueda ver. Es darle lugar a cosas que te emocionan que para otros pueden ser cachureos, pero tienen valor, yo soy bueno para recoger cachureos, incluso en la casa de mis clientes, los impulso a no botar muchas cosas, porque a veces podemos hacer o crear elementos que los pueden emocionar y terminan siendo cosas impresionantes, obras de arte y que no sólo generan emociones en la gente que vive ahí sino que también en la gente que entra y pregunta qué es eso, cómo terminó ahí y así se genera una historia, la felicidad es contagiosa, la felicidad es un regalo y es para todos y si yo además puedo trasmitirla en el espacio en el que vivo a los demás, voy a hacer que la relación con los vecinos y mi círculo más cercano sea más pura, más pacífica, más feliz.

¿Y cómo puedes llevar este concepto a la arquitectura de un proyecto?

Existe un modelo de arquitectura que se llama neuro arquitectura, no es lo que yo hago, pero esa rama se encarga de hacer un análisis súper exhaustivo de cómo quieren vivir, qué quieren hacer, qué espacios quieren diseñar, etc. y tiene que ver con la felicidad o con el bien estar. A diferencia de eso, yo tomo espacios que ya existen, tomo lo que ya hay en esa arquitectura para generar mejores condiciones para la gente que habita ese espacio. No es fácil trabajar la neuroarquitecura o la arquitectura de la felicidad, porque siempre hay un punto de vista que tiene que ver con el programa arquitectónico, que son necesidad básicas y súper claras que requiere una familia en su espacio. Entonces, tenemos que preocuparnos de que ese programa, de… no sé, 3 dormitorios, 2 baños y una sala de estar, por decir algo, vayan en concordancia con el entorno. Por ejemplo, si alguien compró un terreno al lado del club de polo, donde hay caballos, te lo compraste porte gustan los caballos y su olor característico. Un arquitecto que no tome en cuenta ciertos aspectos de la compra y por qué quisiste ese terreno ahí, lo más probable es que ponga la cocina y los baños para ese lado, cuando lo importante para el señor que compro el terreno es poder ver esos espacios, sentir esos aromas, poder estar inmerso en el mundo de los caballos y por eso el programa debe ir variando en relación a los gustos, necesidades y emociones de cada propietario.

Finalmente ¿cómo es tu relación con quienes te siguen y buscan consejo para generar esta felicidad espacial en sus hogares?

Bueno además de las charlas, cursos y talleres que realizo en relación a este tema de forma bien constante en distintos lugares y que se van informando con tiempo en las plataformas y medios disponibles, para que la gente se pueda inscribir y empezar a interiorizarse en el concepto de la Felicidad Espacial, lo cierto es que siempre contesto las preguntas que me hacen a través del Instagram @marcialdelriofe, a veces demoro y bastante, porque pueden ser muchas las consultas, pero siempre respondo y es súper importante sentir que estás generando un pequeño cambio en la calidad de vida de esa persona, entregándole un camino hacia la felicidad.

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