Formada en 2001 por Juan Ignacio Claro Edwards y Andrés Westendarp Zañartu, CWA se ha trasformado en una de las más importantes oficinas de arquitectura del país, destacando con proyectos corporativos, de vivienda, y también en el campo de la planificación urbana y el rescate patrimonial.

Eficiencia, productividad y atención personalizada al cliente son hoy por hoy sinónimos de este estudio, que destaca también por el dinamismo de sus diseños y la amplia variedad de proyectos que enfrentan y materializan. Desde restauración de antiguas casas patronales del tiempo de la colonia hasta modernas oficinas de empresas transnacionales, Claro y Westendarp dejan su sello de calidad e innovación, en una historia que comenzó hace más de un cuarto de siglo.

“Somos una oficina que funciona hace más de 20 años, con Andrés fuimos compañeros de Universidad, cuando salimos estuvimos trabajando un tiempo cada uno por su lado en distintas cosas y esta es una oficina que partió bastante de a poco, porque empezamos haciendo algunos proyectos, después otros, se fue dando todo de manera bastante natural, y junto con ese progreso en términos de cantidad de encargos y trabajo, se fue dando también, por distintas razones, cierto tipo de trabajo que en el fondo no fue buscado, sino que pasó de manera súper orgánica y dentro de ese tipo de trabajo están las áreas que fundamentalmente desarrollamos
hoy en día en Claro y Westendarp asociados”, comenta Juan.

Esas áreas son fundamentalmente Arquitectura Interior, Arquitectura Residencial, Arquitectura Patrimonial y Arquitectura Industrial. Aunque el enfoque es aún más amplio.


“En un momento nosotros nos comenzamos a especializar bastante en el desarrollo de proyectos de oficina, de habilitación de espacios de trabajo, que es fundamentalmente arquitectura interior y nos hicimos conocidos por esos diseños. Pero al mismo tiempo surgieron viviendas, especialmente en segundas viviendas, y también surgió el área de arquitectura para el área industrial, donde trabajamos mucho con viñas y en paralelo a eso se dio también el diseño, habilitación y restauración de espacios más bien hoteleros, como casas de huéspedes, entonces podemos decir que el crecimiento ha sido bastante orgánico y siempre orientado a las necesidades de cada cliente y abordando los espacios, la proporción, la luz y los materiales, cada uno en su dimensión y no en el desarrollo de un conjunto de gestos estilísticos, con profunda preocupación también por el contexto y entorno de las obras”, explican los socios.

Si bien al momento de recibir encargos sólo uno de los socios se hace cargo directamente de él, dependiendo de cada proyecto, con el paso del tiempo han logrado generar una cierta línea de trabajo común que se deja notar.

“Personas externas que ven nuestros trabajos ven sistemáticamente una línea común, que de alguna manera demuestra que luego de una cierta cantidad de años trabajando juntos se ha generado esa sensación y uniformidad que buscamos. Con Juan coincidimos en bastantes cosas en términos de valores arquitectónicos y el hecho de trabajar juntos hace que tu socio se transforme de alguna manera en tu mayor influencia, entonces eso se empieza a notar sobre todo cuando tienes obras más extensas. A pesar de la diversidad de proyectos siempre encontramos elementos comunes en nuestra forma de trabajar y eso genera cierta uniformidad “, afirma Westendarp .

En este sentido su sello tiene relación precisamente con el enfoque orientando a personalizar los requerimientos de cada proyecto.

“Creo que hemos desarrollado una manera de aproximarse a los clientes que nos ha permitido resolver de buena manera los requerimientos de cada uno, siendo que, por ejemplo, se puede decir que la industria de la oficina es más o menos lineal, parecida. Sin embargo, existen requerimientos y peticiones bastante diversas dependiendo de cada empresa y, en ese sentido, nuestro desarrollo se relaciona con el saber cómo enfrentar esas diferencias y tratar de entender lo que los mandantes realmente quieren. Eso además nos ha obligado a estar muy presentes y a auto exigirnos mucho, porque después de un tiempo uno se empieza a copiar a sí mismo, y
eso se puede transformar en un gran problema. Estar atento a lo que los clientes piden obliga a resolver de formas independientes cada proyecto según esas necesidades”, relata Juan.

En la misma línea, la variedad de sus trabajos se vincula no sólo con las condiciones climáticas o del paisaje, que obligan a adaptarse desde la lógica arquitectónica, sino que también a los sueños y necesidades de sus clientes, aunque siempre buscan dejar una huella.

“En nuestros proyectos hay muchas cosas comunes que a lo mejor no son tan estéticas, pero que sí marcan una base. Hemos tenido la suerte de trabajar a lo largo de todo chile, incluso hemos hecho algunos trabajos en el extranjero y eso nos da la posibilidad de conocer y experimentar con distintos materiales, el conocimiento para adaptarse a distintos climas, distintos tipos de proyectos. Se trata de un permanente aprendizaje, un proceso continuo de búsqueda y también de entregar un sello. Uno de nuestros objetivos es que cada proyecto aporte algo desde el punto de vista del diseño. Eso es lo interesante de enfrentar proyectos diversos, porque permite que
uno no se quede pegado repitiendo una receta, lo que puede transformarse en un gran problema”, dice Andrés.

“Nuestro sello desde un punto de vista práctico y arquitectónico es adaptarnos a cada proyecto en su lugar y a cada cliente. Tiene que ver con la capacidad de generar proyectos diferentes en contexto diversos. Generar las particularidades que los clientes buscan, eso es lo que buscamos nosotros”, agrega y concluye enfático Claro.

Puedes revisar ese sello en los proyectos que repasamos en la revista digital de Rúa Salón.

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