Especializados en retail, Izquierdo y Pizarro conciben cada tienda como una herramienta de venta y posicionamiento. Desde la ubicación de la caja hasta la atmósfera general, cada decisión responde a una lectura profunda de la marca y su público. Izquierdo y Pizarro borran la frontera entre arquitectura y construcción, diseñando tiendas y también viviendas donde cada decisión estética responde a una lógica técnica. Su enfoque colaborativo ha transformado espacios comerciales en verdaderas herramientas de posicionamiento y casas en verdaderos hogares.
La escena es simple: una alfombra con calles dibujadas, autos diminutos avanzando por avenidas impresas en tela y un niño que mueve camiones como si estuviera urbanizando una ciudad entera. A pocos metros, una casa real se levanta desde la tierra. Hay polvo, fierros, ruido. El living todavía no es living, apenas una promesa estructural.
“Estaba ahí, en medio de la obra, con mi camioncito”, recuerda Hernán Pizarro. “No entendía nada de lo que estaba pasando, pero quería saber cómo se hacía. Cómo algo pasaba de no existir a existir”.
Esa curiosidad —la de mirar un espacio antes de ser espacio— es la misma que hoy sostiene, junto a Antonio Izquierdo, la oficina Izquierdo y Pizarro.
Antonio no habla de alfombras sino de recorridos. De caminar junto a su padre por propiedades en venta. Casas que no eran propias, pero que observaba con detenimiento. “Me quedaba mirando cómo estaba resuelta una cocina, por qué un living se sentía más acogedor que otro. Son preguntas chicas, pero uno empieza a formar una mirada sin darse cuenta”.
Ambos estudiaron arquitectura en la Universidad del Desarrollo. Ahí se conocieron. Ahí comenzaron a trabajar juntos en encargos académicos que, sin saberlo, ensayaban la dinámica que años después consolidarían: uno más volcado al concepto, el otro con un pie firme en la ejecución.

El momento en que todo se define
La pandemia no fue solo un contexto; fue un punto de inflexión. Hernán trabajaba en una oficina que terminó cerrando. El escenario era incierto, el mercado estaba paralizado y la seguridad de un sueldo fijo se evaporó de un día para otro.
“Fue literal. Se acabó la oficina y dije: ‘ya, ahora o nunca’. No había mucho espacio para la duda. O salía a buscar pega o armaba algo propio. Y decidí armarlo”.
No hubo grandes discursos. Hubo llamados, reuniones, maestros contactados uno a uno. Hubo presupuestos hechos de noche.
“Partimos con cosas chicas: un quincho, una ampliación, un baño. Pero cada proyecto lo tomábamos como si fuera el más importante. Y empezamos a crecer”.
Antonio, que ya había experimentado la independencia antes, reconoce esa mezcla de vértigo y aprendizaje.
“Cuando partes independiente, todo depende de ti. Si te equivocas, te equivocas tú. Pero también aprendes a resolver, a reaccionar. Eso te forma mucho más rápido que cualquier oficina”.
La conversación entre ambos fue natural. Ya se conocían. Ya confiaban.
“Fue como: en vez de subcontratarnos, trabajemos juntos. Hagamos esto bien, pero como equipo”.
Así nació formalmente Izquierdo y Pizarro.

Diseñar sabiendo que después habrá polvo
En su oficina no existe esa separación tajante entre quien dibuja y quien ejecuta. Antonio lidera el proceso creativo; Hernán encabeza la construcción y el presupuesto. Pero cada decisión pasa por ambos.
“Es la típica pelea histórica”, dice Hernán riendo. “¿Por qué a los constructores no les gustan los muros curvos y a los arquitectos sí? Ahora que estoy construyendo lo que diseñamos, me doy cuenta de todo lo que implica. Los materiales tienen medidas, los tiempos son reales, las lucas son reales”.
Antonio asiente: “Hay cosas que uno imagina súper lindas, pero si no conversas antes cómo se van a instalar, cómo se van a sostener, no sirven. Entonces el diseño siempre va acompañado de esa pregunta: ¿cómo lo materializamos?”.
En su dinámica diaria hay planos, renders y, al mismo tiempo, cubicaciones, listas de materiales, llamadas a proveedores. La obra no es una etapa posterior: es parte del pensamiento inicial.
Se trata de diseñar sabiendo que después habrá polvo, ruido y manos trabajando. Diseñar con los pies puestos no sólo en la tierra, sino que en el terreno.

Retail: la tienda como experiencia y estrategia
Cuando hablan de retail, el tono cambia. Se vuelve más táctico, más analítico.
La primera tienda que diseñó Antonio llegó de manera casi azarosa.
“Fue en una disco, carreteando. Alguien me dijo que necesitaba habilitar una panadería. Y ahí partí. No sabía nada. Salí en pañales de la universidad. Pero fue una tremenda escuela”.
Con el tiempo, el foco se consolidó. Proyectos para marcas como Mi Placard y Sedúcete marcaron un antes y un después.
En Mi Placard, dedicada a vestidos y eventos, la experiencia debía sentirse especial desde el primer paso.
“No podíamos hacer una tienda fría. Aunque el vestido no sea de lujo extremo, el momento que representa sí lo es. Entonces trabajamos mucho el cielo, la quinta fachada, con estructuras florales y luminarias que evocaran una celebración”.
Uno entra a la tienda y el espacio no es solo un contenedor de producto: es una atmósfera. La luz cae sobre las telas. La caja está estratégicamente ubicada. “En el mall, por ejemplo, la caja mira hacia los probadores y hacia el producto. La vendedora tiene control visual, pero la clienta mantiene privacidad. Eso no es casualidad. Es estrategia”.
Con Sedúcete el desafío fue distinto. “Era una marca grande, pero la percepción no estaba alineada con su potencial. Hicimos un upgrade completo. Cambiamos la estética de negro a blanco, abrimos el espacio, lo hicimos más luminoso. Y ahí los clientes nos dijeron: ‘nuestras ventas han subido un 30% desde que cambiamos las tiendas’. Para nosotros fue fuerte escuchar eso”.
No hablan de decoración, hablan de posicionamiento. “Si no te interiorizas con la marca, si no entiendes su producto y su público, no puedes diseñar algo bueno. Nosotros vamos a las reuniones, hablamos con el mall, con la administración. Nos comportamos como equipo”.
La tienda deja de ser un local comercial y se convierte en una herramienta de venta.






Residencial: cuando el cliente es el centro
En el ámbito habitacional, la escala cambia. Ya no se trata de flujo de clientas, sino de rutinas domésticas.
“La arquitectura no es repetitiva”, dice Antonio. “Puede que nos gusten las líneas limpias, el orden, pero el estilo cambia según el usuario y el lugar”.
Las reuniones iniciales son casi confesionales. “Les preguntamos todo. Cómo viven, qué colores les gustan, cuánto quieren gastar. Porque los clientes quieren todo, por nada, y eso es súper humano. Entonces nuestro trabajo también es aterrizar”.
Hernán agrega: “Nos fijamos en cómo interactúan con el espacio. Si son más desordenados, si usan mucho la cocina, si necesitan más guardado. La arquitectura se tiene que adaptar a la persona, no al revés”.
En una remodelación, por ejemplo, no solo cambian revestimientos. Replantean circulaciones, iluminación, almacenaje. Piensan en materiales que resistan el tiempo. “Si remodelas tu cocina, no quieres cambiarla en un año más. Buscamos que dure, que envejezca bien”.
No diseñan para la foto perfecta, sino para la vida cotidiana: el desayuno apurado, la mochila tirada, la visita inesperada.
El equipo invisible
Detrás de cada proyecto hay un engranaje silencioso. Ingenieros, eléctricos, especialistas en clima, maestros.
“Tenemos un muy buen equipo”, dice Hernán. “Y eso es clave. Porque cuando prometes algo en diseño, tienes que cumplirlo en obra”.
La oficina ha crecido. Se cambiaron a un espacio más amplio. Quieren seguir contratando. Consolidar dos áreas fuertes: arquitectura y construcción.
“Queremos generar empleo, crecer con nuestros clientes”, afirma Antonio.
“Si a ellos les va bien, a nosotros también. Ya no somos solo los arquitectos; somos parte del equipo”.




Seguir construyendo
Cuando se les pregunta por el futuro, no hablan de íconos ni de concursos internacionales. Hablan de crecimiento sostenido. De nuevas marcas. De nuevos usuarios. De nuevos desafíos.
Desde aquella alfombra con calles dibujadas hasta las tiendas iluminadas en malls, hay un hilo conductor: la fascinación por ver cómo algo pasa de no existir a existir.
“Al final”, dice Antonio, “uno parte jugando y termina haciendo lo mismo, pero en grande”.
Y en esa frase —entre la memoria infantil y la obra terminada— se resume la esencia de Izquierdo y Pizarro: imaginar, diseñar y construir sin separar nunca una cosa de la otra, como lo demuestran los proyectos que destacamos a continuación en Rúa Salón.

Baño Camino Otoñal
4,5 m2 | 2024 | Las Condes
Fotografías: Izquierdo y Pizarro
En 4,5 metros cuadrados, la limpieza visual lo es todo.
El encargo fue abordar el baño de manera integral, bajo una mirada unificada que evitara la fragmentación. El protagonista indiscutido es el tocador: un volumen limpio, equilibrado, donde cada línea fue pensada con precisión.
Los porcelanatos de gran formato reducen juntas y amplían visualmente el espacio. La continuidad material genera una sensación de calma inmediata. “Buscábamos orden, claridad, elegancia”, explican.
El desafío fue simplificar. El estado original presentaba sobrecarga visual; la propuesta apostó por depurar. El resultado es un baño atemporal, donde la sofisticación se construye desde la coherencia.



El Zodíaco
135 m2 | 2024 | Vitacura
Fotografías: Izquierdo y Pizarro
La remodelación total de esta casa en Vitacura implicó no solo rediseñar, sino ampliar. El lenguaje adoptado fue contemporáneo, de líneas limpias y tonos mate que no compiten entre sí.
La cocina es el corazón del proyecto. Allí, una vitrina iluminada se convierte en el punto focal, atrayendo la mirada y aportando profundidad. Es el único elemento que rompe deliberadamente la sobriedad del conjunto.
“El desafío fue la selección de materialidades”, explican. Cada superficie debía dialogar con la otra sin estridencias. La ampliación del segundo piso completó la transformación, logrando una vivienda renovada y pensada para el largo plazo.


Terraza Cecilia
31,5 m2 | 2022 | Las Condes
Fotografías: Izquierdo y Pizarro
Diseñar un quincho es diseñar encuentros. En Terraza Cecilia, el muro de parrilla se convierte en el eje visual que organiza todo el espacio.
Los porcelanatos de gran formato aportan continuidad y fácil mantención, mientras el muro gris introduce un carácter contemporáneo y sobrio. El mobiliario del quincho y la campana completan la composición.
El desafío fue definir con claridad cada zona: cocinar, compartir, circular. Todo debía convivir en armonía.
La incorporación de parrilla a carbón y a gas asegura versatilidad. El espacio fue pensado para evitar futuras intervenciones. Para durar. Para ser habitado intensamente.

Cocina VM
18 m2 | 2022 | Las Condes
Fotografías: Izquierdo y Pizarro
Esta cocina no fue pensada para la foto, sino para la vida diaria. El encargo era contundente: crear un espacio definitivo, que no necesitara futuras remodelaciones.
Cada altura, cada módulo y cada circulación fue diseñada en función de la clienta. “Todo se decidió según su uso cotidiano”, señalan.
Los materiales —porcelanato, melamina y cuarzo— no buscan protagonismo estético, sino resistencia y fácil mantención. La belleza aquí está en la funcionalidad impecable.
El desafío fue que cada espacio tuviera un propósito claro. Optimizar sin saturar. Ordenar sin rigidez. El resultado es una cocina personalizada al milímetro.

Cerro Colorado
60 m2 | 2024 | Las Condes
Fotografías: Izquierdo y Pizarro
En esta remodelación integral, la cocina se convierte en el corazón del departamento. El encargo era claro: respetar los tonos definidos con la clienta, mantener control presupuestario y lograr un equilibrio entre funcionalidad y estética.
El mesón de madera de lenga es el gesto central. Cálido, honesto, natural. Frente a la rigidez de la melamina y el porcelanato, la madera introduce textura y humanidad.
“El desafío fue integrar un elemento característico en cada espacio”, explican. En la cocina, la madera.
En el baño principal, un muro protagonista que aporta carácter contemporáneo.
Más que una renovación superficial, fue una transformación del carácter completo del departamento.


MI PLACARD Vespucio
102 m2| 2025 | Mall Plaza Vespucio
Fotografías: Izquierdo y Pizarro
Entrar a Mi Placard Vespucio no es simplemente ingresar a una tienda; es cruzar un umbral pensado para provocar una emoción inmediata. Aquí el cielo deja de ser un plano olvidado y se transforma en protagonista.
“El enfoque estuvo en darle relevancia al cielo, entenderlo como un elemento clave en la experiencia espacial”, explican los arquitectos. Y esa decisión lo cambia todo. Al levantar la mirada, la clienta se encuentra con una rejilla decorativa cubierta de flores secas y lámparas redondas de mimbre que filtran la luz con calidez. La sensación no es casual: evoca celebración, matrimonio, ritual.
Los alzadores de maniquíes refuerzan esa idea escenográfica. No son simples plataformas; son pequeños escenarios donde el vestido adquiere presencia casi ceremonial. La tienda no compite con el producto: lo enmarca.
En términos materiales, el equilibrio fue esencial. En zonas de alto tránsito se seleccionaron superficies resistentes y fáciles de mantener. Pero en los puntos focales, la apuesta fue distinta. “En los elementos protagonistas optamos por materialidades más nobles para jerarquizar el espacio”, señalan.
El mayor desafío fue precisamente ese: lograr que cada material dialogara con la experiencia de la usuaria. Que la funcionalidad comercial no apagara la emoción. El resultado es un espacio que transmite la atmósfera de un matrimonio, pero adaptado a la dinámica real del retail.


MI PLACARD Pausa
45 m2 | 2024 | Stripcenter Pausa Pasteur
Fotografías: Denise Heirman
Pausa fue uno de los primeros ensayos de lenguaje para la marca. Un espacio contenido, pero con identidad clara desde el acceso.
Aquí el recorrido es lineal y directo. Los probadores se ubican estratégicamente al fondo, generando un tránsito natural a través del producto. La caja, cuidadosamente posicionada, permite control visual sin invadir la experiencia íntima de quien se prueba un vestido.
El diseño mantiene la atmósfera cálida que caracteriza a la marca, pero en una escala más doméstica. Fue un laboratorio donde se probaron decisiones espaciales que luego evolucionarían en tiendas mayores.
Más que un simple local, Pausa fue el punto de partida para consolidar una narrativa espacial coherente.



MI PLACARD Showroom
219 m2 | 2025 | Los Dominicos, Las Condes
Fotografías: Denise Heirman
El showroom en Los Dominicos marca un cambio de escala. Aquí no solo se vende; también se gestiona, se coordina y se proyecta la marca hacia adentro.
El acceso es el gran gesto arquitectónico. Una entrada iluminada, clara, intencional. “Buscamos que el ingreso captara la atención desde el primer momento y reforzara la identidad”, explican.
Pero el verdadero desafío estaba en integrar dos mundos: el área comercial y la zona operativa. Cada metro cuadrado debía optimizarse sin perder coherencia global. En el espacio público se privilegiaron materiales resistentes y de fácil mantención; en oficinas y áreas internas, mobiliario eficiente y soluciones funcionales que mejoraran la dinámica laboral.
“Queríamos que fuera un espacio cómodo también para quienes trabajan ahí”, destacan. Porque el buen diseño no solo impacta al cliente final, sino también al equipo que sostiene la marca día a día.
















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