Una casa piloto de gran escala donde el proyecto, desarrollado por la interiorista Rosita Echeverría, transforma el vacío en experiencia habitable. Un proyecto contemporáneo que entiende la calidez como herramienta emocional y estratégica, y el diseño como un relato capaz de activar el deseo de vivir —y permanecer— en el espacio.
El proyecto de interiorismo del Condominio Castaños de Otoñal, desarrollado íntegramente por la diseñadora Rosita Echeverría para Inmobiliaria Collins, parte desde una premisa tan clara como compleja: diseñar una casa sin habitantes reales, pero cargada de vida posible. Se trata de una vivienda piloto de casi 400 m2 pensada para ser recorrida por muchas miradas distintas y, al mismo tiempo, capaz de activar un deseo inmediato de habitar.
“Es muy distinto trabajar en un proyecto para una familia que desarrollar un piloto que lo verá mucha gente, con gustos muy distintos, y donde de eso depende la venta de las casas”, explica Rosita.
La propuesta debía representar a una familia con niños de diferentes edades y resolverse desde un lenguaje contemporáneo, cercano y transversal, sin caer en lo neutro ni en lo impersonal.

La escala de la casa imponía un desafío adicional. “Los espacios eran muy amplios, habitaciones grandes, lo que hacía difícil ‘llenar’. Mi mayor miedo era que se vieran fríos”, confiesa. Frente a esto, el proyecto opta por una estrategia sensible: fragmentar sin dividir, ordenar sin rigidizar, y dotar cada ambiente de una identidad clara, pero conectada. La libertad creativa del encargo permitió trabajar el espacio con intención, construyendo atmósferas acogedoras desde el detalle.

En el living, la calidez se logra a través de una cuidada composición material. Cuero, maderas nativas, sedas rústicas y una paleta de tonos cálidos se combinan para amplificar la luz natural y devolverla suavizada, generando un ambiente luminoso y contenido.
“La idea era que, a pesar de la escala, el espacio se sintiera habitable, cercano, vivido”, señala la diseñadora de este proyecto que contó también con la colaboración de la iluminadora Victoria Campino.
El arte aparece como un gesto curatorial clave dentro del relato interior. Para los muros, Rosita convocó a la artista Josefa Balbontin, cuyo trabajo —profundamente contemporáneo— dialoga con la arquitectura y el mobiliario.
“Me encanta su arte. Ella desarrolló los cuadros especialmente para este proyecto”, cuenta.
El conjunto incluye una obra en tela de gran formato y dos pinturas en papel, pensadas específicamente para esos muros y esa luz.

En el hall de acceso, a los pies de la escalera, una escultura de Javier Stitchkin introduce una pausa escultórica que marca el inicio del recorrido interior. La caja de escala, en tanto, se transforma en un punto focal del proyecto.
“Queríamos darle un toque teatral, porque la inmobiliaria quería destacar los muros de hormigón visto, que tenían una terminación muy linda, y además aprovechar la luz indirecta”, explica Rosita.
La decisión de incorporar una obra vertical de Lucas Estévez refuerza el carácter del espacio y subraya su dimensión expresiva.



Este proyecto tiene para Rosita un valor especial.
“Fue muy importante para mí, porque no había desarrollado un piloto antes. Por eso le tengo un cariño particular”, confiesa.
Esa primera experiencia se transformó en el inicio de una relación sostenida con la inmobiliaria, que continuó confiando en su mirada para proyectos posteriores. El resultado más elocuente: en el último desarrollo, la casa piloto se vendió a puerta cerrada y con todo el mobiliario incluido.

Más que una puesta en escena, el interiorismo de Castaños de Otoñal propone una experiencia emocional. Un proyecto donde el diseño no solo acompaña la arquitectura, sino que construye un relato habitable, capaz de transformar una visita en una decisión.






Ficha Técnica
Condominio Castaños de Otoñal (2020)
Los Domínicos | Las Condes | Santiago | Chile
Tipología: Casa piloto
Interiorismo: Rosita Echeverría
Superficie: 380 m2 + terrazas
Inmobiliaria: Collins
Iluminación: Victoria Campino
Fotografías: Juan Pablo Carderon
Reseña de la autora

Rosita Echeverría es una diseñadora de interiores chilena con una mirada sensible y profundamente humana sobre el espacio habitable. Su trabajo parte de la escucha: conversar con quienes habitan un lugar para entender sus hábitos, necesidades y deseos, y desde ahí proyectar ambientes que realmente acompañen la vida cotidiana. Más que imponer un estilo, Rosita interpreta historias personales a través de la luz, las texturas y la selección de materiales, logrando espacios que combinan sofisticación contemporánea con calidez emocional.
Antes de dedicarse al diseño, estudió Ingeniería Comercial y vivió en el extranjero —en Canadá e Inglaterra— experiencias que, según ella, afinaron su sensibilidad estética. A lo largo de su carrera ha desarrollado proyectos integrales que incluyen desde el diseño de interiores hasta muebles a medida, favoreciendo materiales nobles y piezas únicas que dotan a cada espacio de carácter propio.
Para Rosita, el diseño no es solo una cuestión visual, sino una herramienta de bienestar: su propósito es que cada espacio “acaricie” a quienes lo habitan y funcione como refugio emocional y cotidiano.









0 comentarios