La historia de Sergio Ossa parece tejida entre dos fuerzas que conviven y se complementan: el arraigo a la tierra y la pulsión de volar. Arquitecto formado en la Universidad del Desarrollo, socio fundador de Ossa Bontempi Arquitectura, viajero incansable y piloto de helicóptero, Ossa ha ido configurando una práctica arquitectónica que se despliega entre el rigor técnico y la intuición, entre el respeto por el entorno y la escucha paciente a los clientes.
Su biografía habla de desplazamientos: de Santiago a Innsbruck, de los Alpes austríacos al sur de Chile, de un primer proyecto en La Reina a casas en paisajes de montaña o de mar. En cada experiencia, hay una búsqueda constante: “Siempre me ha gustado rescatar la esencia local y llevarla a una versión contemporánea. No me interesa replicar estilos, sino interpretar lo que el lugar y el cliente piden”, dice.
Vocación sin herencia
Sergio creció en una familia donde no había arquitectos ni constructores. Su madre pintaba, pero más como oficio personal que como legado familiar. “No tengo parientes arquitectos, ni siquiera cercanos. Fue algo muy propio, muy personal. Desde el colegio me gustaba la forma de las cosas, los objetos, los muros, los jardines. No tanto la arquitectura en sí, sino los detalles”, recuerda.
Su colegio, marcado por trayectorias más tradicionales, no ofrecía un camino directo hacia la arquitectura. “Era ingeniero comercial, abogado o sacerdote. Yo decía que quería ser arquitecto y nadie me pescaba”, cuenta entre risas. En ese contexto, entrar a estudiar arquitectura fue como encontrar un terreno propio: “Por primera vez sentí que estaba en un lugar donde podía destacar, donde lo que hacía tenía sentido. Me di cuenta de que le pegaba al dibujo, a la expresión, y que estaba cómodo”.

La independencia
Tras titularse en 2015, trabajó en oficinas locales antes de dar el salto hacia la independencia. “Al comienzo tomé proyectos chicos, pero la experiencia me sirvió para ir construyendo un lenguaje propio y aprender a lidiar con todas las dimensiones de un proyecto, desde la idea hasta la obra”, explica.
En 2019 fundó, junto a su colega Rodolfo Valdés, la oficina Ossa Valdés. “Partimos con algunas casas y un edificio. Fue un trabajo muy intenso y muy formativo”, recuerda. Más tarde, su socio se trasladó a Barcelona y Sergio se fue a Austria. La sociedad formal se disolvió y hoy su estudio lleva su propio sello y marca.
Una escuela entre montañas
La experiencia más transformadora de su trayectoria ocurrió lejos de Chile. En plena pandemia, Sergio y su esposa decidieron mudarse a Europa. “Teníamos ganas de vivir afuera. No queríamos una gran ciudad, buscábamos naturaleza y montaña. Así llegamos a Innsbruck, en los Alpes austríacos, una ciudad chica pero muy desarrollada, rodeada de montañas por todos lados”.
La llegada fue incierta: sin trabajo asegurado, con un departamento arrendado por un mes y un curso básico de alemán en carpeta. “No sabíamos si íbamos a poder trabajar como profesionales. Si no funcionaba, repartíamos pizzas. Era un salto al vacío”, recuerda.
Pero la oportunidad apareció. Un arquitecto local, Helmut Seelos, valoró su portafolio y lo contrató: “Me dijo: ‘No importa que no hables alemán, lo aprenderás. Lo que me interesa es que trabajes con nosotros’. Esa apertura me permitió entrar a una oficina donde aprendí muchísimo”.
De Austria rescató la rigurosidad técnica y el sistema de especialización: “Allá no existe una constructora que haga todo. Cada etapa tiene una empresa especialista: fundaciones, estructuras, techumbres, aislación. Eso asegura eficiencia y calidad. Es más caro, pero el resultado es infinitamente mejor”, explica.
También descubrió una relación cultural distinta con la vivienda: “En Austria son mucho más reservados. No hay ventanales de piso a cielo como en Chile; prefieren ventanas pequeñas, casas más privadas. Puede parecer menos atractivo desde afuera, pero está profundamente ligado a su cultura y al clima”.
Esa experiencia marcó su mirada sobre la arquitectura chilena: “Acá seguimos construyendo muy básico. El aprendizaje fue entender que incluso un proyecto pequeño debe ser bien aislado, bien impermeabilizado. La calidad constructiva es un tema ético, no solo estético”.

El regreso y la relectura del territorio
De vuelta en Chile, Ossa retomó su práctica independiente con una perspectiva renovada. “Pensé que me costaría más enchufarme de nuevo, pero no. Uno vuelve rápido a la realidad local. Aunque sí, me traje otra forma de mirar el detalle y de exigir calidad”.
En el sur del país encontró un terreno fértil para aplicar lo aprendido. “En Panguipulli trabajé con un constructor local, Mario Venegas. Es un agrado encontrar en Chile constructores que no busquen solo la solución más barata, sino la mejor para el proyecto. Eso cambia todo: cuando el constructor respeta el diseño, la obra se eleva”.
El sur es, para él, un lugar de proyección. “Sueño con consolidarme más en esa zona: en el lago, en Chiloé, en la Patagonia. Me encanta trabajar en madera, en hormigón, en diálogo con el paisaje. Aunque viva en Santiago, quiero que mi fuerte sea el sur”.
Método y filosofÍa
A la hora de definir su arquitectura, Ossa se distancia de las etiquetas. “No me interesa declararme de un estilo. Sí hay una base contemporánea, heredada de la escuela y del momento en que vivimos. Pero mi intención es siempre interpretar el contexto y al cliente. No hago la misma casa en la playa que en el campo o en la montaña”.
Su método parte de una premisa clara: escuchar. “No creo en imponer el diseño a toda costa. El cliente tiene derecho a opinar, porque es quien va a habitar y pagar el proyecto. Nuestro rol es interpretar lo que quiere y llevarlo a un nivel arquitectónico de calidad. El desafío está en equilibrar la visión del cliente con el criterio profesional, sin que ninguno se imponga por sobre el otro”.
Los materiales son parte esencial de su búsqueda. Prefiere aquellos que provienen directamente de la tierra: la piedra, la madera, el hormigón. “El acero me gusta, pero es más industrial, más frío. La madera o la piedra entregan una calidez que conecta mejor con el habitar. Siempre trato de rescatar materiales locales y darles un giro contemporáneo”.
Volar como paralelo
A la par de la arquitectura, Sergio cultiva otra pasión: la aviación. “Desde el colegio pensé en ser piloto comercial, aunque no lo estudié en ese momento. Hace unos años decidí retomarlo y hoy soy piloto de helicóptero con licencia comercial”.
La aviación no compite con la arquitectura; más bien, la complementa. “Volar me da otra perspectiva. Desde arriba uno entiende mejor la geografía, el territorio, las distancias. Creo que eso también influye en mi forma de proyectar: ver cómo se conectan los lugares, cómo se relaciona el paisaje con la intervención humana”.

Proyección y deseo
El futuro para Ossa no es un horizonte abstracto, sino una ruta concreta: consolidarse en el sur de Chile, trabajar más con madera, profundizar en el diseño contemporáneo que dialoga con lo local. “Me gustaría tener más proyectos en la Patagonia, en el lago, en Chiloé. Esos territorios me inspiran. Quiero que mi oficina crezca en esa dirección”.
El cierre de nuestra conversación tiene un tono íntimo, como si resumiera su forma de estar en el mundo: “No quiero hacer arquitectura que se imponga sobre el lugar. Prefiero una que acompañe, que se adapte, que logre ser parte del paisaje. Al final, de eso se trata: de escuchar, interpretar y construir con respeto. Así como en el vuelo, la clave está en leer bien el viento y avanzar con equilibrio”.
Despliege en el territorio
Los proyectos de Sergio Ossa no aparecen como piezas aisladas, sino como capítulos de un relato mayor. Cada obra se levanta desde el lugar y para quienes lo habitan, dialogando con la geografía, los materiales y las expectativas de quienes la encargan. Casas en pendientes imposibles, refugios en la Patagonia a los que solo se llega en bote, viviendas pensadas para compartir entre hermanas o remodelaciones que terminan por ser reinvenciones totales: todas muestran esa tensión constante entre lo técnico y lo humano, entre lo contemporáneo y lo local.
En esta selección, Ossa repasa las obras que mejor condensan su búsqueda: construcciones que no buscan imponerse al paisaje, sino formar parte de él, como si siempre hubiesen estado ahí, esperando ser habitadas.
Casas Hermanas | Panguipulli
En el sur de Chile, en medio de un paisaje volcánico, Sergio diseñó dos casas para cuatro hermanas. “El encargo era crear dos viviendas que se complementaran: una más grande para veraneo y otra más pequeña para habitar medio año”, explica.
Ambas comparten un mismo lenguaje: techos oscuros, muros de piedra volcánica, vigas laminadas que dialogan con la escala de la montaña. La diferencia está en los usos, pero el conjunto se lee como una unidad armónica, pensada para convivir.






Casa M4 | María Pinto
Actualmente en construcción, la Casa M4 mezcla ladrillo y hormigón a la vista. “Quisimos que los muros parecieran de adobe, pero en realidad son de ladrillo estucado con un acabado rugoso”, señala. El proyecto explora la materialidad como recurso expresivo, llevando un gesto tradicional hacia un lenguaje contemporáneo.


Casa RR | La Reina
El primer proyecto independiente de Ossa fue también uno de los más desafiantes. Encargada por un reconocido actor nacional, la casa combinó acero corten, roble y hormigón en un diseño estructuralmente complejo. “El cliente llegaba con ideas locas que se salían de todo, pero fuimos encauzándolas. Fue un proyecto muy especial porque me obligó a jugar fuerte con la materialidad y la estructura”.




Cabaña Escondida | Lago Bertrand| Patagonia
Un encargo mínimo en un lugar extremo. “Era un lodge con infraestructura básica y sin acceso por camino. Todo se llevó en bote”, recuerda.
La cabaña se levantó con paneles SIP, se utilizó revestimiento de lata y un alero rojo que marca presencia en el paisaje. “Fue un proyecto pequeño, pero lleno de sentido por las condiciones del lugar”. convivir.


Casa en pendiente| Maitencillo
Levantada en un terreno empinado y estrecho, la casa fue una remodelación que terminó siendo prácticamente una nueva construcción. “Era el proyecto de un tío, muy personal, con un terreno difícil. Hubo que trabajar con mucho cuidado las relaciones con los vecinos y los niveles del suelo”.
El resultado es una casa contemporánea que aprovecha la pendiente como recurso espacial.






Casa Tres Elementos | Las mostazas
En el norte de Chile, esta vivienda conjuga hormigón, piedra y madera en un lenguaje robusto y austero. “Las vigas laminadas y la techumbre recuerdan a las casas del sur, mientras el muro fue construido con piedras locales de tono anaranjado”, cuenta Ossa.
La obra, proyectada en conjunto con el arquitecto Matías Errázuriz, busca un diálogo entre territorios, integrando materiales y técnicas en un mismo relato.






Casas Barra y Patio | Puertecillo
En la costa de Puertecillo, entre bosques de eucaliptos y el sonido constante del mar, nacieron los proyectos Casa Barra y la Casa Patio en conjunto con Rodolfo Valdés.
“Con esas casas no solo diseñamos; también nos hicimos cargo de construirlas. Fue una experiencia intensa porque significaba armar un equipo de trabajo, buscar maestros, coordinar materiales y, al mismo tiempo, sostener la visión arquitectónica que habíamos proyectado en papel”, recuerda Sergio.
El encargo pedía dos viviendas de carácter sencillo, pensadas para el descanso y la vida en la playa. La respuesta fue un sistema constructivo ligero, basado en esqueletos de acero y madera, que dialogaba con la rusticidad del entorno sin perder contemporaneidad.
“Queríamos que fueran casas simples, honestas en su materialidad, pero con una espacialidad generosa. Que se pudieran vivir descalzo, con arena en los pies, y que la arquitectura no compitiera con el paisaje, sino que lo enmarcara”.
La Casa Barra, más lineal y abierta, organiza sus espacios en torno a un eje principal que conecta interior y exterior, como una gran galería de luz. La Casa Patio, en cambio, se concentra hacia adentro, generando un núcleo protegido del viento costero, con patios que funcionan como refugios íntimos.
Nominadas a obra del año por la plataforma Arch Daily las casas se convirtieron en una carta de presentación temprana para Ossa Valdés. “Fueron proyectos que nos dieron visibilidad, pero sobre todo nos dieron experiencia real de obra. Ahí entendimos lo importante que es estar presente, conversar con los maestros, resolver detalles en terreno. La arquitectura no se hace solo en la mesa de dibujo: se hace también en la obra, con las manos de quienes la levantan”.















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