La arquitecta y acuarelista combina tradición, naturaleza y materiales nobles en proyectos que van desde casas completas hasta interiores puntuales, siempre con un sello cálido y funcional.
El vínculo de Alicia de la Cerda con las formas y la estética comienza mucho antes de que eligiera estudiar y dedicarse a la arquitectura. Desde niña, su mundo estaba marcado por la curiosidad estética: dibujaba fachadas, pintaba paisajes, movía cada semana los muebles de su pieza como si el espacio fuera un lienzo en constante transformación. “Yo siempre remodelaba mi pieza y movía mi cama de lugar. Entonces, cada semana mi pieza era un mundo distinto”, recuerda con naturalidad. Ese impulso lúdico y creativo fue un adelanto de lo que vendría: una vida entera dedicada al arte, la estética y la arquitectura
Hoy, desde su oficina independiente, desarrolla proyectos de arquitectura e interiorismo en Santiago y fuera de la capital. Con el mismo entusiasmo de la infancia, hoy asume encargos que van desde casas nuevas y remodelaciones hasta intervenciones específicas en interiores. “He trabajado siempre independiente, desde que partí. Se me han dado muchos proyectos unos tras otros, y lo que me ha permitido mantener esa independencia. Me encanta poder armar equipos según cada encargo, de una manera más flexible y colaborativa”, explica.
Su nombre se asocia con una arquitectura clara, funcional y acogedora. Espacios que privilegian la amplitud, la limpieza de las líneas y una conexión permanente entre interior y exterior. Pero también con un sello personal que se expande a otras disciplinas: la pintura en acuarela, el gusto por la manualidad y la artesanía, el interiorismo como extensión natural de su trabajo.
Infancia entre papeles, colores y texturas
Cuando mira hacia atrás, Alicia encuentra en su infancia las primeras claves de su vocación. Dibujar era parte de su cotidianidad, tanto como pintar paisajes o bordar con paciencia. “Me gusta bordar, me gusta la artesanía, y siempre me he destacado por eso. Creo que llegué a la carrera correcta, porque tuve un muy buen desarrollo en la universidad y después entré en la pintura, que también me encantó”, comenta.
Ese interés temprano por lo manual se convirtió en una sensibilidad transversal. La cocina, el bordado, la acuarela, todo convivía en una misma línea de pensamiento: explorar lo estético desde diferentes ángulos. En sus palabras, la arquitectura nunca fue un salto abrupto, sino una consecuencia natural de esa inquietud.


independiente, flexible y colaborativa
El camino de Alicia ha estado marcado por la independencia lo que le ha permitido trabajar con estructuras laborales livianas y adaptables. “En general trabajo independiente y según el proyecto voy armando el equipo. Me gusta esta dinámica porque lo hace mucho más fresco. Trabajo con otros arquitectos, interioristas, paisajistas o iluminadores, pero siempre desde una lógica más colaborativa que fija”, explica.
Esa forma de operar le ha permitido abordar proyectos de distinta envergadura sin quedar atrapada en un modelo pesado. Desde casas completas hasta intervenciones puntuales, la clave está en elegir a los colaboradores adecuados y generar redes de confianza. “He ido conociendo mucha gente muy valiosa. Ya tengo un equipo en la mira para distintos escenarios y sé a quién acudir según lo que se necesita”, agrega.
Arquitectura e interiorismo: dos caras de un mismo proceso
Aunque muchos de sus proyectos integran arquitectura e interiorismo, Alicia subraya que no siempre ocurre así. “No todos los encargos incluyen los dos servicios. A veces me piden solo arquitectura, otras veces solo interiorismo. Creo que es importante aclarar eso, porque cada cliente tiene necesidades distintas”, explica.
Sin embargo, cuando ambas dimensiones se abordan en conjunto, los resultados son especialmente potentes. “Cuando el proyecto se concibe de manera integral, desde la arquitectura hasta los interiores y el paisajismo, el resultado es mucho más coherente y armónico y para el cliente es muy cómodo descansar en alguien que resuelve el conjunto completo”, asegura.


En esos casos, la visión integral se traduce en detalles tan concretos como la ubicación de un ventanal respecto al sol de la mañana, el diseño del patio para el desayuno o la elección de cortinas a piso que prolongan la sensación de amplitud. “Yo siempre estoy imaginando todo como un todo. Cómo se va a vivir el patio, cómo va a entrar la luz en el desayuno, dónde van a estar las cortinas. Es una manera de pensar la arquitectura desde dos lados que se complementan muy bien”, dice.
Un sello propio: claridad, funcionalidad y calidez
Definir un estilo nunca es tarea fácil, pero Alicia encuentra palabras que se repiten en su forma de trabajar: claridad, limpieza, funcionalidad y calidez. “Me importa mucho cómo vive el cliente, cómo habita el lugar, cuáles son sus prioridades. Quiero que se sientan interpretados, que los espacios sean amplios y despejados, pero también acogedores y con ganas de ser vividos”, afirma.
La autenticidad es otra de sus banderas. Sus proyectos no buscan responder a modas ni a conceptos desligados de la experiencia del habitar. “Creo que mis proyectos responden a la lógica de la autenticidad, al respecto con el exterior y el entorno, son diseños que responden al lugar donde se emplaza el proyecto y a su vez, impactan de manera positiva al habitar, responden a la forma en que los habitantes se desenvuelven en su día a día»


Inspiraciones: tradición, naturaleza y materiales nobles
En su proceso creativo, Alicia mira tanto la tradición como la naturaleza. “Siempre me ha inspirado mucho la arquitectura tradicional, tanto la chilena como la provenzal u otras. Me gusta estudiar lo que ya se ha construido, porque por algo responde a una necesidad real. También me inspira la naturaleza, que la arquitectura quede inserta en su entorno y se implante de manera natural”, explica.
Entre sus referentes menciona a Antoni Gaudí, especialmente en la manera de trabajar el macro y el micro: desde la volumetría general hasta los detalles de una chapa en la puerta. “Ese cruce entre exterior e interior, entre lo grande y lo pequeño, me parece muy enriquecedor”, señala.
En cuanto a materiales, prefiere la madera, la piedra y el ladrillo. “Los materiales nobles me representan mucho. Me gusta que la madera esté presente de alguna forma porque da una calidez única, es muy enriquecedora sobre todo en espacios interiores. También me gusta la simetría, la arquitectura a dos aguas, los patios duros, las alturas que entregan espacialidad. Creo que esas elecciones marcan mucho el carácter de un proyecto”, dice.
La conversación entre interior y exterior es otro eje recurrente. “Siempre busco que haya cierta presencia del exterior en el interior. Que los tonos, las texturas o los materiales dialoguen, para que el resultado sea armónico. Que recorrer la casa transmita continuidad y paz”, detalla.


Proyectos desafiantes y la mezcla de estilos
La maternidad también ha sido un eje central en su vida y en la manera de entender la arquitectura. Con cinco hijos, Alicia sabe que cada decisión de diseño debe equilibrar lo estético con lo práctico. “Tengo una familia con cinco niños”, dice, consciente de que esa experiencia cotidiana ha moldeado su mirada. Su obra además de darle gran importancia a la belleza de los espacios, responde también a la dinámica real de habitar, a la flexibilidad que exige la vida familiar, a la importancia de proyectar ambientes que acompañen distintas etapas de crecimiento.
En este sentido precisamente, uno de sus proyectos más desafiantes fue la remodelación de su propia casa. “La casa propia siempre es un desafío. En mi caso, es una casa chilena con poca capacidad y se hizo un ampliación de superficie importante en segundo piso, por lo que opté por lenguaje mediterráneo más moderno. Quise respetar lo antiguo y hacerlo convivir con lo nuevo. Creo que el resultado fue bueno: se potenció lo tradicional y la parte nueva entregó espacios amplios para mi familia”, relata.
El proyecto sintetiza varios de los valores que marcan su práctica: respeto por la tradición, búsqueda de identidad, combinación de estilos y, al mismo tiempo, máxima practicidad para la vida cotidiana. “En una casa con cinco niños era clave que todo fuera estético pero también muy práctico. Creo que se logró un equilibrio”, agrega.

Escalas y nichos
Aunque ha incursionado en diferentes tipos de edificaciones, su escala predilecta es la residencial. “Me gusta mucho el tema de habitar los espacios, esa escala me acomoda. Me interesa cómo se vive en una casa, cómo la familia se relaciona con ella”, explica.
Dentro de ese ámbito ha desarrollado incluso un nicho particular: el diseño de pesebreras. “Me han encargado varias veces ese tipo de proyectos, y también me encantan. Encuentro muy interesantes estos encargos específicos, por que tienen mayor complejidad y te empujan a explorar, profundizar en un mundo nuevo y eso es muy entretenido, ya que la arquitectura debe responder a un uso muy particular», añade.
Consejos y mirada hacia el futuro
Para quienes se enfrentan a una construcción o remodelación, Alicia ofrece dos consejos fundamentales. “Primero, entender muy bien lo que quieren y necesitan. Conversarlo mucho en familia, mirar referentes, darse el tiempo.Así uno como profesional también los puede ir guiando hacía lo que realmente buscan. Y segundo, elegir a un profesional con el que haya buena sintonía. Es un proceso largo y es clave confiar en la persona, compartir un estilo y avenirse con la persona con la que vas a trabajar, eso enriquece mucho el proyecto”, señala.
En cuanto a sus metas, más que pensar en grandes escalas, se concentra en la satisfacción de sus clientes. “Lo que más sueño es ver que mis clientes están felices en sus casas y que, aunque pasen años, les siga produciendo satisfacción. Esa es mi mayor meta y la principal fuente de motivación”, concluye.
Es que la arquitectura de Alicia de la Cerda no busca imponerse como un gesto disruptivo, sino que su fortaleza radica en la capacidad de interpretar lo que las personas necesitan para habitar mejor, ya sea a través de una remodelación puntual, una casa desde cero o un interior acogedor. Su sello combina tradición y contemporaneidad, materiales nobles y funcionalidad práctica, claridad y calidez.




Al mismo tiempo, su manera de trabajar refleja una tendencia cada vez más vigente: oficinas ligeras, colaborativas, que arman equipos a medida y entienden cada proyecto como un ecosistema flexible. Un modelo que le ha permitido expandirse sin perder autenticidad ni cercanía.
En sus propias palabras, “la arquitectura puede determinar la forma de vida”. Y en esa convicción, Alicia construye no solo casas, para ella la arquitectura es una herramienta muy potente que permite que las personas se sientan cómodas y a gusto en el lugar donde viven día a día.










0 comentarios