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Casa Color, por Home Asset

Ago 4, 2025 | Destacados, Interiorismo | 0 Comentarios

Francisca Cristi, fundadora de home asset, da vida a una vivienda donde el arte y la personalidad se funden en una paleta vibrante y sin miedo.

Desde pequeña, Francisca Cristi sintió que tenía un ojo para ordenar lo bello. Con apenas doce años, ya reconfiguraba espacios en su casa familiar y se lanzaba a pintar murallas, sin saber que años más tarde transformaría esa intuición temprana en oficio. Fundadora de Home Asset Deco, Francisca es interiorista formada en la escuela INNADI de Madrid, pero también periodista de profesión: una combinación que define su enfoque narrativo y sensible del diseño.

Su estudio, creado en 2018, se especializa en remodelaciones integrales, decoración y, especialmente, en interpretar los gustos y memorias de quienes habitan los espacios. “Para mí, cada proyecto es un mundo”, dice. Y en ese mundo, el alma del cliente no se decora: se revela.

Ese principio —el de diseñar desde la historia personal— se hace tangible en uno de sus proyectos más recientes: Casa Color. Ubicada en San Carlos de Apoquindo, esta vivienda fue intervenida de forma integral bajo un encargo inusual y a la vez profundamente emocional: traducir los colores de una obra de arte en la atmósfera cotidiana de un hogar.

Rojos intensos, verdes vibrantes, turquesas, amarillos. Una paleta decidida, casi eléctrica, pero manejada con maestría. El proyecto, de 120 m², abarcó hall de acceso, living comedor, terraza y quincho, tres baños, dormitorio principal, walk-in closet y sala de estar. Una intervención completa, donde cada rincón fue cuidadosamente diseñado y ejecutado por el equipo de Home Asset.

“El punto de partida fue un cuadro que está en el living, una obra de la artista chilena Lourdes Naveillán”, cuenta Francisca. La pintura, llamad Ritmo Circular,, fue el detonante cromático de toda la intervención. Los propietarios pidieron, literalmente, “una casa con los colores de ese cuadro”.

Un encargo preciso y valiente, que planteaba un desafío inmediato: “Debía lograr manejar esa paleta sin saturar. Me encanta trabajar con colores, pero lograr equilibrio en una gama tan intensa requiere precisión”, explica la interiorista.

De la estructura al detalle

El trabajo contempló cambio de pisos, pintura general, instalación de papel mural, diseño y fabricación de mobiliario a medida, restauración de piezas antiguas, selección de cortinas y decoración personalizada. Un proyecto llave en mano, donde nada quedó al azar. “Fue un trabajo 100% personalizado y de finas terminaciones”, resume.

Uno de los espacios que mejor encarna el espíritu del proyecto es la terraza, que fue completamente techada y se diseñó en torno a un nuevo mueble en obra para la parrilla. Aquí los colores se expresan con libertad y cierto aire marroquí reinterpretado. “Usamos mosaicos, lámparas árabes, madera en mesas y cojines coloridos que dan vida a este espacio pensado para compartir”, detalla. El objetivo era claro: crear un lugar multifuncional, con comedor y lounge, donde los anfitriones pudieran recibir con soltura.

El living, sin embargo, se lleva el protagonismo técnico y emocional. No solo por la paleta vibrante que dialoga con el cuadro de Naveillán, sino por una solución de diseño que transforma el espacio: un mueble a medida que integra una biblioteca y un piano que originalmente estorbaba entre el sofá y la puerta.

“Pensaron en sacarlo, pero les propuse hacer del piano el protagonista, porque la hija de los dueños toca. Lo encerramos dentro de un vano con un pequeño tabique, lo fabricamos en chapa de encina en dos tonos y con luces LED. Quedó hermoso”, dice Francisca. Es una pieza escultórica, funcional y simbólica a la vez.

Además, se diseñó un panel para reorganizar las obras de arte de la casa, dispersas hasta entonces. “Ella es amante del arte, pero tenía sus cuadros por todos lados. Reubicamos varios e hicimos un espacio para lucir obras de Roser Bru, Santos Guerra, Catalina Abbot, Nemesio Antúnez, Vittorio Queirolo y la misma Lourdes Naveillán”.

Para resolver la falta de asientos y potenciar la convivencia, se incorporó un sofá en L y dos sitiales, aumentando la capacidad sin perder fluidez espacial. Cada elemento —desde la disposición hasta la elección textil— fue pensado para dar armonía y vida.

Color, memoria y nobleza

En cuanto a las materialidades, se priorizó lo noble: cuero, maderas naturales, lanas. “En el comedor pintamos un muro verde para hacer contraste con las sillas rojas, que restauramos y pintamos del mismo tono del mueble chino que ya tenía la dueña. Así se mantuvo su historia”, explica.

Se diseñaron mesas laterales con cubierta de cuarzo y se optó por textiles cálidos para el exterior, privilegiando la resistencia sin sacrificar estética.

Los baños también fueron renovados con un enfoque lúdico, incorporando revestimientos coloridos y pequeños muros en obra para organizar los jabones y champús. “El uso del color aquí fue muy medido, porque no son espacios grandes. La clave era lograr identidad sin sobrecargar”.

El hall de acceso —frecuentemente olvidado— también fue objeto de atención. “Ellos necesitaban ordenar esa zona, porque se acumulaban muchas cosas. Diseñamos un mueble zapatero en madera, con repisas, espejo, percheros y un papel mural celeste de fondo. Me encanta cómo quedó”, comenta Francisca.

Es un gesto funcional que también da la bienvenida con carácter.

Un lenguaje propio

Si bien el uso del color es lo más visible, el mayor logro de Casa Color está en haber creado una narrativa espacial coherente, donde los muebles antiguos conviven con los nuevos, y la paleta vibrante no se impone, sino que se despliega con ritmo. “El mayor desafío fue integrar lo que ya existía con todo lo nuevo. Que conversara. Que se sintiera armónico”, confiesa.

Y en eso Francisca tiene una metodología única, donde la entrevista con el cliente —casi como si redactara un perfil periodístico— es clave. “Les pregunto qué les encanta, qué les carga, qué necesitan, y desde ahí construyo. No hacemos proyectos iguales a otros. Nuestros ambientes son únicos y reflejan la personalidad de quienes los habitan”, afirma con convicción.

En Casa Color, esa personalidad se expresa con fuerza. El resultado es un espacio que no solo es estéticamente audaz, sino también emocionalmente fiel a quienes lo viven. Como si cada objeto, cada tono, cada luz, hablara un idioma que es completamente comprensible para sus dueños.

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