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Dekorin House: contrastes que revisten el habitar

Nov 5, 2025 | Destacados, Interiorismo | 0 Comentarios

El viaje de Sofía y Guido, fundadores de Dekorin House, es una historia de amor, oficio y búsqueda estética. Una mirada al interiorismo como experiencia sensible, donde cada muro guarda una emoción.

A veces, las historias más sólidas se levantan desde la intuición. Desde ese primer impulso que no necesita planos ni permisos para existir. Así nació, sin saberlo aún, el proyecto que años más tarde se llamaría Dekorin House: cuando Sofía Núñez y Guido Cárdenas se conocieron en octavo básico.

«Nos acercamos mucho, éramos mejores amigos», recuerda Sofía, con la serenidad de quien ha aprendido a mirar hacia atrás sin nostalgia. «Ya en la enseñanza media empezamos a pololear. Teníamos esta afinidad por la arquitectura, por los espacios, dibujábamos, soñabamos con casas y cómo vivirlas», comentan.

De esa amistad adolescente surgiría una complicidad que más tarde tomaría forma en planos, materiales y proyectos, no sólo profesionales, sino también de vida. Pero en el inicio solo había curiosidad: observar fachadas, imaginar interiores, modelar espacios vacíos con programas básicos, antes incluso de entrar a la universidad. «Veíamos edificios vacíos y decíamos: ¿cómo se habita esto?», cuenta Guido. «Ahí nos metimos en el diseño interior. Queríamos darle vida a los lugares».

Ese gesto, dar vida, llenar de alma lo estructural, sería, sin que ellos lo supieran, el principio del lenguaje de Dekorin House.

Vocaciones que se entrelazan

En el relato de ambos hay un punto común: la creación siempre estuvo cerca. Guido recuerda su infancia entre herramientas y madera. «Mi abuelo era carpintero, hacía juguetes a mano, tallados preciosos. Mi papá fue maestro de obra, así que desde chico aprendí a usar un martillo o un taladro. En casa nos enseñaron a ser independientes».

Sofía, en cambio, llegó al diseño desde el arte. «Siempre me gustaron los colores, las texturas, pintar. Descubrí que mi forma de mirar el mundo era a través de lo visual». Esa pulsión no se detuvo. Hoy, años más tarde, integrara sus pinturas al trabajo del estudio. Son obras que dialogan con los espacios que diseña.

Ambos estudiaron arquitectura, en universidades distintas, pero avanzando en paralelo. «Estuvimos tres años estudiando arquitectura, pero desde el primer año nos dimos cuenta de que nuestro enfoque era el interiorismo», recuerda Sofía. «Queríamos entender cómo las personas realmente viven los espacios, no solo cómo se proyectan».

De esa intuición surgió el cambio. Dejaron la carrera, se especializaron en diseño de interiores, estudiaron técnicas de renderizado, modelado estructural, materiales y luz. Se formaron —como suele ocurrir con los autodidactas verdaderos— entre la academia y la experiencia.

«Desde antes de entrar a la universidad ya modelábamos, sabíamos organizar proyectos complejos», indica Guido. «Siempre fuimos muy autodidactas. Nos gustaba estudiar, aprender, probar».

El nacimiento del estudio

Durante un tiempo trabajaron colaborando con arquitectos y desarrolladores, hasta que la necesidad de tener algo propio se impuso. «Desde el colegio sabíamos que queríamos construir algo juntos», relata Sofía. «Nunca nos imaginamos trabajando para alguien más», añade Guido con alma emprendedora.

Así, lo que había sido una idea fue tomando forma. Primero se llamó luego Deck House, luego SG architectures, después Decor House, hasta que finalmente encontraron un nombre que los representaba: Dekorin House.

«Nos demoramos harto en llegar al nombre», ríe Guido. «Queríamos algo que tuviera fuerza, pero también cercanía. Algo que sonara a diseño, pero también a hogar».

Formalizaron el estudio en 2024, aunque la marca ya llevaba varios proyectos sobre sus hombros. Lo suyo no fue un inicio impetuoso, sino un proceso de maduración compartido: una construcción a fuego lento, donde la confianza mutua y el oficio fueron el verdadero cimiento.

La estética del contraste

Hablar de Dekorin House es hablar de contrastes. No solo visuales, sino conceptuales: la búsqueda constante entre lo clásico y lo contemporáneo, lo natural y lo técnico, lo estructural y lo sensorial.

«Nos encanta trabajar con materiales naturales: maderas, piedra, tonos oscuros, paletas beige, cafés, blancos», explica Sofía. «Y si hay algo que nos identifica, son los revestimientos. No nos gusta dejar los muros desnudos; nos gusta vestirlos».

Ese verbo —vestir— no es menor. Resume su forma de mirar el interiorismo: como una extensión del cuerpo, un modo de habitar con textura y carácter. Guido lo complementa: «Siempre buscamos que cada proyecto tenga presencia. Nos gusta que los espacios cuenten una historia. Que sean complejos, con diseño, pero también cálidos, acogedores».

En un contexto saturado de tendencias pasajeras, su propuesta se sostiene sobre la idea de permanencia.

El estudio se distingue por su dominio de contrastes y texturas. No sigue tendencias; trabaja desde una visión autoral que concibe los espacios como experiencias atemporales con una identidad reconocible. Cada proyecto refleja una búsqueda por la autenticidad y la permanencia.

«Nos gusta que el diseño emocione, que se sienta y permanezca», resume Sofía.

Diseño con alma técnica

Dekorin House no trabaja desde la improvisación. Su método es tan estructurado como sensible.

«Siempre partimos con una conversación», cuenta Sofía. «Queremos conocer al cliente, entender su día a día, sus hábitos, su personalidad. A partir de eso construimos el estilo que lo representa, pero con nuestro sello».

El proceso continúa con el levantamiento de medidas, el modelado 3D y la presentación de propuestas. Todo es revisado, ajustado y afinado hasta lograr ese equilibrio entre la identidad del cliente y la impronta del estudio.

«No hay límites de revisiones», expone Guido. «Queremos que cada persona quede completamente feliz con su espacio. Nuestro objetivo es que se sienta suyo, pero con la calidad y coherencia de Dekorin».

El servicio online, implementado recientemente, replica ese método. «Creamos un documento completo», ilustra Sofía. «Incluye planos, cortes, mobiliario, listado de compras con enlaces directos. Queremos que el proceso sea claro y accesible».

Esa visión técnica, casi arquitectónica, convive con un enfoque artesanal del detalle. «Hacemos la parte estructural, los mobiliarios a medida, la ejecución. A veces incluso participamos físicamente en la obra», relata Guido. «Nos gusta estar ahí, ver cómo se materializa la idea. Romper muros si es necesario».

Un diseño que creció con ellos

La historia de Dekorin House está enteramente entrelazada con la de sus fundadores. No es una empresa que apareció de la nada, sino un proyecto que ha crecido al mismo ritmo que la pareja que lo lidera.

«Lo curioso es que la marca creció con nosotros», reflexiona Sofía.

«Partimos en el colegio, seguimos en la universidad, y ahora se ha transformado junto a nosotros. Es parte de nuestra historia».

En esa evolución se fue definiendo un lenguaje visual. El contraste como eje, la textura como emoción, la atemporalidad como principio. Su obra no busca seguir tendencias, sino interpretarlas con profundidad conceptual, atención rigurosa al detalle y lectura precisa de los espacios.

«Hoy es difícil ser innovador», reconoce Guido. «Hay mucha competencia, muchas influencias de afuera. Nuestro desafío es hacer algo distinto, algo que tenga carácter y que se sienta auténtico», agrega con pasión.

Esa autenticidad también se expresa en los cuadros de Sofía, que a veces forman parte de los proyectos. «Empecé a integrarlos de a poco», cuenta. «Es otra forma de conectar con los clientes. Poner algo mío, que le aporte dinamismo al espacio, algo manual, en medio de tanto proceso digital».

La mirada hacia adelante

Hablar con Sofía y Guido es entender que el futuro para ellos es una extensión natural del presente.

«Somos ambiciosos, pero también pacientes», declara Guido. «Queremos tener nuestra oficina propia, un espacio físico que refleje lo que somos. Y armar un equipo de diseño, aunque siempre bajo nuestra supervisión directa».

Sofía complementa: «Nos gusta estar presentes en cada proyecto, involucrarnos. Nos cuesta imaginarnos alejados del proceso».

Entre sus metas está también ampliar el tipo de encargos. «Nos encanta el área residencial, pero queremos aventurarnos en lo comercial», señala ella. «Nos gustaría diseñar un hotel, por ejemplo. Lo hemos conversado muchas veces. Sería un sueño».

Más allá de las ambiciones, lo que los mueve sigue siendo lo mismo que al principio: crear espacios con sentido.

«El interiorismo tiene mucho de intuición», apunta Sofía. «Cada proyecto te enseña algo nuevo, cada cliente te desafía a mirar distinto».

Hay algo profundamente coherente en la manera en que Sofía y Guido hablan de su oficio. Su discurso mezcla técnica y sensibilidad.

Dekorin House es una firma de diseño de interiores que aborda cada proyecto desde la estructura, la intención y la coherencia. Su visión entiende el diseño como una expresión de carácter e identidad. En sus obras, la materialidad y la luz se convierten en herramientas para construir atmósferas. La elegancia se traduce en mesura; la sofisticación, en decisión. No hay lugar para lo arbitrario: cada textura, cada contraste y cada vacío responden a una idea precisa

«Nuestro trabajo parte desde la complejidad y el carácter. Buscamos que cada espacio tenga presencia, pero sin perder calidez. Diseñamos desde la intención y la estructura. La emoción es una consecuencia natural de un diseño bien resuelto.” «, apunta Guido.

Los fundadores y directores de Dekorin House, conforman una dupla con una clara visión creativa y su proceso se basa en la observación, el diálogo y la precisión; trabajan desde la idea hasta el último detalle con la misma profundidad. Juntos, han construido un lenguaje visual coherente y propio, donde la razón y la intuición coexisten para dar forma a espacios que transmiten fuerza y son una declaración de identidad.

«Siempre decimos que el diseño debe ser una experiencia completa», concluye Sofía. «No se trata solo de cómo se ve, sino de cómo se vive».

Y mientras hablan, se entiende que lo suyo es construir atmósferas habitables. Lugares donde la vida —esa mezcla de tiempo, luz y materia— encuentra su forma más íntima, como reflejan los proyectos que mostramos a continuación en Rúa Salón.

PROYECTO SMART VICUÑA

El proyecto Smart Vicuña representa la fusión entre la sofisticación y el minimalismo contemporáneo. A través de una paleta de tonalidades neutras, el diseño busca transmitir una elegancia atemporal, donde cada elemento ha sido cuidadosamente seleccionado para generar armonía y equilibrio visual.

Los revestimientos juegan un papel clave en la propuesta, incorporando contrastes sutiles que aportan profundidad y carácter al espacio sin sobrecargarlo. La materialidad y las texturas asumen el protagonismo, destacando la pureza de las formas y la calidez de los acabados.

Cada mueble y detalle ha sido concebido bajo un criterio de funcionalidad y estética depurada, optimizando el uso del espacio sin sacrificar la sensación de amplitud ni el confort. La iluminación, tanto natural como artificial, enfatiza los volúmenes y matices, reforzando la atmósfera serena y envolvente del proyecto.

Smart Vicuña no es solo un espacio diseñado, sino una experiencia de sofisticación y equilibrio, donde la elegancia se convierte en el hilo conductor de un hogar acogedor y con carácter.

PROYECTO VILLALBA

El proyecto Villalba se construye a partir del control y la proporción. Inspirado en la estética Japandi, su lenguaje se sostiene en la pureza de las líneas y en una composición ordenada, donde cada plano y material responde a una lectura arquitectónica del espacio.

Dentro de esta estructura equilibrada, el contraste aparece como un recurso preciso: los revestimientos introducen ritmo y textura, elevando la neutralidad hacia un gesto más intencionado. Cada detalle —desde la materialidad hasta la iluminación— se trabaja con la exactitud de quien busca el equilibrio sin renunciar al carácter.

Villalba representa una síntesis entre calma y control. Un proyecto que interpreta la sencillez como una decisión consciente de diseño, donde la moderación se transforma en carácter y la contención, en una forma de identidad.

PROYECTO HERRERA

El proyecto Herrera nace bajo una visión que combina sobriedad y carácter. Su diseño propone una atmósfera envolvente, donde las texturas y los contrastes definen la identidad del espacio.

La paleta cromática —en tonos tierra, negro ébano y matices arena— articula una composición de fuerte presencia visual. Cada ambiente se estructura a partir de líneas puras y materiales nobles, donde la madera, la piedra y los acabados oscuros dialogan en coherencia.

La iluminación, cuidadosamente integrada, acentúa la profundidad y realza los volúmenes, generando una sensación de sofisticación serena. La propuesta encarna una elegancia contenida que se manifiesta en la calidad de los materiales, la precisión de los detalles y la calma que emana de cada espacio.

Un hogar concebido para perdurar en el tiempo a través de su equilibrio y coherencia, definido por un lujo silencioso.

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