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Duma Design Studio: experiencias significativas

Dic 4, 2025 | Destacados, Reportajes | 0 Comentarios

La imagen de dos jóvenes arquitectos enfrentados al vértigo del retail se transformaría pronto en el alma de un estudio de diseño que ha sabido dejar huella.

“Trabajamos juntos, codo a codo en una oficina que hacía proyectos internacionales, bien boutique, con entregas gigantes y muchos trasnoches”, recuerda Francisco Goñi, uno de los fundadores de Duma Design Estudio.

Ese primer año y medio fue suficiente para que Francisco y su socio, Manuel Hernández, entendieran que compartían algo más profundo que la profesión: una forma de enfrentar la arquitectura desde la observación, la intuición y la resolución clara de problemas.

Francisco venía de un camino poco usual. “Yo no tenía ningún familiar arquitecto. Nada. Mi primer acercamiento a la carrera fue el día que pisé la escuela”, cuenta. Lo que sí tenía era una capacidad excepcional para entender el espacio: memorias precisas, orientación natural, facilidad para imaginar soluciones. “Los primeros años fueron un caos, pero, cuando entendí bien qué estaba estudiando, me enamoré”.

Manuel, en cambio, lo tenía claro desde niño. “Es cliché, pero siempre quise ser arquitecto desde los diez años. Mi abuela me compraba libros de diseño y nunca me cuestioné otra cosa”, recuerda. Una sensibilidad artística heredada de su familia lo fue empujando hacia el oficio, y años después los viajes, por Brasil, Europa, Buenos Aires, terminaron por darle un lenguaje propio.

La vida los separó y reunió más de una vez: trabajaron juntos, luego cada uno en oficinas competidoras, después en proyectos puntuales. “Fuimos compañeros, luego competencia, luego socios”, dice Manuel riéndose. “Pasamos por todas las fases”.

Hasta que un día, lo que había sido coincidencia se volvió decisión. “Ya habíamos tenido tropiezos por otros lados, y siempre hizo sentido trabajar juntos. Cuando apareció la oportunidad, todo empezó a fluir muy rápido”.

Así nació Duma Design Studio.

Viajes, retail y una mirada ancha del mundo

El ADN del estudio se sostiene en dos trayectorias que dialogan entre sí: la precisión del retail y la apertura al mundo.

Manuel lo sintetiza sin rodeos: “Siempre he estado metido en viajes. Hice práctica afuera, trabajé en Europa, estuve en Buenos Aires. Me gusta moverme, ver otras escalas, otros mercados. Mucho de lo que hacemos hoy nace de ahí”. Y añade algo que cruza toda su mirada profesional: “La gente no lo cree, pero afuera valoran mucho el diseño chileno. Más de lo que lo valoramos nosotros mismos”.

Francisco complementa desde su propio recorrido. “Trabajé años en retail. Tiendas, restaurantes, habilitaciones rápidas. Proyectos que partían desde cero y terminaban abiertos en tiempo récord. Ese ritmo se nos quedó tatuado”.

El cruce es evidente: Manuel trae la sensibilidad viajera, la flexibilidad para leer mercados y usuarios diversos; Francisco, el músculo técnico, la capacidad de anticipar normativas, permisos, factibilidades. De esa combinación, hoy transversal a todos sus proyectos, aparece uno de los sellos más claros de la oficina: un diseño que no es solo forma, sino un proceso completo que lleva las ideas al mundo real.

El método Duma: del concepto a lo que realmente se construye

Cuando se les pregunta por el sello del estudio, Francisco responde sin dudar: “Más que una estética, lo que tenemos es un proceso de diseño muy bueno. Muy completo”.

Ese proceso comienza antes de proyectar. Incluye estudio normativo, análisis presupuestario, factibilidad real y, sobre todo, una aproximación honesta a lo que puede hacerse.

“No queremos proyectos que se queden en el render precioso. Hay que ver si se puede hacer, si cumple uso de suelo, si cabe en el presupuesto. Acompañamos a los clientes en todo eso”, explica.

Esa claridad se ha convertido en un diferenciador importante. En un rubro marcado por informalidades y expectativas difusas, ellos apuestan por formalizar, ordenar y transparentar.

“Es increíble —dice Manuel—, pero incluso grandes estudios son muy informales. Cuando uno llega con un contrato, con una estructura clara, con entregables definidos, la gente se sorprende. Algunos lo valoran, otros no. Con el tiempo uno aprende a filtrar a los clientes según esa sintonía”.
Francisco lo aterriza desde un ángulo más concreto: “Nuestro objetivo es que esta arquitectura y este diseño no sean un lujo. Que la gente pueda entender qué contrató, qué se le entregará, cuánto cuesta, cómo avanza. Que sea abordable. Nuestros servicios abarcan áreas que a otras oficinas les quedan afuera. Y eso genera confianza”, agrega.

Esa confianza crece cuando el cliente ve que el estudio no solo dibuja, sino que también valida normativas, revisa factibilidades, evalúa la inversión, prepara permisos, estructura plazos, ordena el flujo de trabajo.

“De repente alguien llega solo por una patente municipal -cuenta Manuel- y termina en un proyecto completo. Porque entienden que lo vemos todo”.

La seriedad operativa, antes que rígida, se vuelve una herramienta de libertad.

“Somos ordenados para que el proyecto pueda ser creativo”, dice Francisco. “El cliente sabe dónde está parado, qué se paga, qué se entrega. Eso deja espacio para la parte bonita”.

En un país donde se habita interiores el 90% del día, coinciden en algo que parecen repetir como mantra: el diseño mejora la calidad de vida. Y su misión,por compleja o rápida que sea la escala, es conseguirlo.

La puerta hacia la renta corta: aprender del usuario que llega y se va

A veces las oportunidades se anuncian en voz baja. Así ocurrió con la renta corta. Un amigo, un departamento, un encargo pequeño que al principio parecía solo eso… un proyecto más.

Pero había señales. Manuel venía de fabricar muebles para hotelería; Francisco había trabajado en multifamily y hostales; ambos eran usuarios frecuentes de Airbnb. La mezcla era natural. “Siempre nos llamó la atención ese rubro”, dice Manuel. “Partimos haciéndolo casi por cariño, pero empezamos a ver potencial”.

Cuando profesionalizaron el servicio, agregando indicadores de aumento de ocupación, análisis de retorno y estrategias específicas para plataformas, se abrió una puerta. “Las empresas se están dando cuenta. Hoy, la foto es clave. La foto vende”, dice Manuel sin rodeos.

Y detrás de esa foto hay elecciones que no son casuales. Camas cómodas, sofás duraderos, sillas que sirven para comer y trabajar, arte bien colocado, cortinas que generan atmósferas, y detalles inesperados que distinguen un espacio del resto de la torre.

Francisco lo explica con claridad quirúrgica: “El desafío es la duplicidad. El inversionista quiere rentabilidad, pero también quiere ocuparlo. Hay que diseñar algo que funcione para ambos. Con recursos limitados y en tiempos ridículos”.

Los tiempos son parte de la épica. “Si me dan seis meses, te lo hago espectacular. Pero estos proyectos hay que hacerlos en dos semanas”, dice Manuel entre risas. En ese margen, no hay espacio para teorías: se decide, se coordina, se instala.

Allí aparece una de las cualidades más interesantes del estudio: la creatividad presupuestaria.

“No es creatividad de revista”, dice Francisco. “Es creatividad real. Es cómo hacer algo memorable con pocos recursos. Hemos puesto cucharas de palo en una pared y queda increíble. Y cuesta 600 pesos cada una”.

Las administradoras lo corroboran, cuando Duma interviene un departamento, la ocupación mejora. “Y es el mismo departamento”, dice Francisco. “Exactamente el mismo”.

Interiores que se mueven y espacios que cambian la vida

Aunque la renta corta se ha convertido en una de sus áreas más activas, Duma no es un estudio monotemático. La oficina se mueve con soltura entre cocinas a medida, muebles especiales, tiendas, restaurantes, oficinas corporativas y proyectos residenciales.

“Partimos fuertemente desde el interiorismo”, cuenta Francisco. “Habilitaciones rápidas, remodelaciones, retail. Ese dinamismo nos encanta”. Los proyectos suelen durar entre cuatro y seis meses: lo suficiente para desarrollarlos con rigor, lo suficiente para que no pierdan energía.

Esa intensidad es parte de la cultura interna. “Nos cuesta tener un lunes igual a otro lunes”, confiesa Manuel.
“Hay semanas caóticas, pero entretenidas. Muy variadas”.

En sus proyectos de retail, la iluminación técnica y la experiencia espacial cumplen un rol central. En los residenciales, la mezcla entre diseño cálido, riesgo controlado y detalles artesanales les permite distanciarse de lo genérico. En todos, el objetivo es el mismo: crear espacios que funcionen, que duren, que mejoren la vida de quien los habita.

Porque si algo repiten con convicción es que la arquitectura —la suya, al menos— sucede en el interior, donde las personas realmente están.

Cómo definen su propio estudio

Les pedimos definiciones. Francisco responde primero.

“Dinamismo. Velocidad. Es impresionante lo rápido que cambia todo acá”.

Manuel lo mira, se ríe, duda unos segundos.

“Diseño que funciona. Diseño funcional. Esto de mezclar la oficina muy de diseño con la rapidez y el tecnicismo del retail. Eso nos define”.

Y probablemente tengan razón. Duma es ambas cosas: diseño y velocidad, sensibilidad y rigor, creatividad y método.

Hay estudios que aspiran a volverse enormes. Duma no.

“Nuestra idea es ser siempre boutique, con una escala manejable. Poder estar encima de lo que pasa”, dice Francisco.

Aun así, quieren crecer en áreas específicas: fortalecer el equipo, abrir líneas de negocio claras, consolidar la logística interna y expandirse fuera de Chile.

Porque el estudio ya opera —y seguirá operando— más allá de Santiago. “Tenemos clientes en regiones, proyectos en Buenos Aires, conexiones con Madrid. Queremos que este diseño pueda viajar. No necesariamente construir allá, pero sí desarrollar todo lo conceptual”.

Ese es, al parecer, el sueño común: traspasar el sello Duma a distintas geografías sin perder lo esencial.

Manuel lo dice desde una honestidad que lo caracteriza: “Nada de esto se puede hacer sin clientes que crean en la visión. Si no hay gente que confía, no hay oficina. Y nos interesa crecer con ellos, verlos crecer también”.

Francisco complementa desde otra sensibilidad.

“Queremos poner en escena al diseño chileno. Que los artesanos, los oficios, los creadores locales aparezcan en los proyectos. Que la gente pueda habitar eso”.

Duma Design es una oficina construida desde la experiencia, la intuición y el rigor. Una oficina que entiende que los espacios no son un lujo, sino una herramienta concreta para vivir mejor. Que el diseño, cuando es honesto, puede mejorar un negocio, una casa, una estadía de tres noches o la rutina de un lunes cualquiera.

También es un estudio que mira al futuro sin ansiedad: con proyectos que cruzan fronteras, clientes que vuelven una y otra vez, y un método que ha demostrado funcionar tanto en un restaurante corporativo como en un departamento de 30 m².

Porque al final, como dice Manuel, “la gente habita interiores todo el día. ¿Cómo no preocuparse de eso?”. Y como agrega Francisco, con esa mezcla de técnica y sensibilidad que lo caracteriza: “Un buen diseño puede cambiar tu calidad de vida. Y nosotros estamos acá para hacerlo posible”.

La historia de Duma no es una historia de ambición desmedida, sino de proyección consciente: crecer lo suficiente, crear con atención, construir espacios que respondan a la vida real. Espacios que acompañen, que reciban, que funcionen.

Un diseño que se mueve, que observa, que aprende. Un diseño —como ellos dicen— que funciona.

fotografías: gentileza Duma Studio y @nicoletelier

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