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Elora Proyectos: Al ritmo de un pájaro carpintero

Oct 4, 2025 | Reportajes | 1 Comentario

Desde la conversación inicial hasta la entrega final, Elora Proyectos propone una forma distinta de habitar la remodelación: honesta, ágil y cercana. Inspirados en la agilidad de la naturaleza, remodelan y diseñan espacios con la misma fuerza paciente de un golpe sobre la madera.

Elora Proyectos es una empresa joven que nació casi por azar, pero que hoy se ha consolidado como un espacio donde la arquitectura, el diseño y la construcción conviven de manera natural. Fundada por Carmen Raczynski y José Joaquín Simón, a quienes más tarde se unió María Paz Simón, la firma ha sabido construir su propio camino con un sello claro: cercanía, compromiso y transparencia en cada etapa del proceso.

Desde remodelaciones residenciales hasta proyectos comerciales, pasando por la mantención y el diseño mobiliario, su trabajo se sostiene en una premisa simple y potente: estar presentes.

No solo diseñan y planifican, también se ensucian las manos en la obra, acompañando a los clientes y a los equipos en cada detalle. Esa manera de entender la construcción los ha diferenciado en un mercado competitivo y les ha permitido crecer sin perder lo esencial: una relación de confianza que se construye tanto como los espacios que entregan.

El inicio inesperado

“Partió de una conversación completamente random”, recuerda entre risas Joaquín. Carmen le había escrito un mensaje por un dato, y él, justo en ese momento, estaba dejando su trabajo. “Te juro que era algo que tenía que pasar», confirma.

Esa chispa azarosa terminó convirtiéndose en el origen de Elora Proyectos, una empresa que hoy se mueve con naturalidad entre la arquitectura, el diseño y la construcción.

Lo que iba a ser una pequeña iniciativa de muebles a medida pronto mutó en algo más ambicioso. “Nos juntamos y llegó nuestro primer cliente que nos pidió al tiro la remodelación de su quincho”, agrega Joaquín.

Ese proyecto inicial fue el puntapié de una serie de encargos que comenzaron a crecer en escala e intensidad. A poco andar, Elora ya estaba asumiendo remodelaciones completas, sumando el mobiliario y el interiorismo como parte esencial de su propuesta.

“Yo soy arquitecta, y desde un comienzo quise que cada detalle quedara resuelto”, apunta Carmen. Ella ocupa el rol de gerente de proyectos, a cargo del diseño y de la precisión técnica que sustenta cada obra.

Joaquín, diseñador industrial de profesión, asumió la gerencia general y el vínculo directo con clientes y equipos en terreno. Y un poco más tarde se sumó María Paz Simón, diseñadora y hermana mayor de Joaquín, para hacerse cargo del marketing y el universo digital.

La triada quedó completa: creatividad, gestión y comunicación. Tres miradas que, aunque distintas, se complementan para sostener el sello de Elora.

Raíces que se heredan

La relación de Joaquín con la construcción no partió en la universidad. “Mi papá es arquitecto, siempre me llevaba a la obra, me subía en los andamios, ayudaba a los maestros. De chico estuve metido en eso”, recuerda. La pasión por el hacer y la obra se transformó en una especie de herencia.

Carmen, en cambio, provino de una familia donde el arte y la manualidad eran parte de lo cotidiano. “Mi mamá nos hacía hacer diferentes manualidades y actividades relacionadas con el arte … siempre estuve ligada a lo creativo. Cuando entré a la universidad empecé a aprender nuevas técnicas de trabajo. Al principio dejaba la embarrada, pero así fui agarrándole gustito a las herramientas”, confiesa.

En María Paz, la inclinación también surgió desde temprano. “Todos en la familia estábamos vinculados a este mundo creativo. Para mí era natural”, comenta. Y aunque su rol actual no está en la obra misma, su mirada estratégica fue clave para darle forma a la identidad visual y comunicacional de la empresa.

Presencia en la obra

Uno de los aspectos que más destacan los clientes es la cercanía real de los socios. “No somos de esos arquitectos que van una vez al mes con casco blanco. Estamos ahí, en la obra, constantemente”, explica Joaquín.

Carmen complementa: “Nos han dicho varias veces que les gusta nuestra manera de solucionar. Si algo se complica, lo conversan directamente con nosotros. Nosotros nos llevamos el mal rato, no ellos”.

Esa presencia activa se traduce en un acompañamiento de principio a fin: desde la primera conversación con el cliente hasta la limpieza final de la obra. “Nos encargamos de todo: diseño, presupuesto, construcción y entrega. Lo entregamos listo para que lo vivan”, añade Carmen.

Además, no es raro verlos con las manos en la masa. “De repente estamos con el martillo, cargando sacos o moviendo cajas de cerámica. Trabajamos mucho a la par con los maestros”, apunta Joaquín. Esa manera de involucrarse rompe jerarquías y genera un ambiente de confianza en los equipos.

Un proceso creativo compartido

Cada proyecto comienza con una conversación. “Siempre partimos conociendo el dolor del cliente. Entender qué es lo que le molesta hoy de su espacio, qué quiere cambiar”, explica Joaquín.

Luego, Carmen entra en escena. “Yo les pido que me digan lo que sí o sí quieren incluir y lo que no puede estar. También les pido fotos de referencia. La gente habla mucho, pero cuesta imaginarse los espacios. Con cinco o diez imágenes ya podemos construir un lenguaje común”, detalla.

Sobre esa base, Carmen desarrolla propuestas en 3D para que los clientes puedan visualizar su futuro espacio. “Algunos quieren ver hasta el tirador del cajón, otros confían completamente. Ahí uno se adapta”, comenta.

Joaquín suele estar presente en la etapa conceptual y luego Carmen refina los detalles. “Es un trabajo bien compartido”, concluye.

La flexibilidad frente al estilo es otro sello. “Nos adaptamos a cada cliente. La gracia es que ellos son quienes van a vivir el espacio”, dice Carmen. Y agrega: “El diseño es un diálogo constante, no una imposición”.

El equipo humano

Elora ha construido poco a poco un equipo de maestros y colaboradores que se ha transformado en un pilar. “Encontramos gente muy comprometida y trabajadora, con la que da gusto trabajar. Al final, se ganan el corazón de los clientes, que terminan invitándolos a tomar café”, comenta Joaquín.

María Paz lo sintetiza así: “Ellos no son los típicos jefes que dan instrucciones y se van. Están al lado, en el barro, igual que los maestros. Y eso genera una dinámica distinta, mucho más colaborativa”.

Identidad en transformación

Con la llegada de María Paz, la empresa vivió un proceso de cambio de imagen radical. “Pasamos de un logo de edificio a un pájaro carpintero. Queríamos salir del cliché de las constructoras con casitas o edificios”, explica.

El carpintero, además de ser un ave chilena, se convirtió en metáfora de la agilidad y eficiencia de Elora. “El carpintero arma su nido por dentro, rápido y bien hecho. Es un pájaro formado por triángulos, con un diseño limpio y arquitectónico. Nos representaba en todo sentido”, detalla María Paz.

El cambio no fue simple. “Fue un proceso largo, casi obsesivo, pero logramos un resultado que sentimos propio. Hoy el logo transmite agilidad, cercanía y un espíritu distinto en el mundo de la construcción”, cuenta.

Transparencia, compromiso y agilidad

Cuando se les pregunta por el sello de la empresa, los tres coinciden en algunas palabras clave: transparencia, compromiso y agilidad.

“Para mí es fundamental la transparencia y la flexibilidad. Si yo me equivoco, no te voy a cobrar más. Y si quieres cambiar algo, lo conversamos”, afirma Carmen.

Joaquín agrega: “Estamos presentes. Los clientes saben que, si algo pasa, respondemos rápido. No aplazamos las cosas. Esa agilidad ha sido muy valorada”.

María Paz lo resume como un árbol con ramas que se expanden: compromiso, honestidad, agilidad. Tres ejes que se entrelazan y definen la esencia de Elora.

Remodelar como desafío

A diferencia de otras constructoras que aspiran a proyectos de gran escala desde cero, Elora pone el foco en la remodelación. “Es más desafiante darle una nueva vida a un espacio que ya existe. Eso es lo que más nos gusta”, explica Joaquín.

El equipo busca consolidarse en ese ámbito, con especial interés en locales comerciales y restaurantes. “Nos encantaría tener nuestra firma en distintos espacios de la ciudad. Que la gente reconozca que hay un trabajo de Elora detrás”, agrega.

“No queremos ser un Retail que está en todas partes. Queremos seguir siendo cercanos, manteniendo el trato directo con los clientes y con los maestros. Eso no lo podemos perder”, completa Carmen.

La mantención

Otro servicio que valoran especialmente es la mantención. “No mucha gente lo hace, y a nosotros nos fascina. Nos gusta acompañar a los clientes en el tiempo, no solo entregar un proyecto y desaparecer”, indica Joaquín.

Un ejemplo es el colegio de las Ursulinas, donde han trabajado en la recuperación de espacios que llevaban décadas sin intervención. “Es muy gratificante ver la evolución. Pasamos de arreglar problemas urgentes a hacer mantenimiento preventivo. Eso habla de una relación de largo plazo”, añade.

Por otra parte, hoy Elora cuenta con oficina propia en el sector de La Dehesa, un lugar diseñado y armado en conjunto por el equipo. “Es importante tener un espacio donde recibir a los clientes, donde se sientan acogidos y puedan ver que también cuidamos nuestro propio entorno”, explica Carmen.

Ese lugar simboliza el paso de ser una idea espontánea a consolidarse como empresa con rostro, identidad y permanencia.

Proyectar el futuro

Elora mira hacia adelante con entusiasmo. “Queremos estar llenos de proyectos, siempre remodelando, siempre activos”, señala Joaquín.
El sueño no es crecer ilimitadamente, sino profundizar en aquello que los define: cercanía, compromiso y creatividad aplicada a transformar espacios. “Lo nuestro es estar ahí, cara a cara, poner nuestras manos en la obra”, asegura Carmen.

María Paz lo resume desde la comunicación: “Queremos que Elora sea reconocida por la experiencia que genera. No solo entregamos un proyecto terminado, entregamos confianza y acompañamiento”.

En un mundo donde remodelar puede ser un dolor de cabeza, Elora propone un camino distinto: honesto, transparente y cercano. Cada proyecto se convierte en un proceso compartido, donde el cliente no solo obtiene un nuevo espacio, sino también la certeza de haber estado acompañado en cada paso.

Como el carpintero que arma su nido con precisión y cuidado, Elora diseña, construye y entrega lugares listos para ser habitados. Espacios que reflejan la vida de quienes los ocupan y el compromiso de un equipo que entiende la obra como un trabajo colaborativo.

Porque remodelar es más que cambiar un espacio: es reinventarlo. Y en ese viaje, Elora invita a dar el primer paso, a conversar, a imaginar juntos. El resto lo hacen ellos.

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1 Comentario

  1. Maria

    Buenisima me encanto el reportaje a Elora

    Responder

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