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Entre la lluvia y el bosque: Cómo Nordhaus  transformó la idea de lo prefabricado

Sep 3, 2025 | Arquitectura, Destacados | 0 Comentarios

La empresa fundada por Juan Andrés Covarrubias, junto a Sebastián Browne y Tomás Reinike, propone un sistema constructivo rápido, eficiente y profundamente personalizado, capaz de transformar la idea de lo que significa vivir en el sur. Inspiradas en la arquitectura nórdica y adaptadas al paisaje chileno, las casas de Nordhaus combinan diseño minimalista, rapidez en la ejecución y la calidez de la madera. Con techos de 40 grados, paneles de aislación reforzada y un sistema llave en mano en solo seis meses, esta compañía desafía la lógica de la construcción tradicional e invita a una nueva forma de habitar.

En el sur de Chile, donde las montañas se reflejan en lagos cristalinos y la lluvia marca el pulso de la vida diaria, surgió una empresa que decidió desafiar la tradición de lo prefabricado. Nordhaus no construye casas en serie: crea hogares pensados para quienes buscan rapidez, confianza y belleza en un mismo proceso.

“Lo que más me importa es que la gente entienda que nuestras casas son rápidas, sí, pero también personalizadas y con un diseño superior”, afirma Juan Andrés Covarrubias Alcalde, constructor civil, fundador y gerente comercial de la empresa. Su relato combina la experiencia técnica con la sensibilidad de quien eligió mudarse al sur para estar más cerca de la naturaleza y de un nuevo paradigma en la construcción.

Un constructor marcado por la historia familiar

El camino de Juan Andrés hacia la construcción estuvo marcado por una herencia poderosa. Su abuelo, Arsenio Alcalde, fue un connotado constructor civil y presidente de la Cámara Chilena de la Construcción. “Yo tuve una relación increíble con él. Era un tipo muy querido, no solo por su profesionalismo, sino por su humanidad. Todos mis profesores en la Escuela de Construcción de la Católica lo recordaban con cariño, me invitaban a almorzar con él. Sentía que no solo construía obras, también construía comunidad”, recuerda.

Esa impronta lo llevó a estudiar Construcción Civil en la Pontificia Universidad Católica. “Siempre me fascinó el proceso de levantar algo desde cero. Ver cómo en el terreno vacío empiezan a crecer muros, cómo de pronto aparece un techo, cómo al final se convierte en un hogar. Esa magia de la transformación es lo que me atrapó de la construcción”.

De Santiago a Villarrica: un cambio de vida

En 2018, tras años de trabajo en grandes constructoras, Juan Andrés decidió dar un giro radical: mudarse con su familia a Villarrica. “Buscaba calidad de vida, un ritmo distinto, que mis hijos crecieran corriendo entre árboles y no solo entre autos. Fue mi primera aventura como emprendedor. Siempre había sido empleado, y de pronto estaba independiente, enfrentando el desafío de crear mi propio camino”.

Ese cambio lo conectó con Sebastián Browne, arquitecto, y Tomás Reinike, ingeniero civil.

“Con Sebastián empezamos a conversar de que el mercado ya no estaba para proyectos eternos ni muy costosos. La gente quería rapidez, pero también diseño. Queríamos romper la idea de que una casa prefabricada era algo feo y provisorio. Tenía que ser rápida, sí, pero también bonita, bien pensada, un reflejo del cliente”. Así nació Nordhaus en 2021. Ese mismo año levantaron la primera casa, dando inicio a un modelo constructivo que hoy recorre el sur.

El desafío de reinventar la prefabricación

Juan Andrés conocía desde 2015 los paneles SIP, muy utilizados en construcciones rápidas. Pero en Nordhaus desarrollaron un sistema propio que entrega mayor aislación y robustez. “Cuando me preguntan si hacemos casas con panel SIP, yo digo que no, que hacemos algo mejor. Los nuestros tienen capas adicionales que aumentan el aislamiento térmico y acústico, lo que en el sur, con lluvias intensas y temperaturas bajas, hace toda la diferencia. El panel SIP es muy bueno, pero nosotros fuimos más allá. La clave es estar siempre un paso adelante”.

Los tabiques —interiores y exteriores— se fabrican en planta, bajo condiciones controladas. “Eso asegura precisión y calidad. Cada panel es medido, aislado y reforzado antes de llegar al terreno. Mientras tanto, en obra hacemos el radier de hormigón. Esa simultaneidad es lo que nos permite ganar meses en el proceso. Es un engranaje perfecto”.

En términos de tiempos, el resultado es radical: una casa de 150 m² puede estar lista en apenas cinco meses. “El cliente llega con su idea, yo lo escucho, le muestro modelos base y desde ahí empezamos a personalizar. Siempre mantengo ciertos parámetros, como el ancho de la casa o la pendiente del techo, pero dentro de ese marco las posibilidades son infinitas. Cada casa tiene ese 1% único que la hace irrepetible”.

El estilo nórdico en el sur de Chile

El nombre Nordhaus refleja la inspiración que guía el proyecto: la arquitectura de los países nórdicos, reinterpretada para el paisaje chileno. Allí, el clima extremo obliga a diseñar con inteligencia. “Las pendientes de los techos son de 40 grados, no 35 ni 45. Esa inclinación no es un detalle estético: optimiza la entrada de sol en invierno, regula la temperatura en verano y mejora la recirculación del aire. Es una geometría estudiada, que hace que la casa sea más eficiente y agradable de habitar”.

Las casas se reconocen por sus volúmenes simples y minimalistas, sin aleros tradicionales. “En Chile estamos acostumbrados a casas con techos recargados, con cortes y torres. Lo nuestro es distinto: un volumen limpio, con ventanas altas que bañan de luz el interior. Un espacio simple, pero lleno de calma. Es como un granero elegante, un refugio que conecta con la naturaleza”.

En medio de los bosques de Villarrica, en la bruma que cubre los lagos del sur, estas casas parecen dialogar con el entorno. “No queremos imponer un objeto extraño en el paisaje, sino prolongar la belleza que ya existe. Que la casa sea parte del bosque, de la lluvia, del viento. Que el habitar se sienta natural”.

La madera como protagonista

En cada casa Nordhaus la madera es el corazón. Desde la estructura hasta los cielos, todo está pensado para que este material noble sea protagonista. “No usamos volcanita ni recubrimientos que escondan la madera. Queremos que esté presente, que se sienta, que tenga olor, textura, que acompañe la vida diaria. La madera no solo construye, también transmite calidez”.

El piso, en cambio, se resuelve con un radier de hormigón. “El hormigón da solidez y conecta con la tierra. Además, tiene una terminación artesanal. Cada radier es distinto, con manchas y matices que dependen de la mezcla, de la época del año, de la humedad del ambiente. Es una imperfección perfecta. A la gente le encanta porque sabe que nadie más tendrá un piso igual”.

En el exterior, las viviendas se revisten con acero prepintado, de mantención mínima y gran resistencia. También han incorporado madera termotratada, que al ser secada a más de 200 grados cambia su composición molecular, volviéndose más duradera y resistente al agua. “Queremos que nuestras casas sigan siendo bellas después de décadas de lluvias, vientos y soles. Que envejezcan con dignidad, como los árboles que las rodean”.

El proceso que asegura confianza

Construir con Nordhaus es vivir un proceso claro y seguro. Todo comienza con una conversación en que el cliente expone sus sueños: dormitorios, terrazas, quincho, escritorio. Desde ahí, el equipo propone un modelo base y lo adapta. “El cliente siente que está diseñando su casa conmigo. Decidimos juntos hasta dónde irá cada enchufe o cada interruptor. Eso genera una sensación de pertenencia inmediata. No es mi casa, es nuestra casa”.

Mientras tanto, los tabiques se fabrican en planta y el radier avanza en el terreno. Cuando llega el momento del montaje, la casa crece como si brotara de la tierra. “Por eso podemos entregar en seis meses lo que en un sistema tradicional demora dos años. Es una diferencia abismal. Y lo hacemos con precisión y sin el riesgo de sobrecostos o plazos eternos”.

La postventa también forma parte del sello. “Si una puerta se aprieta o si hay una gotera, tenemos un equipo que responde. Para nosotros la relación no termina con la entrega de la llave. Queremos que el cliente sienta que siempre estaremos disponibles”.

Proyectos y futuro

En pocos años, Nordhaus ha sembrado huella en gran parte del sur de Chile: desde San Carlos, en Ñuble, hasta Chiloé, pasando por Villarrica, Pucón, Puerto Varas y Castro. Los modelos varían entre 137 y 350 m², cada uno con identidad propia. “Ninguna casa es igual a otra, aunque todas tengan nuestra firma. Esa es nuestra mayor satisfacción: cada cliente habita un lugar único”.

El futuro ya se proyecta con fuerza. La primera novedad es Weghaus, una línea de casas entre 60 y 120 m², más pequeñas y económicas, totalmente fabricadas en planta y ensambladas en el terreno. “Será una Nordhaus en miniatura, con el mismo diseño, pero pensada para quienes buscan una alternativa más accesible. Es un mercado gigante que queremos atender”.

La segunda gran apuesta es la expansión hacia la zona central, con un modelo mediterráneo adaptado a su clima y estética que lleva el nombre de Meerhaus. “En Santiago o en el litoral central no se necesitan techos de 40 grados.
Allí funcionan volúmenes más horizontales, con otra lógica. Queremos mantener la rapidez y la personalización, pero con una estética que dialogue con ese territorio. Es llevar el sello Nordhaus a todo Chile”.

Una invitación a habitar distinto

Nordhaus no solo construye casas. Invita a repensar la manera de habitar. Construir no tiene por qué ser un proceso interminable, lleno de incertidumbres y sobrecostos. Tampoco tiene que ser la repetición de un modelo sin alma. “Nuestro sello es simple: personalización, rapidez y diseño. Eso hace que cada cliente diga con orgullo: esta es mi casa. Y ese momento es impagable”, resume Juan Andrés.

En un sur que cada invierno se viste de bruma y cada verano brilla con verdes intensos, Nordhaus propone hogares que son refugio y a la vez ventana al paisaje. Casas modernas, cálidas y funcionales, que no compiten con la naturaleza, sino que la acogen. Una invitación a construir no solo un espacio, sino un modo distinto de vivir.

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