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Isidora Bauerle: la persistencia de una sensibilidad

Oct 3, 2025 | Destacados, Interiorismo, Reportajes | 0 Comentarios

Fundadora y directora de Estudio IB, Isidora Bauerle ha construido un camino que transita entre la arquitectura, el maquillaje y el interiorismo con una mirada renovada. Hoy conduce un estudio a escala humana, donde cada proyecto se convierte en un relato íntimo entre materiales nobles, colores serenos y espacios pensados para ser realmente vividos

Desde niña, Isidora Bauerle supo que lo cotidiano tenía matices y profundidad. Mientras muchos reparaban solo en los objetos, ella observaba la sombra que proyectaba un jarrón, el trazo de luz sobre el filo de una mesa, el roce del sol en el vidrio de la ventana. Esa sensibilidad —ligera, casi imperceptible— la acompañó incluso antes de que se definiera profesionalmente.

Hoy, al recorrer el portafolio de Estudio IB, ese gesto se hace visible: cada rincón parece contar algo que no está dicho explícitamente, elementos que dialogan, combinaciones que respiran. En esta travesía profesional, Isidora ha convertido su modo de mirar en una herramienta confiable —tan íntima como meticulosa— para construir espacios que reflejan alma y buscan generar refugio.

Este reportaje es un intento de caminar tras esa mirada: reconstruir su historia, entender los mecanismos de su método, asomarse a su sensibilidad y vislumbrar hacia dónde apunta. En las siguientes páginas aparecen sus propias voces, sus certezas, sus dudas y el guion de un estudio que busca hacer suyos los sueños de otros.

Infancia, oficios y búsqueda

Isidora recuerda su infancia como un espacio fértil en creatividad. “Siempre me gustó todo el tema artístico, mi vida siempre ha estado ligada a la creatividad”, comenta. Creció en un entorno donde la sensibilidad estética era parte de lo cotidiano: su tío era mueblista, su abuela pintaba y otro de sus tíos era publicista. En ese ecosistema doméstico, los materiales, los colores y las texturas estaban a mano, esperando ser explorados.

“Yo siempre estaba haciendo manualidades. Bueno, hasta el día de hoy me encantan. Siempre me gustó el tema del diseño, la arquitectura. En ese sentido, agradezco mucho que mi mamá me dejó explorar. Por ejemplo, una vez pinté mi pieza verde limón con calipso. Me dio mucha libertad, no sé si yo dejaría que mis niños hicieran algo así”, confiesa entre risas.

Esa libertad se transformó pronto en una pulsión: mover muebles, cambiar adornos, renovar decoraciones del árbol de Navidad cada cierto tiempo. La inquietud creativa nunca se detuvo.

De niña le fascinaba ir a museos, ver exposiciones de arte, instalaciones, obras de teatro. Todo aquello que tuviera que ver con expresión, con narrativa visual, la atraía. Con el tiempo, esa sensibilidad se canalizó hacia la arquitectura, carrera que eligió con decisión y que estudió en la Pontificia Universidad Católica de Chile, para luego complementar con un intercambio en Portugal. Sin embargo, el camino hacia el interiorismo no fue inmediato ni lineal.

“Siempre tuve ganas de estudiar arquitectura. Fue mi primera opción”, recuerda. Aunque en algún momento tanteó otras alternativas, la atracción por el diseño de espacios fue más fuerte. La universidad, sin embargo, no fue sencilla. “Era una relación un poco de amor y odio. Me gustaba, me iba bien, pero había ramos que simplemente quería botar. Al final nunca lo hice, pero después del título terminé bien agotada”.

En paralelo, mientras finalizaba sus estudios, comenzó a formarse en maquillaje: social, teatral y editorial. Pronto esa disciplina se convirtió en una pasión y en un oficio. “Tenía mi agenda completa de novias. Entonces dije, ya, me voy a tomar un año sólo para maquillar, que me encantaba también, y descansar de la arquitectura… Ese año terminaron siendo tres”.

La maternidad fue el punto de inflexión. “Cuando nació mi primera hija, entre que me daba susto que después fuera muy tarde para retomar, y no quería dejar de lado mi carrera, que en verdad me gustaba. Siempre quise volver, sólo no sabía bien cómo. Porque no me veía haciendo casas, pero me gustaba mucho todo lo que se veía de la casa. No tanto la parte más técnica de la arquitectura, de la estructura, de los planos. Y me di cuenta que esta vuelta de tuerca que le di me hacía mucho sentido. Decidí seguir por el camino del interiorismo y decoración”.

Pilotos inmobiliarios: escuela de color y flexibilidad

El retorno a la disciplina se dio a través de proyectos de pilotos inmobiliarios. Esa etapa, que pudo haber sido rígida, se convirtió en un aprendizaje crucial. “Agradezco mucho mi etapa de los pilotos», explica.

Los encargos solían ser muy específicos: diferenciarse del piloto entregado el mes anterior, cambiar drásticamente las gamas cromáticas, proponer ambientes poco convencionales. “Quizás yo no habría propuesto cosas así, porque soy de una línea mucho más tranquila, acogedora, neutra quizás. Pero trabajar ahí con Macarena Sáenz, una amiga que tiene un manejo increíble del color y conceptos de diseño también me ayudó mucho. Hoy día me siento super preparada y cómoda trabajando con el color, he logrado incorporarlos de una manera que me hace mucho sentido cada vez que un cliente así lo requiere”.

Incluso en esa aparente arbitrariedad, logró imprimir un sello propio. “Siento que podía plasmar mi sello en los pilotos. Aunque fuera verde, igual tú lo ves y se ve un lugar tranquilo.” La tranquilidad, el sosiego y la armonía visual empezaron a consolidarse como ejes de su estética.

Un ejemplo: un dormitorio infantil donde, por encargo, debía incorporar legos. “Jamás le propondría a un cliente pegar unos legos en la pared. Pero el encargo era que al niñito le gustaban los legos. Entonces dije ya hagamos algo distinto, pero que igual me parezca atractivo, cosa que muchas veces no me pasa cuando veo proyectos temáticos de ese estilo.” La clave estaba en encontrar la vuelta: responder a lo solicitado sin perder autenticidad.

Una estética calmada, vivible y atenta al detalle

Con el paso del tiempo y la apertura hacia clientes particulares, Isidora consolidó un estilo personal. “Diría que mi propuesta se basa en líneas simples, lugares tranquilos y paletas de colores relajadas. A pesar de que me encantan esos interiores impolutos e intocables, lo que más me interesa es que los espacios se puedan vivir, que inviten a usarlos y que sean honestos con la vida real”.LLa maternidad, nuevamente, aparece como un lente transformador. “Creo que la maternidad me ha ayudado a ver el diseño de esta manera: espacios que no solo se miren, sino que se habiten”.

En cuanto a materialidades, privilegia lo noble y lo táctil: lino, madera, fibras naturales, ratán, cerámica. “Me gusta mezclar texturas y que, a pesar de eso, el resultado sea un lugar tranquilo, sin saturación visual. Lino, madera, texturas suaves que contrasten entre sí, pero que juntas logran armonía”. Incluso el hormigón aparece como un contrapunto que aporta fuerza y carácter.

A esos materiales se suma la iluminación, entendida como un recurso de primer orden. “En los espacios que proyecto, el material más importante para mí es la luz, sobre todo la natural. Es la que le da coherencia a todo lo demás.” En decoraciones suele trabajar con lo existente, pero en proyectos de ampliación o remodelación se preocupa de que la entrada de luz y su recorrido por el espacio sean parte esencial de la propuesta.

No se trata solo de estética visual, sino de atmósfera sensorial. Los textiles, los chales, los pliegues, las superficies que invitan a ser tocadas: todo converge hacia la idea de un espacio que se vive con los sentidos, no sólo con la vista.

Patrimonio, viajes y respeto por el lugar

Su intercambio en Portugal, en el Instituto Superior Técnico, marcó su formación de manera sutil pero profunda. “Fue maravilloso. Aparte de que amo el país. Haber estado sola, viajar mucho, conocer la obra de arquitectos portugueses muy destacados. Creo que me abrió un mundo de conocer la arquitectura desde cerca”.

Allí, además de viajar extensamente por Europa, profundizó en ramos de conservación del patrimonio. “En la universidad hice muchos ramos de conservación de patrimonio y en Portugal tomé muchos ramos de esa línea. El nivel de historia que hay es muy distinto. Y es un regalo poder estudiarlo allá”.

Esa experiencia la volvió más respetuosa frente a los lugares en que interviene. “Siempre he tratado de ser muy respetuosa con los lugares que trabajo, de captar la esencia de los proyectos. Portugal me dio una visión histórica de la arquitectura. Me encanté un poco con la cosa constructiva. A mí la estructura y el cálculo no me interesaban mucho, pero cuando lo vi como herramienta al enfrentarme a un edificio lo valoré más y creo que eso se nota a la hora de plantarme frente a un proyecto».

El maquillaje como escuela de cercanía

Aunque a simple vista el maquillaje y el interiorismo puedan parecer mundos distintos, para Isidora la relación es directa. “Más que en el estilo, lo que me ha marcado de verdad fue mi relación con los clientes. Yo maquillo y peino novias y me gusta estar muy pendiente de cada detalle, que la gente se sienta en confianza conmigo. Con la mayoría de mis clientes de ambos rubros terminamos siendo amigos. Me gusta esa relación de tú a tú”.

En el maquillaje, el trabajo dependía solo de ella y esa responsabilidad directa fortaleció su capacidad de observar y de afinar el ojo. “Un gran desafío del interiorismo es armar equipo. Es muy importante tener un buen equipo para poder delegar y que tus clientes también confíen en que, si no estás tú el 100% del tiempo, porque es imposible, está tu mano en todas partes. Lograr ese equilibrio entre delegar y estar encima es clave”.

Esa sensibilidad personal, ese cuidado obsesivo por el detalle y la relación de confianza, son parte de lo que diferencia a Estudio IB. “Creo que también es algo que la gente agradece en el interiorismo”.

Gestión, costos y la práctica de resolver

Si el maquillaje enseñó a Isidora la importancia de la cercanía y la confianza, la práctica cotidiana del interiorismo la ha hecho valorar la gestión y la resolución como parte inseparable de su oficio“.

“No se trata solo de embellecer un espacio, sino también de hacerlo viable. Mucha gente cree que contratar a un interiorista es un gasto innecesario, pero la verdad es que si no tienes un plan puedes terminar gastando mucho más. Tener un objetivo claro y una estrategia de compra hace la diferencia”.

Esa mirada práctica está acompañada de una capacidad para enfrentar problemas sin retroceder. “Siempre he sido muy busquilla, de encontrar buenos datos, de buscar alternativas. No soy de las que dejan un proyecto de lado porque presenta dificultades; al contrario, me gustan los desafíos y los veo como oportunidades”.

Las anécdotas abundan: desde pilotos en Concepción montados en medio de lluvias torrenciales y casas aún sin terminar, hasta convivir con dieciocho maestros trabajando en apenas 140 metros cuadrados. “Fue una locura, pero lo tomé como parte del trabajo. Lo importante es comprometerse, buscar soluciones y no generar más problemas. Creo que esa capacidad de gestión y de adaptarme es un sello fundamental en mi práctica”.

De esta manera, el interiorismo en Estudio IB no solo ofrece un resultado estético y sensible, sino también una respuesta eficiente y concreta a las complejidades de cualquier proyecto.

Un estudio a escala humana

Hoy, Estudio IB es un equipo pequeño pero sólido. “Somos cuatro personas en total. Pienso quizá en una o dos más, pero no pienso en un gran estudio y no tengo esa pretensión. Me gusta esto del tú a tú, de estar súper presente, quiero que siga siendo un estudio abarcable por mí en todos sus ámbitos”.

La meta, más que crecer sin medida, es consolidar un espacio donde cada proyecto tenga la atención necesaria, donde la escala permita conservar la cercanía.

Manifiesto

Con Catalina Alcalde, arquitecta colaboradora del estudio con experiencia en interiorismo corporativo, sueñan con enfrentar prontamente desafíos en el área de oficinas y espacios comerciales.

“Obviamente también me gustaría hacer un hotel, todos los interioristas soñamos con eso”, dice entre risas. Pero lo cierto es que Isidora no se cierra a nada. “Soy de esas personas que se motivan con cualquier proyecto, desde decorar una mesa hasta remodelar una casa entera. Me puedo entusiasmar con los mínimos detalles de una propuesta.”

Es que la historia de Isidora Bauerle es un poco así, la de una sensibilidad que se ha ido afinando en cada etapa: la infancia creativa, la disciplina de la arquitectura, la cercanía aprendida en el maquillaje, la experiencia del color en los pilotos, la maternidad como nuevo lente y la gestión como herramienta de oficio.

Isidora diseña espacios donde la luz, la calma y los materiales nobles se encuentran con una actitud flexible y resolutiva. El interiorismo de Estudio IB no busca congelar un momento fotográfico, sino acompañar la vida en su flujo real: el sofá que se usa, la mesa donde se come, el dormitorio donde entran los niños a interrumpir una llamada. “Me gusta que los espacios se vean usados y vividos”, dice. Y en esa frase se resume todo un manifiesto.

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