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La iluminada mirada de Catalina Harasić: entre la técnica y la intuición

Sep 3, 2025 | Reportajes | 0 Comentarios

El trabajo de esta diseñadora de iluminación une experiencia académica, rigor técnico y creatividad narrativa. Desde la arquitectura gastronómica hasta los espacios públicos, su propuesta invita a repensar cómo la iluminación cambia la vida de las personas.

Catalina Harasić, diseñadora de la Universidad Católica y Magíster en Arquitectura del Paisaje, se presenta con la serenidad de quien ha encontrado en la luz su verdadero lenguaje. «Llevo diecisiete años trabajando en iluminación, siempre vinculando proyectos con la academia”, cuenta con una sonrisa que la acompaña a lo largo de toda la conversación con Rua Salón.

Su historia parece escrita a dos manos: una artística y otra matemática. “Mi familia es de ingenieros y artistas. Creo que el diseño y la iluminación tienen de ambas cosas: la rigurosidad de las matemáticas, de la ingeniería, pero también la percepción, la contemplación, la capacidad de emocionar”.

Desde pequeña encontró en el dibujo una forma de expresarse. “Ese era mi talento escolar: dibujar. Me pedían que ilustrara, que resolviera gráficamente. Desde ahí entendí que quería entrar en diseño”. Más tarde, en la universidad, un curso de iluminación cambió su horizonte. “Fue un descubrimiento. Me di cuenta de que con la luz podía mejorar la calidad de vida. En espacios públicos, por ejemplo, la iluminación devuelve la ciudad a las personas, permite que las familias se reapropien de la vida nocturna y ayuda a cambiar la percepción de inseguridad”.

Que se haga la luz

El proyecto que marcó inicio de su carrera fue el Hotel The Aubrey, en el barrio Bellavista. “El arquitecto quedó feliz, y cuando las fotos nocturnas terminan siendo la portada, sabes que la iluminación fue capaz de cambiar la forma en que se percibe la arquitectura”.

Su formación se consolidó en la prestigiosa oficina Limarí Lighting Design, dirigida por Pascal Chautard. “Aprendí a afinar la mirada. Entendí que debía buscar la iluminación no como un efecto aislado, sino como un camino para crear una atmósfera coherente. Fue un aprendizaje muy riguroso”.

El salto a la independencia llegó temprano. “Decidí tirarme a la piscina. El trabajo como profesora en la universidad, donde ya había hecho además muchísimas ayudantías, me permitía mantener un sustento, así que salí a buscar clientes. No me paralizó el miedo, al contrario: me motivó”.

La evolución de un estilo

En su trayectoria, Harasić ha colaborado con distintas socias, experiencias que moldearon su manera de diseñar. “Con una entendí la importancia de responderle a la arquitectura, de seguir sus ritmos. Antes yo me guiaba por la matemática, por los niveles de iluminación. Ella me mostró que si la grilla arquitectónica se respeta, la experiencia visual es completamente distinta”.

Con Paula Martínez, la reflexión fue otra. “En oficinas donde trabajé antes la lógica era que las luminarias no se vieran, que se iluminaran las superficies. Paula, en cambio, defendía que algunas luminarias debían mostrarse porque son íconos de diseño, piezas atemporales que dan carácter. Esa tensión me marcó mucho”.

Hoy su mirada es flexible, adaptativa. “Cada proyecto tiene que subir la vara. Hemos trabajado con reutilización de luminarias, con circularidad, con sustentabilidad. No hay fórmulas únicas: la luz debe responder a cada lugar, a cada persona”.

Inspiraciones en movimiento

Más que en manuales técnicos, Harasić encuentra inspiración en el cine y la animación. “De chica me marcó Akira. Hoy disfruto las escenas subacuáticas de Moana, que son una maravilla. Y sigo admirando la estética de Star Wars, que aún no ha perdido vigencia visual”.

También cita a Kubrick. “Barry Lyndon es una locura. Escenas filmadas sólo con velas, hasta hoy no se ha podido reproducir algo así. Esa estética me conmueve profundamente”.

En su mirada, la iluminación no sólo es herramienta técnica: es relato visual. “El cine y la animación me enseñan que la luz también puede ser información, emoción, narrativa. Esa es la riqueza del oficio”.

Arquitectura gastronómica:complicidad creativa

Una parte importante de su presente la comparte con su marido, el arquitecto Francisco Mizón Seguel, uno de los socios fundadores de Diagrama, estudio especializado en arquitectura, diseño de retail gastronómico e interiorismo.

“Juntos hemos trabajado en restaurantes donde cada detalle es crucial para la experiencia de de las personas”.

Un caso emblemático fue Krossbar Factoría, donde, por ejemplo, convirtieron antiguos barriles en luminarias. “El espacio era un volumen de hormigón de cinco metros de altura. Buscamos hacerlo acogedor sin perder su carácter industrial. La reutilización de los barriles no era sólo estética, era un discurso de sustentabilidad que conectaba con el espíritu del lugar”.

Esa complicidad creativa es hoy una de sus mayores motivaciones. “Es un gran privilegio trabajar con él. Diseñar juntos es una forma de crecer y de disfrutar el proceso”.

La academia como conversación

Catalina dedicó más de doce años a la docencia en la Universidad Católica, en cursos de iluminación y talleres de diseño. “Mis clases eran como una conversación. Tenía treinta mejores amigos cada semestre. Conversar, escuchar, guiar, ese era mi método”.

Más que transmitir recetas, buscaba formar una manera de pensar. “A veces la academia se queda en la cita perfecta, en el autor. Pero también debemos confiar en la intuición. Siempre les decía a mis alumnos: si tu intuición está basada en un trabajo serio, síguela. Es una forma de conocimiento tan válida como la referencia teórica”.

Aunque ya no ejerce formalmente en pregrado, sigue vinculada con la academia a través de workshops y charlas. “No me despego de la enseñanza. Voy a Temuco a dictar un workshop, tengo charlas en noviembre. Para mí, enseñar es otra forma de seguir aprendiendo”.

La voz de un gremio

El compromiso de Harasić con la disciplina no se limita a la práctica o la docencia. Hoy es parte del directorio de la Asociación de Profesionales de la Iluminación de Chile. “Los cambios normativos hicieron evidente que los proyectistas de iluminación debían tener un espacio de representación. Ya somos más de 90 socios y trabajamos en mesas de normativa, capacitación, comunicación y camaradería”.

El objetivo es claro: profesionalizar y dar visibilidad a una labor que durante años fue percibida como un complemento. “Hoy la iluminación es central en cualquier proyecto. La normativa exige profesionales capacitados y que los iluminadores estén actualizándose en tecnología y tendencia, en un rubro que cambia día a día”.
La matemática de la luz

Si algo distingue a Catalina es su dominio técnico. “Me encantan las matemáticas de la iluminación: las grillas, los planos, lo geométrico, lo físico, el cálculo. La normativa me entretiene. Hay una matemática que uno hace en la cabeza antes de ir al computador, y eso permite que el proyecto nazca sólido, con bases claras”.

Pero esa rigurosidad convive con la intuición y la creatividad. “Me gusta buscar la quinta pata al gato. No quedarme en una fórmula. La luz no es sólo cálculo: es experiencia, es emoción, es relato”.

Consciente de los cambios normativos y ambientales, Catalina ve el futuro como una oportunidad. “Se vienen ajustes que apuntan a la sustentabilidad. Creo que podemos marcar tendencia mundial. Desde Chile podemos enseñar a hacer las cosas bien: con respeto, con cuidado, cumpliendo todas las exigencias. Nos tomará más tiempo, pero podemos hacerlo”.

Su sueño no es abstracto: es profundamente pragmático y visionario a la vez. “Me encantaría que Chile sea un referente, que mostremos que es posible trabajar con excelencia técnica y al mismo tiempo con cariño por los espacios y las personas”.

La luz como experiencia compartida

Al hablar de clientes, Catalina Harasić resalta la importancia de traducir la técnica en un lenguaje comprensible. “Cada cliente tiene su propio idioma. A un arquitecto le hablo en referencias técnicas; a un cliente final, le muestro imágenes, viajes, escenas. La iluminación es relato, y hay que encontrar la forma correcta de contarlo”.

Ese cruce entre lo humano y lo técnico define su práctica. “La iluminación no es sólo iluminar. Es contar una historia. Es transformar lo cotidiano en algo significativo”.

La trayectoria de esta profesional es un ejemplo de cómo la luz puede ser al mismo tiempo cálculo y poesía, rigor y juego, herramienta y emoción. Su voz recuerda que iluminar un espacio es también iluminar la experiencia de quienes lo habitan.

“Creo que podemos hacer las cosas bien, con respeto y con cariño, y aún así trabajar en un nivel de excelencia”, afirma con convicción.

Encargarle un proyecto a Catalina no es solo resolver un sistema lumínico. Es sumarse a una visión donde la luz se convierte en protagonista silenciosa de lo cotidiano. Una invitación a mirar distinto, a dejarse sorprender, y a descubrir en cada rincón una nueva forma de habitar la claridad.

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