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La revelación tras la remodelación: el mágico enfoque de Alejandra Pérez

Oct 2, 2025 | Arquitectura, Reportajes | 0 Comentarios

Esta arquitecta encontró en el sur de Chile el lugar donde fundar Dactilar Arquitectura & Construcción, una oficina que apuesta por proyectos llave en mano, integrando diseño, construcción y una mirada íntima sobre cómo habitamos los espacios, buscando, como lo indica su nombre, dejar huella.

En Puerto Varas, entre tejuelas de alerce, la lluvia interminable y el eco de casonas centenarias, Alejandra Pérez Oddershede levantó su propia manera de entender la arquitectura y la construcción. Llegó desde Santiago con una experiencia sólida en retail y dirección de obras, y en poco tiempo entendió que había un vacío: familias que necesitaban remodelar, ampliar o transformar sus casas, pero que no encontraban quién pudiera darles un servicio integral, con diseño, construcción y estética en un mismo proceso.

“Me di cuenta de que lo que faltaba era una constructora boutique, un espacio donde el cliente encontrara todo en un solo lugar, sin pasar por el arquitecto, después por la licitación y luego por la constructora. Yo quería que la experiencia fuera distinta, más humana, más integral, más cercana”, recuerda Alejandra, fundadora de Dactilar Arquitectura y Construcción.

Su historia es la de alguien que aprendió de la rapidez de los proyectos comerciales, de la disciplina de la construcción y del pulso de la vida cotidiana en el sur. Una arquitecta que se mueve con soltura entre la eficiencia técnica y el detalle estético, siempre con el ojo puesto en la experiencia de quienes habitarán los espacios.

Entre vitrinas y cascos

Alejandra estudió Arquitectura en la Universidad del Desarrollo y al poco tiempo comenzó a trabajar en empresas vinculadas al retail. Eran los años en que peluquerías y servicios tradicionales empezaban a convertirse en cadenas comerciales y a estandarizarse en locales con diseño repetido de norte a sur

“Trabajé en varias empresas relacionadas al retail, especialmente en tiendas e interiorismo. Me tocó participar en proyectos de Palumbo, Lavasecos y otras cadenas. Fue una época en que las peluquerías de barrio empezaban a convertirse en cadenas masivas y fue muy interesante ser parte de ese proceso. Había que sacar proyectos como pan caliente. Desde Arica a Punta Arenas, de repente estábamos montando tiendas a un ritmo vertiginoso. Aprendí mucho sobre cómo manejar el interiorismo desde la velocidad, los detalles y la repetición. Fue mi primera escuela real de trabajo.”

Ese ritmo, que parecía inagotable, le entregó un aprendizaje sobre el valor de los pequeños detalles: la iluminación, la elección de un material, el color justo. Elementos que podían hacer que un espacio comercial se sintiera distinto.

Pero su camino cambió cuando pasó a una constructora que trabajaba para grandes marcas. Ahí, literalmente, se puso los bototos y el casco. “Pasé de estar en oficinas de retail a la obra misma. Tuve que aprender a dirigir maestros de noche, en obras de grandes cadenas como H&M, Rockford, Caterpillar, Forus. Me encontré con un mundo totalmente distinto. De pronto, estaba en medio de la construcción pura y dura. Aprendí a mirar los materiales de otra forma: saber cuánto mide una plancha, cómo optimizar alturas y espacios, cómo lograr eficiencia de tiempo y costos. Descubrí que podía unir mis dos mundos: el del diseño arquitectónico y el de la construcción.”

Esa doble mirada, reconoce, la marcó para siempre. “El arquitecto normalmente mira desde el diseño y el constructor desde la ejecución. Yo aprendí a mirar ambas cosas al mismo tiempo. Eso hace que los proyectos se potencien, sean más eficientes y también más bellos.”

Una decisión al sur

La vida personal la llevó a mudarse al sur, específicamente a Puerto Varas. Allí, sin contactos ni una gran red, comenzó casi desde cero. Su primer proyecto independiente fue una remodelación de un baño. Desde ese punto pequeño fue levantando un camino propio.

“Partí con cosas chicas. Una remodelación de baño, una cocina pequeña. Y de a poco empecé a identificar un vacío. Había constructoras que levantaban casas completas en parcelas, porque en esa época había un boom de compra de terrenos y construcción en la zona. Pero una vez terminada la casa, esas empresas se iban y los dueños quedaban con nuevas necesidades: ampliar, refaccionar, mejorar espacios secundarios. Y ahí quedaban solos, porque la constructora ya no volvía y tenían que arreglárselas con maestros informales. Eso fue lo que me abrió los ojos: había espacio para un servicio integral.”

Fue en ese momento en que nació Dactilar, con la idea de ser una “constructora boutique”. Una oficina que no solo ejecutara, sino que acompañara todo el proceso.

“Lo que yo propuse fue algo distinto: diseño y construcción en uno. Nada de procesos largos y engorrosos. Yo misma asumía el diseño y la construcción, con la idea de entregar un buen gusto, un criterio estético, pero también eficiencia. Sin imponer, siempre armonizando con lo existente, con el contexto, con lo que había hecho otro arquitecto antes. El sur pedía otra mirada, materiales distintos, propuestas que combinaran con la naturaleza y con el clima.”

El sello que distingue

Hoy, después de años en Puerto Varas y alrededores, Alejandra reconoce que, aunque no se planteó un estilo cerrado, hay elementos que se repiten y que poco a poco se han transformado en su sello.

“El hormigón pulido es un ejemplo. Partió como una búsqueda de economía y rapidez, pero terminé descubriendo que tenía un potencial estético enorme. Según cómo se trabaja, aparece el color, la textura, el brillo justo. Hoy lo usamos en pisos, en losas, incluso en mobiliario. Hemos hecho islas de cocina en cemento, trabajadas con moldaje, y el resultado es increíble, un porcelanato gigante hecho a mano”.

Otro recurso son las vigas a la vista o las cerchas que se transforman en divisores de espacios. “En el sur, cuando desarmas un tabique, te encuentras con diagonales, pies derechos, estructuras nobles que estaban escondidas. Dejarlas expuestas genera separaciones naturales. A veces replicamos ese recurso en construcciones nuevas, incluso con vigas recicladas de casonas antiguas. Es un guiño a la tradición y una manera de darle carácter a las obras.”

La elección de materiales siempre está condicionada por el clima y el contexto. “Acá no se puede pensar solo en estética. La lluvia, el viento, el frío te obligan a buscar soluciones duraderas. La tejuela de alerce, la piedra local, la lata microacanalada… Son materiales que resisten. Y cuando los combinas con colores o texturas más contemporáneas, logras un equilibrio muy interesante.”

En ese mismo contexto también es muy importante la relación que ha logrado con proveedores como MK, Surdeco y Atika, que le permiten dar esos toques que dejan huella.

Remodelar para revelar

Aunque en Dactilar se han diseñado y construido casas desde cero, Alejandra lo dice sin rodeos: lo que más le apasiona son las remodelaciones

“Es un desafío que me encanta. Contrario a lo que muchos arquitectos y constructores prefieren evitar, yo disfruto entrar en un espacio y ver lo que otros no ven. Pensar en cómo podría transformarse, descubrir el potencial que tiene. El antes y el después es algo que me sigue fascinando. Es como magia.”

Ese amor viene de lejos. “Cuando chica, me encantaban esos programas de transformación, como Extreme Makeover. Me acuerdo de la sensación de ver un lugar y luego el cambio total. Hoy lo vivo en cada proyecto, en cada cliente que no imagina hasta dónde se puede llegar.”

Algunas anécdotas dan cuenta de esa mirada. Una clienta, por ejemplo, quería que su dormitorio se sintiera como un hotel. “No era solo construir el espacio. Tuvimos que pensar en todo: desde la lámpara y el papel mural hasta las sábanas, la alfombra y las pantuflas. El objetivo era que ella entrara y sintiera realmente que estaba en un hotel. Ese nivel de detalle es lo que hace que el cliente sienta que su espacio está completo y armonioso.”

Confianza a distancia

El perfil de quienes buscan a Dactilar es variado, pero se repite un patrón: familias de Santiago que se trasladan al sur en busca de una mejor calidad de vida.

“Hay clientes que me entregan la llave y listo. Me dicen: nos vemos en seis meses. Todo el proceso lo seguimos por fotos, reportes de avance, conversaciones online. Es un lazo de confianza muy fuerte. No se trata de entregar una obra a medias, sino un proyecto integral, llave en mano, listo para habitar. Con lámparas, mobiliario, alfombras… todo.”

Esa confianza también se da en el trabajo con otros arquitectos. “Me gusta mucho construir para otros colegas. Ellos valoran que el constructor sea arquitecto, porque entiendes sus planos, su lenguaje. Puedes anticipar un problema de diseño y proponer soluciones sin entrar en competencia, sino con respeto. Eso genera proyectos mejores.”

Mujeres en obra

Abrirse paso en la construcción, un rubro mayoritariamente masculino, no fue sencillo. Alejandra lo recuerda con claridad.

“El mayor desafío fue emprender como mujer. No solo tenía que competir, sino también dirigir equipos de hombres, dar confianza en un rubro que no está acostumbrado a mujeres al mando. Los primeros años fueron duros. Pero con el tiempo fui armando mi equipo, probando maestros, filtrando hasta quedarme con quienes realmente compartían mis estándares. Hoy tengo un equipo estable y confiable. Eso da tranquilidad a mí y al cliente.”

Esa persistencia le permitió consolidar un modelo en que los dolores de cabeza —el maestro que no llega, el material que falta, el detalle que no se resuelve— ya no recaen en el cliente. “Yo me hago cargo de todo. El cliente no tiene que estar comprando tornillos ni corriendo detrás de proveedores. Esa es la diferencia.”

Lo que vendrá

Al mirar hacia adelante, Alejandra proyecta la continuidad de un camino que mezcla diseño y construcción con la capacidad de reciclar lo existente.

“Para mí, las remodelaciones son un reciclaje. Y lo digo en el mejor sentido: darle otra vida a algo que ya existe, transformar lo que parecía limitado en algo nuevo. Es como en la ropa: siempre es más fácil comprarte algo nuevo, pero lo valioso está en darle otra oportunidad a lo que tienes. Eso también es sustentabilidad.”

El futuro de Dactilar parece avanzar en esa dirección: proyectos integrales que respetan lo existente, que incorporan materiales locales y que entregan a los clientes la posibilidad de habitar de otra forma.

“Al final, lo que hacemos es transformar vidas. Ver la felicidad de un cliente que nunca imaginó el resultado final… esa sensación de sorpresa y gratitud es lo que me mueve. Cada proyecto es distinto, pero todos tienen eso en común: la posibilidad de cambiar la vida cotidiana a través de la arquitectura.”

La historia de Alejandra Pérez Oddershede no es la de un cambio radical, sino la de un cruce de caminos: la velocidad del retail, la precisión de la construcción y la sensibilidad del diseño interior. Dactilar Arquitectura y Construcción nació en ese cruce y hoy se despliega como una oficina que responde a la confianza de clientes que buscan algo más que un plano o una obra terminada: buscan un hogar renovado con carácter, eficiencia y belleza.

En cada proyecto, Alejandra reafirma la idea de que los espacios no solo se construyen: se revelan. Y ese es quizás el sello más profundo de su trabajo, ese que, como el nombre de su estudio Dactilar Arquitectura y Construcción implica, deja huellas.

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