La diseñadora industrial y artista visual Paulina Farías lidera una oficina que entiende el interiorismo como una traducción de identidades, donde cada proyecto se convierte en un relato único y funcional.
Con más de dos décadas en el rubro, Paulina ha construido una trayectoria marcada por la adaptación, el trabajo colaborativo y la convicción de que el diseño de interiores puede mejorar tanto la productividad de las empresas como la calidad de vida en los hogares.
En la voz de Paulina Farías hay una mezcla de ironía y franqueza que desarma. Habla rápido, con naturalidad, como quien no necesita adornar demasiado lo que cuenta porque su trayectoria ya lo hace por ella. Fundadora y líder de Imagen e Interiorismo, Paulina se ha movido durante más de dos décadas entre muebles de oficina, proyectos corporativos, residenciales y artísticos, construyendo una carrera que, según dice, ha sido menos una línea recta que una suma de giros inesperados.
“Yo partí en otra cosa —recuerda—. En la universidad quería ser diseñadora de vestuario, terminé trabajando en el teatro y en la televisión. Hacía escenografías, diseño teatral, todo ese mundo. Pero un día me llamaron de una empresa colombiana de muebles de oficina, y me fui. Y ahí descubrí una beta que no sabía que tenía: la capacidad de vender un proyecto, de leer a un cliente, de convencer. Fue como un segundo oficio que apareció de golpe. Y me quedé en ese mundito del mueble de oficina, que ya nunca más solté”.
Esa anécdota de origen —pasar del escenario y el vestuario al mundo corporativo— define la forma en que Paulina entiende el interiorismo: como una puesta en escena donde cada espacio cuenta algo, refleja una identidad y busca generar impacto en quien lo habita. La diferencia, claro, es que en lugar de actores, se trata de personas trabajando en una oficina o viviendo su día a día en casa.
Un oficio entre el arte y la gestión
Paulina se define primero como diseñadora industrial y luego como interiorista. Pero también es artista visual y grabadista: estudió arte en medio de su carrera y llegó a exponer obras en distintas instancias. Su taller todavía conserva la prensa y las tintas. Ese costado artístico late en su aproximación al diseño.
“Yo no soy retail, nunca lo he sido —dice con énfasis—. No vendo muebles al por mayor ni hago proyectos estandarizados. Soy boutique. Y no lo digo en el sentido de caro, sino de personalizado. Como cuando antiguamente ibas a una modista para que te arreglara la ropa a tu medida. Yo hago eso, pero con los espacios. Me siento con el cliente, lo escucho, lo leo, y después traduzco eso en una propuesta. Creo que esa es mi mayor diferencia”.
Ese proceso de traducción —de la identidad del cliente al lenguaje espacial— es el corazón de Imagen e Interiorismo. Paulina insiste en que no tiene un estilo definido. “Si me preguntas, no podría decirte: ‘Yo hago proyectos minimalistas’, o ‘Soy industrial’. No. Mis proyectos son distintos entre sí porque cada cliente es distinto. Lo que sí trato de hacer siempre es captar quién eres tú o quién es tu empresa, y a partir de eso armar algo coherente, bello y funcional”.

Oficinas que cuentan historias
En su portafolio abundan proyectos corporativos, especialmente oficinas de empresas tecnológicas, de ciberseguridad y editoriales. Cada encargo tiene un relato particular.
“Uno de mis clientes más antiguos es una empresa de libros. Ya nos conocemos tanto que cuando diseñamos juntos es como conversar con amigos. Ellos me dicen lo que quieren transmitir, y yo lo traduzco en un espacio. Otro cliente, por ejemplo, me pedía algo radicalmente distinto: quería que sus oficinas transmitieran seriedad, fuerza, un aire más industrial, casi rockero. Entonces la propuesta fue más oscura, con materiales que reforzaran esa identidad. Al final, lo importante es que el cliente sienta que el espacio habla de ellos”.
Paulina explica que el interiorismo corporativo tiene un desafío adicional: no basta con que sea bonito, debe ser rentable y adaptable. “Las empresas cambian todo el tiempo: crecen, se achican, se mueven. Entonces yo no puedo proponer un layout rígido. Tengo que pensar en espacios dinámicos, como un tetris que pueda rearmarse según la necesidad. Además, los materiales deben ser resistentes, porque una oficina no es un showroom: es un lugar donde la gente vive ocho horas diarias. Eso implica pensar en ergonomía, durabilidad, optimización de recursos”.


Entre casas y empresas
Aunque su nicho principal son las oficinas, Paulina admite que las casas tienen un encanto especial. “Me encanta hacer residencias porque ahí hay más libertad. Es más entretenido gastarse la plata de alguien que no es uno mismo —bromea—. Pero en serio: en las casas el trabajo se vuelve más íntimo, más cercano a la vida cotidiana. En cambio, en lo corporativo hay otra lógica: ahí lo que importa es productividad, identidad de marca, mostrar quién eres como empresa”.
Ese doble registro —lo íntimo y lo corporativo— le ha permitido a Imagen e Interiorismo trabajar con un rango diverso de clientes, desde familias en Santiago hasta oficinas en regiones como Concepción, Temuco, Puerto Montt o incluso Punta Arenas. “Nos movemos harto. Si el proyecto es grande y vale la pena, vamos con todo: mobiliario, obra, llave en mano. Si es algo más puntual, lo resolvemos desde el taller. Esa flexibilidad es la que nos mantiene vigentes”.

La construcción de un equipo
Uno de los temas que más reflexiona Paulina durante la conversación es el de los equipos de trabajo. Reconoce que le ha costado encontrar asistentes que se ajusten a su forma de operar. “He tenido experiencias malas con gente muy joven», comenta.
Yo necesito compromiso, empatía, alguien que entienda que si nos equivocamos en una medida de un millón y medio, hay que poner la cara, proponer soluciones, no desaparecer. Entonces terminé llamando a mis compañeras de universidad, y hoy trabajo con varias de ellas. Todas cincuentonas, como yo, y nos entendemos perfecto”, agrega con su característico entusiasmo.
Ese relato sincero refleja algo esencial en su modo de trabajar: la búsqueda de complicidad y confianza. No se trata solo de diseñar, sino de tejer redes humanas alrededor de cada proyecto.
Paulina asegura que, “al final, uno pasa tantas horas en esto que necesitas rodearte de gente con la que disfrutes. Yo soy feliz en lo que hago. Me gusta la adrenalina, me gusta el estrés, aunque suene raro. Creo que me voy a morir con las zapatillas puestas”.

Una filosofía adaptable
Más que un estilo visual, Paulina cultiva una filosofía de adaptación. “Yo me siento frente al cliente y trato de leerlo. Si eres minimalista, no te voy a llenar de cosas. Si eres rockero, te voy a proponer un espacio con carácter. No es mi ego lo que debe quedar en el proyecto, es la identidad del cliente. Eso es lo que hace que cada espacio sea único”.
En lo técnico, eso significa combinar mobiliario a medida, iluminación estratégica, distribución flexible y materiales resistentes. En lo emocional, significa escuchar y empatizar. Y en lo práctico, significa pensar siempre en términos de productividad y bienestar: que el espacio rinda, pero también inspire.
El futuro
Cuando se le pregunta por sus metas, Paulina responde con claridad: no busca convertirse en una multinacional ni expandirse masivamente. Prefiere un crecimiento orgánico, pausado, que le permita mantener el control creativo y disfrutar del proceso. “Quiero seguir haciendo proyectos, seguir ganando bien, estar tranquila y feliz. No quiero una oficina enorme, no quiero volverme loca. Me gusta esta escala donde puedo estar encima de cada detalle. Ese es mi sueño”.
Hablar con Paulina Farías es comprender que el interiorismo no es solo estética, sino estrategia, empatía y visión a largo plazo. Su trayectoria, que cruza el teatro, el arte, la gestión comercial y el diseño integral, la convierte en una profesional completa, capaz de moverse con soltura entre lenguajes distintos.





Imagen e Interiorismo es hoy una oficina que apuesta por la personalización, la cercanía y la calidad, donde cada proyecto es un relato único. “Yo soy feliz haciendo esto”, insiste. Y esa felicidad se traduce en espacios donde empresas y familias encuentran no solo belleza, sino también productividad, bienestar y calidad de vida.
Al final, su propuesta es también una invitación: a las empresas, para comprender que el diseño interior es una herramienta que mejora la eficiencia y el orgullo de pertenencia de los equipos; y a las familias, para recordar que un espacio bien diseñado transforma la manera en que habitamos el día a día. En ambos casos, Paulina lo resume con una frase sencilla: “Se trata de leer quién eres, y darle forma en un espacio que te haga sentir en casa”









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