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Le Forêt: la belleza de lo imperfecto

Ago 4, 2025 | Destacados, Diseño de Autor | 0 Comentarios

Hay objetos que parecen nacer para acompañarnos. No se imponen, no brillan por lo nuevo. Solo se instalan con calma y comienzan a hacer lo suyo: sostener la vida, guardar lo importante, transformar un espacio en hogar. Así es Le Forêt, una firma de mobiliario rústico y contemporáneo fundada por Cristóbal Mekis, que desde su inicio ha mantenido un compromiso inquebrantable con la belleza de lo imperfecto, el oficio hecho a mano y la madera recuperada que guarda historias.

Sus muebles no siguen tendencias. Responden, más bien, a un modo de ver: un lenguaje silencioso, sereno, profundamente chileno. Porque cada mesa, cada silla, cada velador, no solo ha sido diseñada para durar. Ha sido construida con tiempo, con intención y con una materia que ya conoció otras vidas.

Le Forêt se mueve entre el arte y el oficio, entre la memoria del material y el presente del habitar.

«Me llamo Cristóbal y soy el creador de Le Forêt, un proyecto que nació del amor por la madera, los objetos con historia y la decoración con alma».

Así comienza todo. Con una frase sencilla, dicha sin pretensión. Pero dentro de esas pocas palabras se condensa el espíritu de una firma que, en apenas unos años, se ha posicionado como un referente en el diseño artesanal chileno. Una marca que no grita, pero resuena. Que no sigue modas, pero marca presencia. Le Forêt es eso: auténtico, contemporáneo, rústico.


Un oficio íntimo


Le Forêt nace como un gesto personal. Un cambio de casa, la necesidad de llenar espacios con sentido y el descubrimiento de que el diseño puede ser, ante todo, un acto de cuidado. “Partimos hace poco más de dos años con la idea de darle nueva vida a maderas antiguas y crear muebles únicos, rústicos y con carácter. Detrás de cada uno hay mucho oficio, paciencia y pasión”, dice Cristóbal.

Lo que comenzó con algunas piezas hechas para sí mismo fue tomando forma hasta convertirse en un taller boutique que no solo fabrica muebles, sino que construye una visión. “Es un trabajo muy artesanal, donde cada pieza se diseña a medida y con mucha dedicación. Y eso, creo, se nota en el resultado”.

Escuchar la madera

La historia de cada mueble comienza mucho antes del primer boceto. El corazón de Le Forêt es la madera. No cualquier madera: aquella que ya tuvo una vida. Vigas centenarias, portones en desuso, tablas rescatadas de galpones, cercos, estaciones o casas antiguas del sur de Chile. Materiales con cicatrices visibles, marcas, vetas profundas.

El proceso comienza en la búsqueda. Cristóbal viaja al sur del país en su tráiler, sin itinerario preciso, conversando con vecinos, explorando patios olvidados, decodificando silencios.

“No hay muebles sin madera, y no hay madera sin historia. Lo que más me toma tiempo no es fabricar ni diseñar, sino buscar. Salgo a carretera, converso con gente que lleva años acumulando trozos de su vida en forma de tablas. A veces encuentro una partida que me emociona, porque sé que de ahí puede salir algo especial”.

Principalmente trabaja con roble, una madera que resiste el clima y los años con nobleza. Con el tiempo, adquiere tonos grisáceos, texturas profundas, imperfecciones hermosas. No se lija para borrar lo vivido; se trabaja para realzar lo que el tiempo escribió sobre ella.

“Muchas veces estas maderas tienen más de 100 años y vienen con heridas que no queremos esconder, sino resaltar. Cada veta, una memoria. Cada cicatriz, una belleza que no se oculta”.

Diseñar con y desde la materia

Cristóbal no dibuja desde la idea, sino desde la materia misma. Su proceso parte muchas veces al revés: encuentra una tabla con una veta única, con una curvatura inesperada, y se pregunta qué podría surgir de ella. A veces es una silla. A veces, una cómoda. Otras, una mesa de comedor que cruzará generaciones.

“No hago muchos modelos. Trabajo con lo que hay, con lo que aparece. Algunas piezas las repito, pero ninguna es igual a otra. Eso es lo que me gusta: que cada mueble tenga algo que lo haga distinto”.

Entre las piezas más reconocidas están la Mesa de centro Ambar, fabricada con tablas de roble rústico y semi rústico, la Cómoda Amae, un hermoso mueble tipo buffet de roble antiguo con puertas o cajones y también las distintas mesas modelo Bagus, talladas a mano y fabricadas en versiones ovalada, circular o rectangular y que han sido elegidas por arquitectos y decoradores para dar vida a diseños de ensueño.

No hay ornamento superfluo en sus piezas. Todo lo que está, tiene sentido. Y todo lo que sobra, se elimina.

“La estética de Le Forêt se nutre de la filosofía japonesa wabi-sabi, esa que celebra lo irregular, lo simple, lo auténtico. Aquí no se trata de ocultar el tiempo, sino de honrarlo”.

“Lo imperfecto también es perfecto cuando viene de la naturaleza”, dice Cristóbal. Y en cada uno de sus muebles se percibe esa fidelidad.

Hecho en Chile | Hecho a mano

El trabajo en Le Forêt es artesanal en todas sus etapas. Desde la selección de la madera hasta el último acabado. Es un proceso pausado, manual, exigente. Cristóbal colabora con un pequeño grupo de maestros mueblistas: hombres de manos curtidas y experiencia silenciosa. Juntos transforman madera recuperada en objetos cotidianos, útiles y duraderos.

“El trabajo con mis maestros es clave. Yo llego con ideas, con medidas, con dibujos a mano. Pero ellos resuelven, ajustan, recomiendan. Saben de estructura, de resistencia, de cómo tratar cada tipo de madera. Es una conversación entre generaciones”.

El ritmo es deliberadamente lento. No hay urgencias ni series grandes. Cada encargo se trabaja con el mismo cuidado, ya sea una mesa de dos metros o un pequeño arrimo. Y ese respeto por los tiempos se traslada también a la atención: Cristóbal recibe personalmente cada pedido, conversa con los clientes, sugiere, adapta.

“Me gusta cuando alguien me cuenta cómo vive. Ahí empieza el diseño. Estoy presente en todo: diseño, atención a clientes, despachos, redes sociales, showroom… ¡todo! Es un proyecto muy personal, y eso también se nota”.

La mayoría de los encargos son personalizados: personas que llegan con una idea vaga, una medida específica, una sensación.

“Nos especializamos en muebles a medida, diseñados según las necesidades y gustos del cliente. Es un proceso muy colaborativo, donde el cliente también se involucra, y eso lo hace más especial”.

El cuidado está en los detalles

El showroom de Le Forêt es una extensión natural del proyecto. Compartido con su pareja, la artista visual Paz Vicuña, es un espacio íntimo, lleno de textura, arte botánico, cerámicas antiguas, iluminación cuidada y muebles hechos con calma.

“Lo armamos con mucho cariño. Atendemos solo con reserva, para que la experiencia sea más personalizada y tranquila. Paz aporta una sensibilidad que cruza todo lo que hacemos”.

En las fotografías que Cristóbal publica —todas tomadas por él— se percibe esa atmósfera pausada: luz natural, composiciones mínimas, detalles que hablan sin necesidad de palabras. En algunas aparece Paz, sirviendo té o cerrando un cajón. No hay filtros agresivos ni puestas en escena forzadas. Solo escenas reales: un florero, una taza, un plato hondo sobre la mesa.

“Paz no solo está al lado mío. Está dentro de todo esto. Sus cuadros, sus gestos, su manera de mirar. Nos complementamos en lo visual. Compartimos el espacio, la mirada, el ritmo”.

Una pieza, una historia

Hay muebles que llegan a casas nuevas. Otros, a hoteles, tiendas, cafés. Pero todos conservan el sello: madera chilena, hecha a mano, historia visible. Cristóbal recuerda especialmente una mesa encargada por una pareja que quería una pieza “para toda la vida”. Eligieron las tablas juntos, se tomaron medidas precisas, pensaron en cuántos nietos cabrían a la vuelta de los años.

“No es solo un mueble. Es un lugar donde van a pasar cosas. Donde va a haber vida. Por eso me importa tanto que sea el adecuado”.

Ese tipo de relato se repite en muchas entregas. Gente que llega buscando algo con carácter, algo que no haya salido de una tienda de retail. Porque lo que Le Forêt ofrece no es diseño de autor como categoría de lujo. Es artesanía pensada, viva, profundamente humana.

Cada objeto tiene algo de ritual. Una mesa sobre la que se come, se conversa, se espera. Una silla que acompaña el silencio. Un velador que guarda la intimidad de una lámpara encendida al anochecer.

No es solo decoración. Es una forma de estar. Y quizás por eso, quienes llegan a Le Forêt no buscan lo perfecto. Buscan lo que vibra. Lo que fue. Lo que aún tiene algo por contar.

Una forma de habitar

La expansión no es parte del plan. Cristóbal prefiere mantener una escala pequeña, el control cercano, el estándar alto. No hay apuro por crecer.

“No me interesa tener una tienda enorme. Me interesa que cada cosa que salga de acá esté bien hecha. Que tenga sentido. Que represente lo que somos”.

Por eso, Le Forêt es una marca hecha de convicciones: rústica y auténtica, hecha en Chile, con materiales que ya vivieron y manos que saben. Una propuesta que no busca gritar, sino resonar.

Sus muebles nos reconectan con lo esencial. No imitan lo perfecto; abrazan lo real. No se imponen en una casa, sino que forman parte de ella. No se trata solo de diseño, sino de tiempo, cuidado e historia. Es la memoria de la madera transformada en compañía.
Y eso —en este mundo veloz— es una rareza que vale la pena tener cerca.

“Me motiva seguir creando piezas con alma, colaborar con otros artistas y ojalá llegar a más hogares que valoren lo natural, lo imperfecto y lo honesto”, agrega Mekis.

Más allá del mueble, Le Forêt propone una forma de mirar y habitar. Una estética vinculada con la lentitud, el origen, lo esencial.

“Usar madera recuperada no solo tiene un valor estético, sino también ecológico: reutilizamos recursos, evitamos el desperdicio y promovemos un consumo más consciente”.

En tiempos donde todo parece diseñado para desecharse, Le Forêt recuerda que existe otra manera de habitar, una más sensible, más sincera. No se trata solo de llenar un espacio, sino de darle sentido.

Un arrimo en la entrada puede transformar la llegada a casa. Una silla bien hecha puede invitar al descanso. Una mesa con historia puede ser el lugar donde la vida ocurre.

Le Forêt no ofrece tendencias, ofrece presencia. No fabrica objetos, propone vínculos. Muebles pensados para durar, pero también para conmover.

Y quizá por eso, al mirar uno de ellos, uno no piensa tanto en qué estilo tiene, sino en dónde lo pondría, con qué lo acompañaría, cómo sería el momento de abrir la puerta y verlo allí.

Porque hay cosas que no se eligen solo por funcionalidad, sino por emoción. Y en ese cruce —entre lo que es útil y lo que es bello— es donde Le Forêt encuentra su forma de hablar y habitar.

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