Detrás de cada tratamiento mural hay una historia, una textura y una búsqueda. Michel Muro Studio recupera el valor de lo manual en una época donde casi todo es superficie. Lo que comenzó como un oficio aprendido en la restauración de iglesias, se transformó en un lenguaje visual único. Michel Muro Studio compone muros que dialogan con la arquitectura y la sensibilidad contemporánea. Esta es la historia de su creador.
Michel González nunca imaginó que su vida profesional comenzaría en una antigua iglesia en un pequeño pueblo del mediterráneo, limpiando paredes manchadas por la humedad. En ese momento tenía otro plan: había viajado desde Chile a España para estudiar guitarra clásica en el Conservatorio Tenor Cortis, en la mediterránea comunidad de Dénia, motivado por una conexión profunda con la música. Pero cuando la necesidad lo llevó a buscar trabajo, encontró una oportunidad inesperada en la antigua Capilla Sangre de Cristo en cercana localidad de Benidoleig, que se encontraba en reparaciones.
«Me dejaron haciendo preparaciones, arreglando humedades, cosas básicas. Y fue ahí, mientras trabajaba, que me encanté con el oficio de decorado de muros. Sentí algo muy parecido a lo que sentía con la música. Me impactó profundamente, me enamoré del estuco, la pintura, el proceso».

Aquel impacto lo cambió todo. La guitarra pasó a segundo plano y el arte de los muros —los estucos, los colores, las texturas— se convirtió en el nuevo centro de su vida. “Desde el momento en que entré a esa iglesia, mi prioridad fue la pintura, los estucos, el diseño. La música quedó, pero como algo secundario”.
Durante diez años trabajó en esa misma empresa en España. Fue su escuela. Ahí aprendió no sólo técnicas decorativas, sino una manera de enfrentar el trabajo manual con paciencia y profundidad. “Aprendí de pintores decorativos antiguos, de la vieja escuela. Ellos trabajaban con capas superpuestas, mezclas de colores al fresco, imitaciones de mármol. Había un respeto por el proceso, por el tiempo que toma cada cosa. Ese ritmo me hizo sentido”.
Pronto empezó a capacitarse con marcas especializadas, a experimentar con materiales. “Cada vez que hacía un trabajo nuevo, me daba cuenta de que eso era lo mío. Lo decidí: quería dedicar mi vida a esto”.

Estucando el regreso
Michel volvió a Chile sin certezas absolutas, pero con una dirección clara. “Siempre supe que España era una etapa. Me fui buscando algo, sin tener claro qué era. Cuando vine de vacaciones a Chile, me di cuenta de que acá no existía una cultura muy desarrollada en torno a los muros decorativos. Era un terreno virgen. Eso me hizo pensar en volver, pero preparado”.
Volvió a España, tomó más cursos, reunió herramientas, materiales y referencias. Entonces sí, volvió a instalarse en Chile, decidido a desarrollar aquí su oficio. “Pero me faltaban otras herramientas. No sabía cómo presupuestar, cómo abordar un cliente. Me metí a estudiar Administración de Empresas en la Universidad Católica. Quería aprender a funcionar como emprendedor también”.
Con la llegada de Instagram, el paso siguiente fue formalizar su estudio. Así nació Michel Muro Studio. “Desde entonces empecé a trabajar de manera más profesional, más ordenada. Pero no fue fácil. Tuve dudas. No sabía si el mercado iba a responder. El camino, como los muros, ha sido complejo, pero el fin muy satisfactorio.”.
Un lenguaje visual propio




Hoy, Michel no solo ofrece técnicas decorativas, sino también un punto de vista estético que dialoga con los espacios y los proyectos en los que se inserta.
“Trabajo mucho con interioristas. Me interesa que mi trabajo no solo se vea bonito, sino que tenga sentido en la propuesta general del espacio. Me he dado cuenta de que lo que hago también impacta en lo sensorial, en cómo se siente un lugar”.
Su trabajo no es ilustración mural ni pintura tradicional. Es una mezcla de restauración, diseño de superficie, y experimentación material.




“Las técnicas que uso son clásicas, pero las adapto. Pueden ser estucos, pinturas decorativas, mármol a mano alzada. El cliente me empuja a probar combinaciones nuevas. Todo depende del requerimiento y del tipo de proyecto. Me interesa que los procesos no sean invasivos, que los materiales se integren al entorno”.
Los materiales hablan
Uno de los elementos centrales en su trabajo es el tipo de materiales que usa. Michel trabaja casi exclusivamente con productos europeos, especialmente italianos.
“Ellos tienen una preocupación grande por el medio ambiente. Todos los productos tienen sello verde, son base agua. Eso me permite trabajar incluso cuando hay gente en el espacio, sin generar contaminación. Además, tienen muy buena maleabilidad»
La cal, en particular, ocupa un lugar especial en su práctica. “Tengo un amor profundo por la cal. Me gusta todo: su olor, su proceso, la forma en que se aplicar. Es noble, es honesta. De todas las técnicas que manejo, la cal es mi favorita. Siempre que puedo, la propongo”.

La búsqueda de materiales de calidad lo llevó a participar en un concurso internacional organizado por la empresa española Pentrilo. “Participaron 500 artistas de muros decorativos de todo el mundo. Quedé seleccionado entre los 12 más creativos de Latinoamérica. A partir de ahí se me acercaron marcas, me preguntaban cómo lo hacía. Eso me ayudó a consolidar acuerdos para importar materiales y trabajar con mayor libertad”.
Silencio y oficio
Michel insiste en que su camino ha sido silencioso. “Llevo 22 años depurando una técnica. En silencio, trabajando mucho».
Esa actitud también define su estética. Nada es ruidoso. Los muros que trabaja no buscan destacar por estridencia, sino por coherencia. “No hago lo mismo dos veces. Cada muro es distinto, cada espacio tiene su lógica. Me gusta adaptar el lenguaje a la necesidad del lugar. Pero siempre con calidad, con respeto por el proceso”.






El futuro: marca y expansión
Hoy, Michel se encuentra en una etapa de consolidación. Tiene una cartera estable de clientes, trabaja con estudios de interiorismo y proyectos de arquitectura de alta gama. Pero también está pensando a futuro. “Quiero desarrollar mi propia marca de productos. Pinturas para alta decoración, materiales nobles y versátiles. Ya tengo algunas propuestas en camino”, confiesa.
Más allá del crecimiento comercial, Michel busca fortalecer su identidad como autor. “Michel Muro Studio no es solo un taller. Es una manera de trabajar, de mirar los espacios. Me interesa seguir desarrollando una propuesta de diseño de autor, una marca personal que se reconozca por la calidad y el detalle”.
¿Qué diferencia a Michel de otros aplicadores? “Creo que la diferencia está en cómo interpreto la idea del cliente. No es solo ejecutar. Es entender lo que quiere, traducirlo en una textura, en un muro. Eso se aprende con los años, con la experiencia. Y también con sensibilidad”.
Con más de dos décadas de oficio, Michel ha construido un lenguaje propio. Uno que mezcla técnica, intuición y mucha observación. “Esto se construye en el tiempo. No hay atajos. Y para mí, ese proceso sigue siendo igual de fascinante que el primer día”.

Su estudio es una extensión de su entrenamiento, de su mirada paciente, de sus manos que conocen y moldean el peso de la materia y el tiempo. Michel no pinta muros, los escucha, les da vida, les otorga alma.










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