Desde los planos pintados en la infancia junto a su padre hasta la fundación de su propio estudio en Santiago, Kelly Varas ha construido un camino donde la arquitectura y el interiorismo se entrelazan en un mismo idioma. Cercanía, funcionalidad y calidez marcan el sello de una oficina que no solo busca transformar espacios, sino también inspirar y contar historias.
En la memoria de Kelly Varas, fundadora y líder de Novo Studio, hay una imagen que parece repetirse con nitidez. Es la de su padre, Óscar, llegando a casa después de la jornada con planos bajo el brazo. Planos enormes, de esos que ocupan la mesa completa, llenos de líneas y códigos que para la mayoría resultaban indescifrables, pero que para ella fueron el inicio de un lenguaje secreto.
“Mi papá siempre estuvo ligado a la construcción”, recuerda. “Llegaba con planos y me pedía que lo ayudara a zonificar los espacios. Yo los iba pintando, coloreando piezas y distinguiendo lugares, y de paso él me enseñaba a leerlos. Desde muy niña aprendí a interpretar lo que estaba ahí dibujado y a entender cómo podía convertirse en un espacio real”.
El ejercicio, que podría haber sido solo un juego de colores, se convirtió en una primera puerta a la arquitectura. Kelly no lo sabía entonces, pero esa curiosidad infantil por los planos sería el inicio de un camino que la llevaría a fundar su propio estudio, Novo, con la convicción de que cada trazo técnico puede ser también una expresión de vida.
La decisión de crear
Nació y creció en Concepción, en ese ritmo particular donde la lluvia y la madera parecen siempre tener un protagonismo silencioso. Allí estudió Arquitectura y también dio sus primeros pasos en el mundo profesional.
“Cuando salí de la carrera trabajé bastante en todo lo relacionado con permisos municipales, trámites, recepciones y regularizaciones. Fueron años en los que aprendí mucho de normativa y procesos que no todos los arquitectos manejan en profundidad, y que hoy agradezco porque me dieron una base muy sólida al momento de diseñar obras nuevas”.
“El traslado a Santiago vino acompañado de un diplomado en la Universidad de Chile y, poco después, llegó una oportunidad que recuerdo como una experiencia excelente: trabaje en una oficina catalana muy reconocida internacionalmente, que me acercó a proyectos de gran escala, ser parte de propuestas de master plan empezados en Santiago. Y antes de eso, había trabajado en una inmobiliaria en Concepción, en terreno, como ITO, supervisando el control de calidad y confirmando algo que hasta hoy considero parte fundamental de mi formación integral: la construcción”.

“Siempre digo que la mujer en obra tiene power”, sonríe. “Estar en terreno en medio de un 90% de hombres me dio carácter y confianza. Disfruto mucho ir a obra, resolver los problemas que se presentan, involucrarme en cada etapa, conversar con los maestros y motivar al equipo… porque siento que eso también ha formado parte de mi ADN como arquitecta”.
El interiorismo como segunda piel
La arquitectura había sido siempre el eje de su camino, pero la verdadera transformación llegó hace unos cinco años, cuando comenzó a trabajar en una oficina de interiorismo. “Fue un mundo completamente nuevo para mí. Pasar de metros a milímetros me cambió la forma de pensar. Aprendí todo de cero y esa experiencia fue una verdadera escuela”.
Ese encuentro marcó un giro definitivo. “Hoy me siento una arquitecta integral”, asegura. “La arquitectura me entrega la base técnica y espacial, mientras que el interiorismo me conecta con lo humano, con los detalles que hacen habitable un espacio: los hábitos, la calidez, la textura de un textil. Para mí ambas disciplinas se complementan totalmente”.
Lo nuevo como manifiesto
El deseo de emprender siempre estuvo latente desde mis primeros inicios, incluso después de algunos intentos fallidos.
“Sinceramente, nunca me vi trabajando toda la vida como empleada. Tenía esa necesidad de formar algo propio, de crear con mayor libertad”.
Así nació Novo Studio, hace más de un año y medio: de la decisión valiente de renunciar a la seguridad de un puesto laboral estable —donde ya sentía que había cumplido mi ciclo— y apostar por un proyecto personal.
El propio nombre lo dice todo: Novo habla de lo nuevo, lo distinto, la posibilidad de crear con frescura.
“Junto a Josefina, una gran amiga que fue clave y con quien inicialmente soñamos este proyecto, compartimos la misma visión: proponer un plus distinto en la manera de acompañar y escuchar a nuestros clientes, de diseñar sin imponer. Ella siempre será parte de la esencia de Novo y de lo que refleja nuestra personalidad e identidad. Novo simboliza esa mezcla entre lo técnico y lo humano, entre lo estético y lo emocional.”

Kelly insiste en que el diseño no se trata solo de entregar un espacio terminado, sino de compartir un proceso. “El proceso de diseño es el más bonito, pero el proceso de obra puede ser el más duro. Por eso trato de estar siempre presente, de que sientan que no están solos. Mi sello es acompañar de principio a fin, resolver problemas antes de que se transformen en angustias y que el cliente sepa que puede confiar en mí”.
Lo intransable: funcionalidad y calidez
La estética tiene un lugar central, pero no se impone por sobre el uso. “Para mí lo intransable es la funcionalidad. No basta con que algo se vea bonito, tiene que ser útil, práctico y mejorar la vida de quienes lo habitan”.
El otro elemento clave es la calidez. “Queremos que el espacio transmita algo: paz, tranquilidad, esa sensación de llegar a casa y sentirse acogido. Cuando un cliente me dice ‘qué rico llegar a mi casa’, siento que todo valió la pena”.
La madera y los textiles son protagonistas en sus proyectos. “Los materiales transmiten sensaciones. Una madera no es lo mismo que un vidrio. Nos gusta trabajar con materiales nobles, con texturas, telas, tonos neutros. Siempre buscando que los espacios sean atemporales y no respondan a una moda pasajera”.
Aunque tiene afinidad personal con paletas más oscuras y contrastes fuertes, evita imponer un estilo único. “Diseñamos para los clientes, no para nosotros. Escuchamos lo que quieren y los acompañamos en definirlo. Nuestro rol es guiar, no imponer”.
Entre las tendencias actuales, Kelly rescata aquellas que buscan calma, flexibilidad y conexión con las emociones. “Me gusta la neuroarquitectura, aunque no me la paso predicando como concepto. Pero en esencia, lo que hacemos es eso: diseñar espacios que transmitan emociones, que abracen a las personas”.

Sobre lo efímero, en cambio, es clara. “Evito las modas pasajeras. No quiero que un cliente tenga que volver a pintar o cambiar todo porque la tendencia ya pasó. Prefiero lo sobrio, lo neutro, lo que perdura en el tiempo”.
La primera gran locura
Cada oficina tiene un proyecto que marca un antes y un después. Para Novo Studio fue el Proyecto Los Carpinteros, una remodelación integral de aproximadamente 250 m² que incluyó todo: cocina, baños, dormitorios, salones y un quincho proyectado desde la arquitectura hasta el interiorismo.
Kelly no sabía lo que estaba por venir: “Era nuestro primer gran encargo, sin portafolio, sin un Instagram que nos respaldara. Los clientes confiaron en mí gracias a la recomendación de una amiga. Desde el inicio formamos un vínculo genuino y los acompañamos en todo el proceso. Confiaron plenamente en nuestro trabajo, algo que siempre les voy a agradecer profundamente. Fueron casi ocho meses entre diseño, obra y entrega. Siempre digo que fue una locura, pero una linda locura.”
Ese proyecto no solo les dio un portafolio sólido y completo, sino también la certeza de que podían asumir grandes desafíos:
“Lo más valioso fue ver la emoción de la familia al recibir su nuevo hogar. Fue imposible no emocionarme junto a ellos: su agradecimiento genuino fue impagable. Además, nos abrió la puerta al boca a boca que hasta hoy nos trae clientes.”












Si Los Carpinteros fue la primera gran apuesta de Novo Studio, el proyecto que Kelly llama su “primer hijo” es Castillo del Toro, una casa de 300 m² diseñada desde la génesis: arquitectura e interiorismo como un todo.
“Siempre soñé con la oportunidad de diseñar un proyecto integral, desde los cimientos hasta los detalles más pequeños. Castillo del Toro representa todo eso. Aunque aún se encuentra en obra, ya que son procesos constructivos más largos, para mí ya es cumplir un sueño: unir todos mis conocimientos y experiencia en lo que más me apasiona hacer».




La arquitectura y el interiorismo como un mismo idioma
Kelly es crítica de la separación tajante entre arquitectos e interioristas. “A veces siento que hay una rivalidad absurda. Para mí, si se juntaran ambas disciplinas desde la génesis, se podrían hacer proyectos mucho más habitables, con más sentido y con más esencia. “No tiene sentido diseñar un dormitorio principal sin saber cómo se quiere habitar. Todo tiene que ser pensado de adentro hacia afuera y de afuera hacia dentro”.
Hoy Novo Studio es liderado por Kelly junto a su colaboradora, la arquitecta Interiorista Susana López, quien se ha convertido en su mano derecha. “No quiero un equipo de 20 personas. Prefiero crecer de manera acotada, porque no quiero perder la conexión con los clientes. Para mí cada proyecto debe seguir siendo personalizado y cercano».
Su mirada se extiende también a quienes participan en la obra. “Cada especialidad es clave: carpinteros, maestros, fabricantes de mobiliario. El éxito de un proyecto es la suma de todos. Si una especialidad falla, fallamos todos”.

Soñar en grande, proyectar historias
Las metas de Novo Studio se orientan a consolidarse como una oficina integral de arquitectura e interiorismo, capaz de abarcar proyectos de mayor escala. Pero más allá de la ambición, Kelly subraya un anhelo profundo: diseñar espacios en contacto con la naturaleza.
“Me inspira la idea de crear espacios con esencia de pertenencia: refugios en montañas, hospedajes o incluso hogares donde la arquitectura y el interiorismo se integren al paisaje y al contexto natural. Que cada material y cada detalle dialogue con su entorno y genere experiencias sensoriales únicas para quienes los habiten.”
La proyección es clara: crecer, sí, pero sin perder el foco ni la esencia que nos caracteriza. “Nuestro mayor desafío es crecer sin dejar atrás lo que nos diferencia: la cercanía, la humanidad y el vínculo real con quienes confían en nosotros.”
En palabras de Kelly Varas, “el diseño nunca se ha tratado solo de formas ni únicamente de espacios. Para mí es una conversación entre funcionalidad y emociones, entre lo estético y lo humano.”
Novo Studio nació con la promesa de ser “lo nuevo”, pero lo que realmente define su trabajo es lo que permanece: la sensación íntima de llegar a casa, de reconocerse en un espacio que refleja la propia esencia y la historia de quien lo habita. Eso es lo que le da valor a nuestro trabajo.
Quizás por eso sus palabras finales resuenan como un manifiesto: “Quiero que Novo Studio sea visto como una oficina capaz de transformar y diseñar espacios y, al mismo tiempo, contar historias y abrazar vidas».










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