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Nueve Design Studio: el relato de lo cotidiano

Nov 5, 2025 | Diseño de Autor, Objetos y Arte, Reportajes | 0 Comentarios

Hay historias que se escriben a pulso, entre planos, errores y risas. Así comenzó la de Karin Cáceres y Patricio Silva, fundadores de Nueve Design Studio, una dupla que lleva más de quince años compartiendo vida y oficio.

“Nos conocimos estudiando en Viña, en el Duoc”, recuerda Patricio. “Desde entonces sabíamos que queríamos dedicarnos al mobiliario y a los objetos. Teníamos la misma ambición, los mismos referentes, y la idea de crear algo propio”.

Lo que empezó como un ejercicio entre compañeros se transformó en una estructura sólida: una oficina de diseño con base en Valparaíso primero, en Santiago después, y desde hace cinco años, en Limache, donde el entorno natural se ha vuelto una extensión de su práctica.

“El territorio te moldea”, dice Karin. “Diseñar desde un lugar más tranquilo, más contenido, te lleva a observar distinto. Y esa calma se nota en lo que hacemos”.

Más que un número

El nombre Nueve nació casi como una declaración de principios. No era un número cualquiera.

“Queríamos evitar el cliché de ponerle nuestros apellidos al estudio”, cuenta Patricio. “Nos parecía que eso podía ser un estudio de abogados, de contadores, de cualquier cosa. Queríamos algo más simbólico. Además, muchos de nuestros referentes ponían números a sus objetos, así que lo invertimos: nuestros productos tendrían nombres propios y nosotros seríamos el número”.

El 9, explican, tiene también una carga simbólica. Representa un ciclo, un cierre que a la vez anuncia un nuevo comienzo. “Siempre nos gustó esa idea”, dice Karin. “Porque cada proyecto es un proceso, una etapa que termina y otra que empieza”.

Desde esa filosofía, Nueve Design Studio se ha dedicado a crear objetos cotidianos con alma, piezas que no buscan brillar solas, sino habitar los espacios de forma natural.

“Nuestro trabajo se trata de hacer objetos cotidianos”, dice Karin. “Nos gusta pensar que ayudan a que los espacios sean más gratos, que se transformen en parte de la vida real de las personas”.

Objetos con cuento

Para el estudio, diseñar no es solo resolver una función, sino contar una historia. En ese sentido, cada pieza tiene su propio relato, un pequeño universo simbólico que le da sentido a la forma.

La colección Pedro, Juan y Diego fue una de las primeras en dar forma a esa búsqueda.

“Era un concurso donde había que diseñar el objeto más común del hogar”, recuerda Patricio. “Nosotros hicimos percheros y repisas, y les pusimos esos nombres. Era una forma de decir que estaban siempre ahí, como personajes silenciosos de la casa”.

Años después, esa misma lógica sigue guiando su práctica.

“Las revistas nos decían que éramos muy storytelling, y nos hizo sentido”, dice Karin. “Diseñábamos de manera intuitiva, pero había un hilo, una emoción. Y cuando nos dimos cuenta de que eso conectaba con la gente, lo adoptamos como parte de nuestra identidad”.

Manos a la obra

El estudio es su territorio natural. Desde ahí, entre materiales, proveedores y prototipos, Nueve fue construyendo una metodología propia.

“Partimos haciendo las cosas nosotros mismos”, dice Patricio. “Porque no conocíamos talleres ni proveedores, así que aprendimos a fabricar. Estuvimos un año completo produciendo, probando, equivocándonos”.

Esa práctica directa les dio una comprensión profunda de los materiales. En su historia se cruzan años de trabajo con acero, con tapicería, con madera maciza, y una curiosidad constante por experimentar.

“Nos enamoramos de los oficios”, dice Karin. “Cuando hicimos nuestro primer sofá conocimos el mundo de los tapiceros, de los talleres antiguos. Después trabajamos con metales, y más tarde volvimos a la madera. Cada etapa nos enseñó algo distinto”.

La experimentación es, para ellos, parte esencial del proceso.

“Siempre tratamos de hacer las primeras piezas para nosotros”, explica Karin. “Hay que tocarlas, sentir el peso, el acabado, ver cómo envejecen. Muchas veces no funciona a la primera: la madera se curva, la tela se raja, los acabados fallan. Pero de eso se trata, de aprender mientras haces”.

Hoy, ese aprendizaje les permite moverse entre escalas: desde un perchero hasta una instalación completa para un restaurante u hotel. “El desafío es mantener la coherencia”, dice Patricio.

“Que el gesto siga siendo el mismo, aunque cambie la escala”.

Los materiales también hablan

Nueve no tiene un material favorito, pero sí una sensibilidad compartida: el gusto por la textura, la imperfección y el color.
“Nos gustan los materiales que tienen algo que decir”, comenta Karin. “A veces es una veta, una sombra en el metal, un entramado de tela. Tratamos de dejar que eso aparezca, de no cubrirlo”.

El trabajo con textiles ha sido una de las áreas más desafiantes.

“Cuando diseñamos la colección Liebe para The Product Culture tuvimos que entender el textil de otra manera”, recuerda Patricio. “Las geometrías del sofá eran muy definidas, así que la tela tenía que comportarse casi como una estructura. No bastaba con que fuera linda; tenía que tener tensión, memoria, flexibilidad”.

En su estudio en Limache abundan las muestras: mármoles, aceros, maderas, terrazos. “Rayamos con todos los materiales”, dice Karin riendo. “Nos gusta explorarlos todos, y ver qué pasa cuando los cruzas”.

Nain Objects: una plataforma para lo cotidiano

Con el tiempo, la producción del estudio creció hasta necesitar su propio espacio. Así nació Nain Objects, la plataforma de colecciones que reúne las piezas seriadas del estudio.

“Nain es la parte más comercial de nuestro trabajo”, explica Patricio. “Ahí lanzamos colecciones cada año, con productos estandarizados, que podemos fabricar de forma más constante”.

Aun así, las colecciones no pierden el carácter artesanal ni la atención al detalle.

“Queremos que sean objetos que puedan convivir con distintos tipos de espacios”, dice Karin. “No diseñamos solo para interiores minimalistas o modernos, sino para cualquier persona que quiera un objeto bien hecho”.

Una de las premisas de Nain es ofrecer opciones. “Queremos que la gente pueda elegir terminaciones, colores, telas”, agrega. “A veces uno compra un producto de línea y no hay más alternativas. Nosotros queremos que cada objeto tenga algo personal”.

Desde Limache, el equipo diseña, coordina producción y envía sus piezas a todo Chile. “Tener el estudio aquí nos ha hecho volver a lo simple”, cuenta Karin. “Trabajar desde la calma, con materiales naturales, con procesos más lentos, pero más conscientes”.

Tierra fértil para el diseño

Vivir y trabajar en Limache ha redefinido su relación con el diseño. “Estar aquí nos ayudó a bajar las revoluciones”, dice Patricio. “Cuando estás en Santiago, todo pasa muy rápido. Acá hay otra velocidad, y eso se nota en los productos: son más simples, más observados”.

Esa conexión con el entorno también los ha llevado a involucrarse con la comunidad local.

“Hicimos un encuentro de diseño en una casona acá, junto con la Escuela de Diseño del Duoc”, cuenta Karin. “Queríamos acercar el diseño a la gente, mostrar que no es algo lejano ni elitista. Diseñamos íconos para la ciudad, mobiliario para espacios públicos. La idea era poner el diseño en la calle”.

Ese espíritu transversal define su mirada actual: “El diseño está en todas partes”, dice Karin. “No solo en las vitrinas. Está en las casas, en los oficios, en las conversaciones. Queremos que la gente vea eso”.

Un estudio, una vida compartida

Hoy, Nueve Design Studio funciona con un equipo pequeño y cercano. Sebastián, diseñador industrial; Javier, fotógrafo y colaborador creativo; y una red de talleres entre Limache, Concón y Santiago.

“Nos gusta trabajar con personas que entiendan el ritmo de la materia”, dice Patricio. “No somos una empresa gigante, y eso es lo que nos gusta: mantener el control, saber quién hace cada pieza, estar ahí”.

Esa cercanía también se traduce en su manera de dirigir. “Somos ordenados, pero no rígidos”, explica Karin. “Cada persona que pasa por el estudio aporta su mirada. Y eso mantiene el proyecto vivo”.

Los próximos pasos del estudio apuntan hacia la expansión, pero sin perder la esencia.

“Nos gustaría que Nain Objects estuviera presente en tiendas de todo Chile”, dice Karin. “Y también afuera: tenemos un distribuidor en Alemania, y sería lindo que eso creciera, que nuestros productos viajaran”.

Patricio complementa: “Más que crecer por crecer, queremos que el diseño chileno se vea. Que se entienda que aquí también se hacen cosas con identidad, con oficio y con coherencia”.

En su estudio, la música y las carcajadas resuenan entre tintas, teclados gastados, bocetos y prototipos. Karin sonríe. “A veces pienso que llevamos quince años haciendo lo mismo: buscando maneras de habitar mejor. Y si eso sigue siendo nuestro motor, entonces vamos bien”.

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