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PA Espacios: donde la casa encuentra su voz

Dic 4, 2025 | Destacados, Interiorismo | 0 Comentarios

Con una sensibilidad nacida en la infancia y forjada en la amistad, el estudio de interiorismo PA Espacios traduce recuerdos, hábitos y emociones en espacios reales. Más allá de estilos o modas pasajeras, cada proyecto busca escuchar a quienes lo habitan y diseñar hogares que hablen de sus vidas, sus historias y sus sueños.

Esto comienza con dos pequeñas niñas decorando las mesas para las fiestas y reorganizando sus habitaciones una y otra vez, sin saber que, algún día, ese impulso se transformaría en una profesión. Así comienza la historia de PA Espacios, el estudio fundado por Anita Pinto y Daniela Aichele, dos interioristas que llevan casi una década trabajando juntas, pero que llevan toda la vida diseñando.

Ellas hablan de su oficio con una sinceridad sencilla, sin poses. No creen en grandes declaraciones, ni en estilos impuestos, ni en modas pasajeras. Creen, más bien, en algo que aprendieron cuando eran pequeñas: que los espacios reflejan maneras de vivir, que un cuarto puede contener una historia, que una mesa bien puesta puede reunir a quienes no se ven hace tiempo, que la belleza cotidiana alcanza para transformar un día entero.

Y ahí, entre recuerdos, complicidades y una intuición casi telepática, se levanta el corazón de su estudio.

Dos infancias marcadas por el mundo doméstico

Antes de ser interioristas, ambas fueron niñas curiosas, atentas, casi obsesivas con aquello que otros pasaban por alto.

Anita recuerda que todo empezó con su mamá.

“Mi mamá siempre le gustó comprar revistas. Viajaba mucho y me traía revistas de afuera, de Barcelona. Siempre tuvo un gusto súper bonito, y eso yo lo fui viendo desde chica”.

Lo cuenta con una claridad suave, como quien vuelve a una escena antigua. Habla de cómo cambiaba su pieza, la pintaba, movía los muebles, ponía la mesa los domingos. Habla de Navidad y de los ocho o diez años con la naturalidad de quien sabe que algo empezó ahí, sin que nadie lo planeara.

Ese impulso temprano convivió, en su caso, con el deporte. Formó parte de su vida familiar y de su propia trayectoria, pero nunca desplazó ese ojo inquieto, esa necesidad de transformar lo que tenía delante: “Esto siempre estuvo en mí”, dice la medallista panamericana.

Daniela tiene una memoria similar, pero su relato está atravesado por la figura de su tía y su tía-abuela, mujeres que parecían vivir rodeadas de belleza.

“Siempre tenían sus casas preciosas. Me llevaban a comprar flores, yo veía cómo armaban los floreros, las mesas maravillosas, la hora del té con unas lámparas increíbles”.

El detalle que otros ignoraban —una escultura, una manilla de puerta distinta— en ella generaba fascinación. Mientras otros niños estaban afuera jugando, ella se quedaba mirando al maestro que trabajaba en la casa.

“Yo me sentaba a mirar cómo trabajaba. Le preguntaba por qué hacía ciertas cosas. Me encantaba ver trabajar, ver cómo todo se iba armando”.

En ambas, la casa fue un escenario íntimo, un campo de exploración y un territorio de libertad. El tiempo pasó, pero esa sensibilidad quedó ahí, esperando a que las dos coincidieran.

De la amistad al oficio compartido

Antes de estudiar juntas, ya eran amigas. Se conocieron por amistades en común y, desde entonces, empezaron un intercambio que no dejó de crecer: fotos de sus casas, consejos, paseos para comprar objetos, visitas improvisadas para reorganizar un espacio.

“Siempre estábamos con alguna idea para nuestras casas”, cuenta Daniela. “De alguna manera asesorábamos a nuestras familias y amigos”.

Hasta que un día, Anita lanzó la frase que cambió el rumbo:
“¿Por qué no nos dedicamos a esto?”

La respuesta fue inmediata: estudiar, formalizar lo que ya hacían por instinto, profesionalizar la sensibilidad que las acompañaba desde infancia.

Las dos cursaron estudios de decoración, luego un magíster en interiorismo. Y aunque estaba planeado hacerlo presencial en Barcelona, la pandemia obligó a realizarlo online. Pero ese detalle no detuvo nada. Al contrario: fue una confirmación de que, incluso en circunstancias difíciles, el proyecto avanzaría.

El nacimiento de PA Espacios

Ya con razón social, nombre, logo y la convicción de que debían partir, el primer encargo llegó desde un lugar familiar; una amiga de Anita quería intervenir las piezas de sus hijos.

El desafío no fue técnico, sino emocional.

“Cuando es alguien cercano es complicado, porque no sabes cuánto cobrar. Está esa cosa de sentirte atrapada”, confiesan entre risas.

Pero el proyecto resultó un éxito, principalmente por el efecto dominó que desencadenó.

“Ella nos súper recomendó a todo su condominio… y del mismo condominio empezaron a salir más proyectos.”

Ese fue su trampolín. Ese y el Instagram que abrieron para mostrar su trabajo, que hasta hoy manejan personalmente.

Aprender, equivocarse y construir equipo

Los comienzos, como en toda historia honesta, tuvieron chascarros, aprendizajes y esfuerzo físico.

“Terminábamos nosotras mismas con taladro en mano para poder sacar un proyecto adelante”, recuerdan.

Cuando un maestro fallaba o el presupuesto no alcanzaba, cuando la cosa era más compleja de lo previsto, se arremangaban y lo resolvían. En ocasiones, incluso con la ayuda de sus maridos.

“Varias veces nos ayudaron ellos. Sin eso, muchos comienzos habrían sido más difíciles”.

Ese camino de ensayo y error las llevó a uno de sus mayores logros: consolidar un equipo de profesionales afiatado, estable, confiable. Arquitectos para remodelaciones grandes, mueblistas, maestros que viajan con ellas incluso fuera de Santiago.

“Eso ha sido clave para crecer. Un equipo así te cambia todo.”

Intuición y vida real

Hablar de un estilo propio siempre es delicado para ellas. No porque no lo tengan, sino porque nunca han querido convertirlo en una fórmula rígida.

Aun así, lo definen con honestidad:

“Nuestro estilo es mas bien clásico, con un toque de elegancia natural. Nos gusta combinar piezas antiguas con elementos actuales y mantener siempre presentes los recuerdos que dan identidad a cada espacio”.

Ese mix es una constante: muebles heredados junto a una lámpara de diseño; linos y maderas nobles; texturas naturales; artesanías; objetos que dicen algo. También colores neutros, tierra, arcilla, tonos que generan calma.

“Nunca imponemos un estilo. Cada casa la viven personas distintas y nos acomodamos a eso”.

En muchos proyectos han debido integrar piezas que el cliente quiere mantener a toda costa. Lo asumen como un desafío creativo, aunque a veces, confiesan, “nos tirita un poco el ojo”. Pero lo logran, porque para ellas el espacio debe hablar de quien lo habita, no de quien lo diseña.

Una conversación a puertas abiertas

Todo comienza con una reunión en la casa del cliente. No con planos, no con referencias, sino con preguntas: ¿cómo viven?, ¿cómo es su rutina?, ¿qué les gusta?, ¿qué no soportan?, ¿qué colores los tranquilizan?, ¿qué objetos significan algo?

“Es mucho de conversación. Te cuentan su vida, su dinámica. Y desde ahí se construye el diseño”.

Lo interesante es que, en ese momento, algo casi mágico ocurre entre ellas.

“Nos miramos y ya sabemos qué vamos a hacer. Nos imaginamos lo mismo al mismo tiempo.”

Es una sincronía poco frecuente entre diseñadores. Nunca han tenido una pelea creativa, nunca un choque estético.

“Siempre fluimos hacia el mismo lado», asegura con una sonrisa igual de complice.

En Anita, por ejemplo, el deporte aparece como un reflejo directo en su manera de enfrentar el trabajo. Ella lo explica sin rodeos:

“No hay que perder la calma ante nada”.

Cuando un cliente es difícil, cuando un maestro no llega, cuando algo se complica, vuelve a ese entrenamiento emocional que da la competencia

“Respirar, contar hasta diez. Pensar positivo. Saber que vamos a salir de esto”.

La disciplina que aprendió en el deporte ahora se traduce en liderazgo, en resolución tranquila, en una forma de sostener el estudio sin perder elegancia ni humanidad.

Después viene la parte técnica: moodboards, paletas de colores, materialidades, referencias. Y una vez aprobado eso, vienen los renders o las imágenes del diseño final.

Esa necesidad de generar un wow

Si hay algo que las define es la búsqueda constante de calidez. Los materiales favoritos se repiten en todos sus relatos.

“Nos encantan los linos, las texturas naturales… Y siempre tratamos de incorporar plantas naturales”.

Pero hay un concepto clave: el punto focal. Un elemento que al entrar al espacio genere sorpresa, que atrape la mirada:
“Puede ser una lámpara, un cuadro, un sofá. Algo que digas ¡WOW! apenas entres”.

Ese equilibrio entre neutralidad y acentos bien elegidos construye una estética que se siente sofisticada, pero no pretenciosa; acogedora, pero no infantil; tranquila, pero con carácter.

Los proyectos que las mueven

Aunque no se cierran a nada, lo residencial es su territorio más natural. Y dentro de eso, lo ideal es intervenir la casa completa.

“Ahí puedes plasmar una armonía desde que entras hasta el último rincón.”

Tampoco descartan expandirse hacia hoteles, restaurantes o proyectos comerciales.

“Sería maravilloso remodelar un hotel. Es el sueño de cualquier interiorista”, nos comentan (confirmamos la opinión)
Y más adelante, ojalá, llevar un proyecto al extranjero, participar en Casa FOA, crecer como estudio, consolidar su equipo interno al 100%.

Un santuario personal

Cuando les preguntan qué mensaje dejarían a quienes las siguen o a quienes diseñan su casa solos, ambas vuelven a lo esencial.

“Que quieran su casa. Que es su refugio, su espacio de calma.”

Repetirán siempre una frase que ya se ha convertido en mantra para PA Espacios.

“Tu casa es tu santuario; haz que ella hable de ti.”

Esa idea se complementa con un consejo práctico, casi maternal.

“Ordenar. Hacer la cama. Lavar la loza. Esos detalles cambian el día y te hacen querer tu espacio.”

No es un llamado al perfeccionismo. Es una invitación al cuidado, a la presencia, a la intención. Un diseño es también una forma de acompañar.

Lo que distingue a PA Espacios no es solo su estética. Es su manera de mirar, de escuchar, de estar. Diseñan, sí, pero también contienen. Interpretan. Observan sin juicios. Intervienen sin imponer.

Y en cada historia —desde la primera recomendación del condominio hasta los grandes encargos actuales— hay un hilo invisible que sostiene su trabajo: la empatía.

Quizás por eso, sus proyectos no se sienten ajenos ni distantes. Se sienten vividos. Reales. Habitables.

Y al final de esta historia, queda clara una cosa: PA Espacios no es un estudio nacido de la ambición, sino de la vida misma. De dos niñas que reorganizaban sus piezas. De dos amigas que se enviaban fotos de sus casas. De dos mujeres que encontraron, en el diseño, una manera de acompañar el mundo cotidiano de otros.

Cuando Anita y Daniela miran un espacio, no ven solo muros ni metrajes. Ven un refugio, una historia, un ritmo. Una manera de vivir que espera ser comprendida.

Y en ese gesto, tan íntimo, tan silencioso, tan lleno de humanidad, vive su verdadera firma, crear espacios que no solo se habiten, sino que se quieran, como los que destacamos a continuación.

Proyecto MF

Laguna Zapallar | R. Valparaíso | Chile

En la costa alta de Laguna Zapallar, donde el viento del mar llega suavizado por el cerro y la luz se filtra entre los balcones en distintos niveles, PA Espacios encontró uno de esos encargos que se abren como un cuaderno en blanco: una casa familiar completa, vivida, un poco dispersa en su organización, pero con un potencial enorme para convertirse en el refugio veraniego de una familia numerosa.

La vivienda, originalmente distribuida en cuatro niveles, pedía una lectura más amable de sus recorridos. Ya no se trataba solo de modernizar una segunda vivienda, sino de hacerla convivir con la realidad actual de sus propietarios: hijos grandes, parejas, visitas, sobremesas eternas y ese espíritu de playa donde el día se alarga entre picoteos, asados y películas en una salita demasiado pequeña para la vida real.

PA Espacios se hizo cargo de todo el proceso. Remodelaron la cocina, reconfiguraron circulaciones, repensaron la materialidad interior y, en el último nivel, levantaron una quinta planta: una terraza mirador con parrilla y zona de encuentro que busca justamente eso que la casa no tenía—una relación franca con el horizonte, aunque no estuviera en primera línea.

La propuesta material siguió la lógica del lugar y de la propia familia: lino, fibras naturales, artesanía, rafias, mimbre, yute; una estética liviana, táctil, hecha para la vida descalza. Toda la casa se pintó de nuevo, se diseñaron muebles a medida junto a una mueblista local y se trabajó cada espacio como un pequeño microclima doméstico: dormitorios que respiran, salas que invitan a quedarse, terrazas que funcionan como expansión natural del interior.

Lo más bonito —cuentan— fue el proceso con los clientes. Participaron en cada etapa, acompañaron elecciones, confiaron plenamente en las propuestas y abrieron la casa para que fluyera el trabajo. Esa complicidad, dicen las diseñadoras, es la clave silenciosa de los proyectos que resultan realmente bien: cuando el cliente confía y suelta, la casa toma forma con otro pulso.

El resultado final es una vivienda que abraza la vida múltiple de sus ocupantes. Un lugar relajado, fresco y honesto, donde cada generación puede convivir sin estorbarse, encontrarse cuando quiere y perderse cuando lo necesita. El espíritu del proyecto MF está ahí, en esa convivencia luminosa: la playa no entra por la ventana, entra por el ritmo de la casa.

Proyecto CW
Lo Barnechea | RM | Chile

Hay encargos que llegan con una cierta delicadeza, casi como si pidieran ser sostenidos con las dos manos. El Proyecto CW fue uno de esos: un espacio que no buscaba solo renovarse, sino encontrar un nuevo significado sin perder la memoria que ya contenía.

Los clientes confiaron a PA Espacios una colección de muebles y objetos profundamente ligados a su historia familiar. En vez de reemplazarlo todo la solución fácil Anita y Daniela optaron por un camino más íntimo: restaurar, revalorar e incorporar esos elementos en un interior contemporáneo, permitiendo que los recuerdos siguieran habitando el proyecto, pero desde otro lugar.

Fue una manera de honrar lo vivido, sin quedarse atrapados en ello.
La inspiración vino de lejos, del territorio emocional que la familia mantiene con Rapa Nui. Esa conexión marcó el pulso cromático y material: tonos tierra, verdes profundos, fibras orgánicas, maderas nobles, una atmósfera cálida que evoca la isla sin caer en lo literal. El espacio respira como un refugio natural, pausado, lleno de textura.

Para ordenar la vida cotidiana sin romper la armonía lograda, PA Espacios diseñó un mueble central a medida: una pieza contundente que esconde la televisión y el aire acondicionado, liberando la visual y manteniendo el interior limpio, sereno, funcional.

El Proyecto CW recuerda algo esencial: los espacios más bellos no son necesariamente los más nuevos ni los más perfectos, sino aquellos capaces de hacerle lugar a la historia de quienes los habitan. Cuando el diseño acompaña esa historia —en vez de intentar borrarla— ocurre algo simple y poderoso: el hogar se siente más verdadero.

Proyecto FH
Las condes | RM| Chile

En pleno corazón de Las Condes, PA Espacios tomó un departamento pequeño y lo transformó en un interior con carácter propio.

Aunque los metros eran acotados, el encargo pedía lo contrario: un espacio con presencia, capaz de recibir huéspedes de Airbnb sin perder esa sensación de hogar que hace que uno quiera quedarse un rato más.

La estrategia fue trabajar con materiales cálidos y gestos que amplificaran la luz. El mobiliario en madera y los muros revestidos en MDF aportaron textura y profundidad, mientras que un gran espejo—protagonista silencioso del proyecto—abrió visuales, duplicó la claridad natural y dio la impresión de un espacio mucho más amplio de lo que sugieren sus dimensiones reales.

El color terracota en las paredes terminó de redondear la atmósfera: envolvente, contemporáneo y con una personalidad que abraza al visitante desde la entrada. Todo fue pensado para equilibrar funcionalidad y experiencia; nada sobra, pero nada se siente técnico o frío. Es un ambiente que recibe, acompaña y se deja habitar.

En palabras del equipo: “Gracias a nuestro cliente por dejar en nuestras manos este proyecto tan especial.”

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