La claridad de una habitación ordenada, la historia de Paz Orellana y su estudio Paz & Deco invita a mirar el interior —de la casa y del alma— con nuevos ojos. Profesora de yoga y diseñadora de interiores, ha hecho del diseño consciente una práctica amorosa, accesible y profundamente transformadora. Aquí, su recorrido vital, sus principios esenciales y su forma única de entrelazar belleza y bienestar.
La niña que ordenaba clósets por amor
Paz Orellana recuerda su infancia con detalles que no se le borran: las casas prestadas, los rincones con alma, los cojines dispuestos como una invitación. “Vivimos en al menos siete casas distintas mientras yo crecía —cuenta—. Ninguna era de lujo, pero todas eran hermosas. Tenían alma”.
La responsable de esa “alma” fue su madre, la Monchi. “Ella no necesitaba grandes presupuestos, solo tenía esa magia. Cojines en lugares estratégicos, flores frescas en la entrada, mantas sobre las sillas… Y sobre todo, la intención de hacer de cada rincón un refugio”.
Paz absorbió todo eso desde pequeña, casi sin darse cuenta. “Yo era esa niña que cambiaba su pieza una y otra vez. Sentía que algo no encajaba, y entonces movía los muebles, ordenaba los clósets por colores. A mis 10 años eso ya era una forma de buscar paz mental”.
Años más tarde, ya convertida en madre joven, descubrió el yoga. No como tendencia, sino como tabla de salvación. “Tenía 20 años, necesitaba sostenerme y también sostener a mi hija. El yoga fue mi primer refugio”. Pero la historia no terminó ahí. Una década después, durante la pandemia, la necesidad de reconectar con su entorno encendió otra llama: el diseño de interiores.
El diseño como camino de regreso a casa
“Me enamoré en la primera clase”, dice sobre su formación como diseñadora. “Sentí que algo en mí despertaba. Y todo lo que había aprendido en el yoga empezó a tener sentido también en el diseño. Porque ambas cosas buscan lo mismo: bienestar”.
Paz no separa el diseño de la vida. “Una casa te puede dar paz o te puede dar euforia. Te puede contener o expulsar. Hay gente que hace todo lo posible por no llegar a su casa, y muchas veces no saben por qué. Es la energía que está ahí, estancada, desordenada, sin intención”.

Así fue como nació Paz & Deco: como una forma de habitar con conciencia y de acercar el diseño a quienes pensaban que no era para ellos. “Democratizar el diseño interior es uno de mis grandes sueños. Mostrar que no se necesita plata, ni tendencias, ni lujos para sentir que tu casa es tu refugio”.
Diseñar para sanar: el alma de los espacios
Para Paz, diseñar conscientemente es “poner atención a lo invisible”. Es preguntarse: ¿cómo me siento en este espacio? ¿Qué me gustaría sentir? ¿Qué estoy necesitando hoy?
“Me ha pasado muchas veces con alumnas de yoga que me dicen: ‘No me hallo en mi casa’. Y claro, hay ruido visual, hay desorden, hay colores que te agotan. Una casa oscura, con rojo y negro, puede ser hermosa para la revista, pero no te da calma. Y el bienestar también se trata de eso”.
Sus herramientas van mucho más allá de la estética. Observa cómo entra la luz, cómo circula la energía, qué historias habitan los objetos. Prefiere los tonos tierra, los verdes naturales, la luz cálida, las plantas vivas. “Un espacio puede ser medicina o puede ser ruido. Puede recargarte… o drenarte”.

Diseño consciente: menos Pinterest, más autenticidad
El diseño consciente que propone no busca lo último en vanguardia, sino lo que hace sentido para cada persona. “No se trata de copiar Pinterest. Se trata de preguntarte cómo quieres sentirte en tu espacio, y desde ahí crear algo tuyo. Algo que te refleje y te sostenga”.
Por eso, cada uno de sus proyectos parte con una entrevista íntima. “¿Cómo estás? ¿Cómo necesitas sentirte? ¿Qué te pasa hoy cuando entras a tu casa?”. A veces la respuesta es difusa, pero el cuerpo siempre sabe. “La casa habla. Y no habla de cómo eres, sino de cómo estás”.
Paz observa sin juzgar. “No me interesa mostrar casas perfectas. Me interesa que alguien diga: ‘Por fin siento que esta casa es mi hogar’”.
El orden como medicina emocional
Una de sus ideas fuerza es que el desorden externo refleja un ruido interno. “Ordenar es un acto de amor propio”, repite como mantra. “No hay que partir comprando cosas. A veces solo basta con abrir una ventana, mover un mueble, sacar lo que ya no te representa”.
La transformación puede ser mínima y radical al mismo tiempo. Cambiar una lámpara fría por una luz cálida. Poner una planta en un rincón olvidado. Agregar una manta de textura suave. Pintar una pared con un color que abrace.
“No se necesita mucho dinero —insiste—. Se necesita intención. Escuchar lo que tu casa te está diciendo, y responder desde el amor”.

Un proyecto, una transformación
Uno de los casos que recuerda con más cariño es el de una familia esperando a su segunda hija. “No tenían mucho presupuesto, pero querían ordenar y embellecer su living y su comedor. Sentían que la casa estaba ‘pesada’”.
Con pequeños cambios —una manta, una lámpara nueva, un canasto para juguetes, una repisa con fotos familiares—, el espacio se transformó. Y no solo visualmente.
“El hijo mayor empezó a ordenar solo, sin que se lo pidieran. Los papás sentían que la casa estaba más viva. Me dijeron: ‘Paz, este cambio fue más grande de lo que imaginábamos’. Y eso es lo que busco. Que una casa se vuelva cómplice de tu bienestar”.

El yoga entre los objetos
Aunque no hable todo el tiempo de posturas ni respiraciones, el yoga está presente en todo lo que hace. En la pausa. En la escucha. En el respeto por los ciclos y las emociones.
“El diseño y el yoga comparten un propósito: hacerte sentir mejor. Volver al centro. Yo vi a mis alumnas llorar después de una clase, solo por respirar y conectar con ellas mismas. Y eso mismo puede pasarte al cambiar tu pieza. Un espacio también puede abrirte el corazón”.
Para ella, diseñar es otra forma de acompañar procesos. De ofrecer contención. De traer presencia. “Diseñar no es solo decorar —dice—. Es preguntarte qué necesitas en este momento de tu vida, y crear un espacio que lo abrace”.
Un rincón con nombre propio
Hacia el final de la conversación, Paz propone un ejercicio simple: “Elige un rincón de tu casa. Obsérvalo. Pregúntate qué sientes cuando estás ahí. ¿Qué podrías quitar? ¿Qué podrías agregar? Y luego ponle un nombre. ‘Rincón de calma’, ‘espacio para ser yo’, lo que te nazca”.
Ese gesto, tan sencillo como poderoso, es una puerta de entrada al diseño consciente. No hay manuales ni recetas. Solo intención, autenticidad y pequeñas acciones que te devuelven el bienestar.
“Tu casa puede ser tu refugio. No necesitas grandes presupuestos. Solo necesitas conectar contigo, con lo que estás necesitando hoy”.

Paz & Deco: una misión con alma
Hoy Paz vive en Viña del Mar, ofrece asesorías presenciales y online, y sigue soñando con ampliar su alcance. “Quiero llegar a más personas. Quiero que el diseño deje de ser un lujo y se vuelva una herramienta para vivir mejor”.
Su propuesta no busca “embellecer” por cumplir, sino conectar, despertar, transformar. Y en ese sentido, su diseño es también una forma de sanación.
“El diseño no es superficial cuando lo haces desde el corazón. Al contrario: es profundamente transformador”.
Y así, sin dogmas, sin fórmulas rígidas, Paz Orellana sigue creando refugios. Espacios que respiran contigo. Casas que hablan el lenguaje de la calma. Rincones que te invitan, como su voz, a quedarte un rato más.











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