En el corazón de Santiago, en un espacio de 70 metros cuadrados, Estudio MBL levantó algo más que un interior bien resuelto, construyó un hogar que funciona como un respiro. Una casa que no se piensa como objeto, sino como gesto. Un espacio que acompaña un tránsito vital, ese movimiento silencioso entre el campo y la ciudad, entre lo conocido y lo por descubrir, con la suavidad de quien entiende que la belleza más profunda ocurre cuando todo baja de ritmo.
El encargo inicial era práctico, amoblar un departamento vacío para hacerlo habitable durante una etapa de transición. Pero, en el camino la escala cambió.
“El espacio dejó de ser un lugar para pasar y empezó a convertirse en el lugar donde volver y pertenecer”, explican Macarena Acuña y Bernardita Toledo, las fundadoras de MBL.
Refugio nace como una pausa en medio de la ciudad. Es el ancla emocional de alguien que vive fuera de Santiago y que necesita un lugar para comenzar a vivir la transición del cambio del campo a la ciudad:, un espacio íntimo para reconectar con lo esencial, encontrarse con los afectos y volver a sentirse en casa.
«La narrativa principal es la de una casa que abraza. Aquí se cocina lento, se conversa largo y se descansa profundo. Cada decisión de diseño, desde la escala del mobiliario hasta la calidad de la luz, los colores y objetos, buscan sostener esa sensación de calma, pertenencia y sofisticación relajada, sin estridencias ni excesos», comentan las diseñadoras.
La atmósfera se construye desde una paleta serena: blancos, arena, taupé y piedra que funcionan como un lienzo silencioso, interrumpido apenas por acentos en azul, negro y verde oliva.
Maderas nobles de acabado mate, lino, cuero y cerámica artesanal aportan textura y humanidad, invitando a habitar sin apuro. La iluminación, natural filtrada y artificial en capas, dibuja rincones que se suavizan durante el día y se recogen al caer la tarde. Nada es intensamente dramático; sino que profudamente íntimo.

Podríamos decir que Refugio se sostiene en tres pulsos que atraviesan todo el proyecto: pertenencia, calma y calidez. Nace desde cero, sin objetos heredados ni historias previas, y justamente por eso cada pieza fue creada o escogida con intención, para construir un lugar donde el habitante pudiera reconocerse y sentirse parte desde el primer día. La calma aparece como una invitación a bajar la velocidad: materiales nobles, luz cálida y una paleta serena componen una atmósfera que no busca llamar la atención, sino ofrecer una pausa. Y la calidez, tanto visual como táctil y emocional, completa el cuadro con sillones amplios, texturas naturales y detalles hechos a mano que no intentan impresionar, sino simplemente abrazar.
No hay un “gran gesto” en Refugio, y esa es justamente su fuerza. Lo que ordena el relato es la presencia de lo hecho a mano: muebles a medida, luminarias y piezas desarrolladas junto a talleres y oficios locales. No se parte de un catálogo ni de una colección preexistente, cada objeto fue pensado para este lugar, para esta historia, para esta persona que necesitaba un punto de apoyo emocional. El diseño opera como una conversación lenta con el habitar.




El comedor resume esa intención. Una mesa de madera generosa, simple y honesta organiza la vida doméstica. Largas sobremesas, celebraciones espontáneas, trabajo ocasional.
Es el gesto que sostiene la vida diaria sin imponerse visualmente, equilibrando robustez y ligereza. Alrededor, asientos móviles y piezas clave de mobiliario permiten adaptar el espacio a visitas diversas sin perder coherencia ni serenidad.
Mirado en perspectiva, Refugio marca un punto de madurez en la práctica de Estudio MBL. Confirma algo que venían desarrollando hace tiempo: que el diseño no es solo forma, ni solo función, ni solo materialidad. Es, sobre todo, cuidado.
«Refugio representa un punto de madurez en nuestra forma de diseñar. Consolida algo que veníamos desarrollando desde hace tiempo: la convicción de que el diseño no es solo estética, funcionalidad o materialidad; también es cuidado emocional», dicen.








“No solo diseñamos un espacio que se ve bien; diseñamos uno que acompaña”, agregan con convicción.
Y esa frase resume lo que este proyecto logra: transformar el interior en una experiencia que invita a recuperarse, a bajar la velocidad y a reencontrarse con lo esencial.
Refugio es, al final, un recordatorio silencioso: los espacios también pueden abrazar.
Reseña de las autoras

Fundado por las primas Macarena Acuña y Bernardita Toledo, Estudio MBL ha construido una identidad que se mueve entre la sutileza y la profundidad emocional del habitar. Su sello está en entender los espacios como lugares que acompañan: interiores serenos, cálidos y honestos, donde cada decisión, ya sea material, cromática o lumínica, busca sostener una forma de vida más consciente.
Trabajan desde lo artesanal, privilegiando texturas nobles, luz pausada y piezas hechas a medida que transmiten humanidad.
Diseñan para generar pertenencia: hogares que abrazan, atmósferas que invitan a bajar el ritmo y una estética que combina sofisticación silenciosa con un cuidado casi íntimo por quien habita.
En el universo de Estudio MBL, la estética no es un fin en sí mismo. “Creemos firmemente que el diseño transforma, no solo desde lo visual, sino desde lo emocional. Diseñar un espacio es meterte en el corazón de una familia.”
Descubre más de su trabajo en Instagram @estudiombl










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