La líder y fundadora de Richasse Studio ha recorrido un camino marcado por la exploración en el más amplio sentido, hoy sus diseños eclécticos son reflejo precisamente de esa búsqueda, una rebeldía que se ha transformado en una declaración de principios. Su trabajo cruza arte, interiorismo y neuroarquitectura para crear espacios que no siguen fórmulas pero dan cuenta, con atrevimiento y riesgos, de algo mucho más profundo, la vida e historia de quienes habitan los espacios.
Hay una imagen que Rosario Richasse guarda como un hilo secreto que atraviesa su historia: una niña en una mesa, con papeles dispersos, garabateando figuras sin cesar, probando técnicas improvisadas, sin un método más que la curiosidad. No había clases formales ni alguien dictando cómo debía ser. Había, en cambio, un impulso autodidacta, una especie de disciplina nacida de la tenacidad, que la llevó desde el dibujo hasta los murales y, más tarde, al diseño de ambientes. “Siempre fue exploración —recuerda—. No nací con un talento que se expresara de manera natural, fue más bien constancia y ganas de aprender. El arte me permitió soltar los miedos, atreverme a empezar cosas nuevas”.
Ese gesto inicial es también la raíz de lo que hoy define su estudio: una práctica que se rehúsa a encasillarse en un estilo único, que se abre a la mezcla, al riesgo y a la escucha profunda de quienes habitan los espacios.
La exploración de técnicas, materiales y lenguajes se hizo parte de su vida. En el campo del arte probó el realismo, el graffiti, las acuarelas, los acrílicos. Pasó de animales a figuras humanas, de lo abstracto a lo decorativo. No buscaba definirse en un estilo, sino expandir los límites de lo que podía hacer.
Esa multiplicidad no fue siempre sencilla de aceptar, y eso se replicó más adelante al enfrentarse a su profesión de diseñadora de ambientes. “Por mucho tiempo pensé que estaba mal no tener un estilo propio. Veía estudios que vendían un sello muy definido, repetían una paleta, un gesto, y yo sentía que no me calzaba. Me cuestionaba: ¿qué voy a mostrar? ¿Qué voy a vender? Hasta que entendí que mi eclecticismo no era un problema, era una oportunidad”.
Tomar esa oportunidad es lo que hoy define a su oficina independiente, la plataforma desde la cual Rosario da rienda suelta a su creatividad con el fin de mejorar la vida de quienes habitarán los espacios.

La exploradora
Con la exploración como una constante, comenzó su camino profesional cursando un año y medio de arquitectura en la Universidad del Desarrollo. Fue allí donde, entre planos, maquetas y cálculos, descubrió que su interés no estaba en la lógica estructural, sino en la dimensión estética, sensible y humana de los espacios. El cambio hacia la carrera de Diseño de Ambientes y Objetos fue liberador.
“De pronto podía volar, inventar proyectos sin límites, jugar con posibilidades que no tenían que ser cien por ciento reales. Fue ahí cuando sentí que la carrera flotó, que todo cobraba sentido”.
Un intercambio estudiantil en Florencia, Italia, consolidó esa pulsión. Europa la conectó con la historia del arte, con la fuerza de las materialidades y la tradición artesanal. A su regreso, trabajó en estudios de arquitectura e interiorismo, pero pronto se dio cuenta de que la repetición de fórmulas la agotaba. Se independizó y fundó Richasse Studio, donde hoy dirige de manera integral cada proyecto.

Un estudio que se abre al riesgo
Richasse Studio no ofrece un estilo predeterminado, ni una receta que se repite proyecto tras proyecto. Su propuesta es un espejo de las personas, de sus historias, modos de vivir y también de sus propias exploraciones y creatividad.
“Cada cliente es distinto. No tiene sentido pensar que todos necesitan lo mismo. Por eso prefiero entrar en profundidad en la personalidad de cada uno y co-crear desde ahí. El espacio no es para mí ni para otros, es para esa persona que lo va a habitar”.
Esa premisa ha dado pie a un lenguaje en movimiento, capaz de abarcar desde proyectos minimalistas hasta composiciones maximalistas, sin jerarquizar uno sobre otro. El eclecticismo no es capricho, sino consecuencia.
El proceso, explica Rosario, parte de una conversación íntima con el cliente, que se convierte en materia de diseño. “Es como traducir una biografía en espacio. Pueden ser recuerdos, rutinas, objetos heredados. Todo lo que constituye la vida de alguien puede encontrar un correlato en un color, una textura, una curva”.
«Mi visión del diseño consiste en tomar riesgos, ser adaptable, generar sorpresas entre espacios, mezclar estilos y estar en constante búsqueda de nuevas tendencias y soluciones. Me apasiona el color, texturas, estampados y la naturaleza. Creo que los espacios tienen que contar historias, aventuras y representar la personalidad del que lo habitará», agrega.




La poética de lo material
Si hay algo que nunca falta en sus proyectos, es la textura. Rosario no concibe un ambiente plano ni monocorde. “Si alguien me pide un espacio beige y blanco, está perfecto, pero voy a meterle texturas, voy a mezclar formas para darle profundidad. Si no, se vuelve deprimente. El ser humano necesita capas, necesita rugosidades para sentir calma y armonía”.
Su vocabulario incluye telas, maderas, metales, papeles murales, cerámicas, superficies que dialogan entre sí como capas superpuestas. Le atraen los metales por su brillo y su contraste, y las curvas por su organicidad. Todo en función de una experiencia sensorial: cómo se siente el espacio al ser habitado.
Aquí aparece también la influencia de la neuroarquitectura, disciplina en la que Rosario se formó a través de un diplomado. De allí extrajo principios que hoy aplica a sus proyectos: la importancia de la luz natural en relación al ciclo circadiano, el uso de patrones inspirados en la naturaleza, la adaptación de la altura y escala para provocar emociones específicas.
“Un espacio alto puede fomentar creatividad, uno más bajo concentración o incluso cierta opresión. Saber dónde abrir o cerrar, dónde dar luz, dónde poner color, cambia la conducta y el ánimo de quienes habitan”.

Entre el arte y el diseño
La faceta artística de Rosario no quedó atrás al fundar su estudio. Sigue pintando, ilustrando, creando murales. Entre ellos, destaca un encargo para una verdulería en Lo Barnechea, donde desplegó colores y formas que transformaron un espacio cotidiano en una experiencia visual. Para ella, esa práctica funciona como contrapunto y como fuente de inspiración.
“El arte me da la libertad de experimentar sin límites, y eso después se filtra en el interiorismo. No es solo colgar un cuadro, es pensar el arte como parte integral del espacio”.
De este cruce surge una idea que atraviesa todo su trabajo: el diseño como arte expandido.
«El diseño es capaz de generar vínculos y una sensación de identificación con las personas, logrando así cambiar su calidad de vida. Es también un lenguaje universal para lograr cambios importantes. Como artista y diseñadora, estoy en constante aprendizaje y desafiándome a mí misma. Espero que mi diseño sea un sello y una representación de libertad que haga sentir a las personas bienvenidas e inspiradas. Mi filosofía, tanto en la vida como en el trabajo, es ser curiosa, tomar riesgos y vivir con pasión».

Traducción
Richasse Studio ofrece remodelaciones, decoración integral de interiores y diseño de mobiliario a medida. Sus proyectos abarcan desde viviendas particulares hasta oficinas y espacios comerciales.
En oficinas , por ejemplo, Rosario busca generar ambientes de trabajo cálidos, cercanos, casi hogareños, donde la productividad convive con la comodidad. En espacios residenciales la clave es interpretar rutinas y deseos de sus clientes, traduciendo estilos de vida en materialidad y color. Al mismo tiempo se trata de enfrentar el desafío de equilibrar lo estético con la ergonomía y funcionalidad de los espacios de uso intensivo, proponiendo soluciones prácticas sin perder carácter.

Rosario proyecta expandirse hacia encargos de mayor escala, especialmente en el ámbito comercial, ya que realizó un Masgister de Diseño de Interiores en espacios comerciales en el IED Kunsthal Centro Superior de Diseño, en España durante el 2024.
“Los espacios como restaurantes u hoteles son fascinantes porque tienen un concepto detrás. No se diseñan solo para vivir, sino para experimentar. Ahí se puede ser más arriesgado, más lúdico. Eso es lo que me gustaría abarcar en el futuro cercano”.
Ese impulso conecta con algo esencial en su trayectoria: la búsqueda de autenticidad. No ofrecer un estilo fijo, sino crear con cada cliente un relato nuevo. En tiempos donde la homogeneización parece imponerse, Rosario defiende la diversidad. “Puede que lo que diseñe para alguien no le haga sentido a otra persona, pero lo importante es que funcione para quien lo vive. Al final, el diseño es un puente entre biografías y espacios”.
Escuchar a Rosario Richasse es como entrar en un espacio lleno de capas: hay color, hay textura, hay curvas que invitan al movimiento. No hay un estilo único que la defina, sino un eclecticismo que se vuelve identidad. Sus proyectos no son fórmulas, son relatos personales traducidos a materia, luz y forma.



En su manera de habitar lo ecléctico se encuentra también una lección más amplia: que el diseño no necesita uniformidad para ser coherente, que la belleza no siempre está en la repetición, sino en la singularidad de cada vida.
Como aquella niña que dibujaba incansablemente sin saber en qué se convertiría, Rosario sigue explorando. Hoy lo hace desde Richasse Studio, con la convicción de que cada espacio es una historia esperando ser contada.








0 comentarios