La arquitecta y paisajista chilena entiende cada casa como un proyecto de vida donde conviven hábitos, entorno y sustentabilidad práctica.Así, su estudio, DD Arquitectura, propone un habitar íntimo y arraigado al entorno
Una casa es mucho más que una simple construcción de paredes y techos. Para la arquitecta chilena Domenica Debarbieri, una casa es un reflejo de la historia, un proyecto de vida y la materialización de los sueños de quienes la habitan. Esta convicción es el sello de su trabajo, que se enfoca en la simbiosis y el complemento entre la arquitectura, el entorno natural y las personas.
En su voz, hay una mezcla de precisión y gentileza. Domenica no habla como quien explica planos, sino como alguien que describe una caminata, un viaje que la ha llevado desde las obras de construcción con su padre en la infancia hasta su propio estudio, DD Arquitectura.
El camino de Domenica hacia la arquitectura parece haber sido inevitable. Desde pequeña, su padre, dueño de una constructora, la llevaba a las obras, exponiéndola a la realidad de las excavaciones y el proceso de creación. Esta familiaridad temprana con el andamiaje físico de la construcción le dio una relación muy práctica con el espacio: no solo hay que imaginarlo, sino también entender cómo se hace.
Pero su conexión con el diseño iba más allá de lo constructivo.Mientras la llevaban a ver cómo se levantaban cimientos, ella dibujaba casas que intentaba hacer preciosas.

Esta pasión por el arte, que heredó de su madre, le permitió entender la arquitectura no sólo como una disciplina de construcción, sino también como una expresión artística. Esa tensión entre lo constructivo y lo artístico es un eje que atraviesa su formación y su práctica.
En definitiva, la conjunción de ambos mundos – lo técnico del padre y lo artístico de la madre – selló el destino: la arquitectura como síntesis.
Las dudas de la formación
El ingreso a la universidad no fue un camino de certezas.
“Cuando entré no era nada de lo que me esperaba. Lo encontré terrible, me cargó”, confiesa. La carga académica y el ritmo la hicieron dudar. “Los dos primeros años pensé en cambiarme, sentía que no era lo mío”. Pero la perseverancia tuvo recompensa: “Ya más adelante le agarré el gusto. Y cuando me fui de intercambio a Italia, ahí supe que iba a terminar. El ritmo cambió, entendí la carrera desde otro lugar”.
Ese aprendizaje marcó su modo de trabajar: resistencia, observación y la certeza de que la arquitectura es más que disciplina constructiva. “Es constructiva, sí, pero también es artística y profundamente humana. No puedes separar una cosa de la otra”.
Tras finalizar sus estudios, el salto a la independencia fue abrupto. “Salí en plena pandemia. Mandé miles de currículums y casi nadie respondía. Di mi título online, cerré el computador y fue como: ‘ya, salí de la universidad’, fue muy extraño”.

Sin embargo, el contexto la empujó a emprender y fue finalmente el camino correcto. Gracias a la constructora de su marido, Open Plan, comenzaron a abrirse oportunidades en la costa de Matanzas y Puertecillo. “Me decían: este proyecto no tiene arquitecto, ¿quieres verlo? Y así se fueron abriendo puertitas, hasta que agarró vuelo”.
En 2021 nace oficialmente DD Arquitectura, con un sello claro: arquitectura y paisajismo sustentable, en diálogo con la vida cotidiana.
Escuchar antes de proponer
Diseñar una casa, dice, es entrar a la intimidad de una familia. “Siempre digo que una casa es un proyecto de vida. Me encanta involucrarme en las etapas iniciales, cuando el cliente me cuenta lo que ama. Si alguien me dice: ‘yo amo cocinar, necesito que la cocina sea el centro’, desde ahí parte todo”.
La escucha se traduce en un método: escuchar – mapear – proponer. Cada decisión estética se cruza con la pregunta clave: ¿cómo van a vivir ahí? “La parte más importante es cómo esa persona y su familia habitarán ese espacio, y eso hay que considerarlo en cada rincón”.

Sustentabilidad práctica
Lejos del “sello verde” vacío, Domenica aborda la sustentabilidad con soluciones concretas. “En la playa construimos mucho en madera, que es noble. Pero no es solo materialidad: son ventilaciones cruzadas, orientación solar, aislaciones. Una casa bien pensada puede ahorrarte aire acondicionado y calefacción”.
El resultado: casas que respiran, acumulan calor en invierno y se refrescan en verano. “Son pequeños gestos de diseño que reducen el consumo de energía”.

El diálogo con el interior
Aunque no se dedica de lleno al interiorismo, su mirada arquitectónica le da ventaja. “Uno como arquitecto dimensiona distinto. Para mí un espacio es un Tetris: sé que ahí cabe una mesa de dos metros. Es más intuitivo distribuir sin sobrecargar”.
Si bien aún no ha tomado proyectos completos de decoración, su manera de pensar los espacios busca siempre fluidez, circulaciones claras y cotidianeidad sin esfuerzo.
El paisaje como brújula
La naturaleza siempre ha presente en la vida de Domenica y sus proyectos también son un reflejo de esa conexión. “Me encanta hacer trekking, caminar por los cerros, observar las plantas”, dice. Esa pasión la llevó a complementar su Magíster en Arquitectura con un diplomado en Paisaje.
“Siempre tuve claro que la arquitectura no está sola, sino que es un complemento con su entorno. No voy a plantar un árbol que no se adapte a las condiciones de su lugar por forzar la visión estética: hay que respetar lo que ya existe”.
Domenica se define como “observadora”. Antes de diseñar, hace un “mapping” del lugar: topografía, vientos, especies nativas, vistas. “Es un proceso de mirar qué pasa en el sitio y desde ahí proponer”. Para ella, el paisajismo no es decoración, sino prolongación: “La casa no termina en la puerta, se extiende hacia afuera”.

El futuro: crecer sin perder la escala
Hoy Domenica tiene proyectos fundamentalmente en la regiones de O’Higgins Valparaíso y Los Ríos, enfrentado básicamente la escala residencial, pero el horizonte se amplía. “Me encantaría que el estudio crezca y seamos más personas. El trabajo colaborativo es enriquecedor: te das cuenta de que tu visión no es la única”.
Su próximo paso académico es un máster en Inteligencia Artificial aplicada a la arquitectura. “La IA es una herramienta súper importante. Te permite optimizar procesos sin perder sensibilidad por el lugar”.
Y si tuviera que definir sus obras en una frase, no duda: “Complemento o simbiosis”. Porque, como dice, “la casa no se trata solo de muros y techos: es un proyecto de vida que se entrelaza con el paisaje y con quienes lo habitan”, tal como se muestra en los siguientes proyectos destacados.
Casa Dos Puntas
En la memoria de Domenica hay una casa que siempre aparece como punto de partida. Fue la primera que diseñó y está en Matanzas, dentro de un condominio con vista al mar.
El encargo parecía sencillo pero tenía un desafío evidente: las casas vecinas ya ocupaban el frente hacia el océano y había que resolver cómo ganar vistas sin perder privacidad.
“Por eso se genera esta idea de esta punta, como una forma de barco que apunta hacia el mar, con las terrazas que salen y con los ventanales que se abren hacia esas direcciones”, recuerda.
La solución de las dos puntas no fue solo una metáfora náutica, fue también una estrategia espacial: abrir lo necesario hacia la costa y cerrar con firmeza hacia el vecino.
La estructura se resuelve con pilotes de madera y pilares de fierro en los volados, paneles ZIP y un segundo nivel revestido en zinc cuadroforma. El interior está pensado para ocho personas, con tres dormitorios y un espacio común amplio que reúne cocina, comedor y estar en un mismo ambiente, prolongado hacia una terraza triangular que funciona como living exterior. “La idea era priorizar la convivencia, generar aire y amplitud, y que todo terminara en el mar”, dice.
El paisaje, por su parte, se abordó con especies locales, entendiendo que en la costa las plantas también son parte del habitar.






Casa Maitén
Muy distinta es la historia de la Casa Maitén, ubicada en el valle, dentro de una reserva que protege flora nativa y donde la vida familiar gira en torno al deporte.
Los clientes —una pareja con cuatro hijos— necesitaban una casa amplia, capaz de recibir grupos grandes, guardar bicicletas y equipos, y resistir la intensidad de una vida al aire libre.
“Ellos son súper deportistas, navegantes, ciclistas… tenían muchos juguetes que guardar, entonces había que pensar en una gran bodega”, explica Domenica.
La solución fue pragmática y estética a la vez: un contenedor de doce metros revestido en gaviones de piedra que al ojo funciona como un muro y, en lo práctico, es un depósito de treinta metros cuadrados. Alrededor, la casa se despliega con cuatro dormitorios y cuatro baños, un quincho importante para las reuniones y espacios exteriores que incluyen duchas y zonas de arena, prolongando el interior hacia afuera.
En el paisaje, Domenica reforzó la idea de bajo consumo hídrico con especies nativas de clima árido, pero respetando también los deseos de los dueños: “ella amaba el color morado, así que terminamos armando combinaciones de especies donde el morado tiene un rol protagónico”.
La materialidad se resolvió en clave cálido-industrial, con revestimiento metálico cuadroforma que asegura menor mantenimiento que la madera y dialoga con la rudeza del entorno.






Casa de Los Patios
Más reciente es el proyecto de la Casa de los Patios, en Cáhuil, concebida como un conjunto familiar que debía responder a una petición poco común: un padre quería construir cuatro casas, una para cada hijo y otra para él, pero que no se vieran como cabañas separadas sino como una sola unidad. Domenica resolvió el dilema creando un abanico de volúmenes unidos por pasillos y techumbres, de modo que la lectura exterior fuera la de un solo cuerpo. “Era el desafío: podían ser cuatro cabañitas, pero había que lograr que a simple vista fueran una casa”, dice. Cada volumen es compacto, de dos piezas y un baño, pero las relaciones espaciales entre ellos generan terrazas superiores y miradores que permiten mirar tanto al mar como al bosque. El terreno, con una planicie breve que luego cae en quebrada, fue determinante: las casas se apoyan en la zona más estable, mientras que la quebrada se reserva como futuro jardín contemplativo, con senderos y un hot tub inmerso en los árboles. El resultado es un conjunto que juega con la dualidad de sombra y sol, intimidad y encuentro, multiplicidad y unidad.















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