El arquitecto Rodrigo Vargas Larraín cambió el estrés de los proyectos capitalinos por la contemplación de Puerto Varas. A través de Estudio +SUR, su oficina en el sur de Chile, no solo diseña estructuras, sino que utiliza la arquitectura como una herramienta para la conexión humana y territorial. Descubrimos cómo su método, anclado en la lectura profunda del paisaje y la reutilización de espacios olvidados, ha sido influenciado por la montaña, el silencio y una búsqueda constante por crear «espacios amables» que le devuelvan la vida y la gratitud al habitar.
Algunas veces solemos dar mucha importancia a nuestras ideas y pensamientos para tomar decisiones. Sin embargo, y la mayoría de las ocasiones, las elecciones que hacemos siguiendo el corazón, el sentimiento, la intuición, son las que cambian y definen el rumbo de la vida. Para el arquitecto Rodrigo Vargas Larraín, dejar Santiago no fue una huida, sino una búsqueda. Una necesidad visceral de cambiar el ritmo acelerado de la capital por la pausa necesaria del sur de Chile.
Instalado en Puerto Varas desde hace más de una década, el fundador de Estudio +SUR ha logrado consolidar una oficina que no solo proyecta edificios, sino que entiende la arquitectura como un vehículo para conectar a las personas consigo mismas, con su comunidad y, inevitablemente, con la naturaleza indómita que las rodea.
Conversamos con él sobre la resiliencia de emprender en regiones, la recuperación de espacios olvidados y cómo la montaña y el silencio han transformado su manera de trazar líneas en el papel.
Del vértigo a la escala humana
La historia de Rodrigo con el sur comenzó luego de un necesario freno que lo hizo mirar de manera diferente.
A pesar de vivir cerca de las comodidades que ofrece una comuna como Providencia, con la posibilidad de moverse en bicicleta, un lujo que él mismo agradece, el ruido de fondo, la velocidad y la dinámica esclavizante propia de las grandes ciudades ya no le acomodaban.
«Había un estrés, un ritmo muy acelerado. De mucha gente, de muchos autos. A pesar de que Santiago es una ciudad entretenida, son pocos los lugares donde puedes tener una buena calidad de vida».
Fue en 2014 cuando, junto a su ex pareja, decidió dar el salto y partir a Puerto Varas. No había un plan maestro, nada realmente calculado, sino una certeza emocional.
«Llegamos acá más por intuición. Porque como que todavía no explotaba esto de esta zona, como se sabe hoy».
Sin embargo, el aterrizaje profesional no fue inmediato hacia la independencia, es más, su primer encuentro profundo con la geografía sureña vino de la mano del servicio público, algún tiempo antes de tomar el vuelo definitivo.
Trabajando para Bienes Nacionales, Rodrigo tuvo la oportunidad de recorrer rincones que pocos conocen, midiendo terrenos y campos en las regiones de Los Lagos y Aysén. Fue en esos viajes, mapa en mano y botas en el barro, donde el vínculo se selló.
«Ahí me enamoré del sur, no lo conocía bien, y ahí dije: ‘este es el lugar’.

+SUR: La arquitectura de la resiliencia
El nacimiento de su estudio de arquitectura, tiene esa impronta de la resiliencia que caracteriza a quienes deciden hacer patria lejos de su origen. Tras el fin abrupto de un programa gubernamental en el que estaba trabajando, Rodrigo se vio obligado a armar su propio camino en un lugar donde apenas conocía a un par de personas. «Fue difícil porque no conocía a nadie (…) no tenía un portafolio así como ‘vamos a mostrar’. Tenía muy pocas cosas».
Apelando a sus habilidades blandas y a esa capacidad de conectar con el otro, logró su primer gran encargo. No fue una casa con vista al lago, ni un hotel boutique, sino un desafío técnico e industrial: un frigorífico.
«Un caballero apostó por mí, como una especie de mecenas. Y así empecé, con un frigorífico. Fue un desafío que finalmente abrió otras puertas». Esa versatilidad se convirtió en el sello de la oficina.
Hoy, +SUR no se encasilla. Rodrigo entiende que en regiones, el arquitecto debe ser un profesional integral, capaz de moverse entre escalas con soltura.
«No me cierro a nada. Para mí cada encargo es un desafío distinto, que trato de ponerle la mejor cabeza y creatividad».
Desde ampliaciones y casas hasta remodelaciones de restoranes cafés, la oficina cuenta hoy con un equipo capaz de hacerse cargo de la obra completa, colaborando estrechamente con constructores y calculistas.
Más allá de la versatilidad de las escalas y la materialidad, la colaboración ha sido uno de los grandes descubrimientos de su práctica. Entendió que, para desarrollar proyectos más grandes y complejos, era esencial superar la figura del arquitecto solitario y sumar talento.


La oficina, tanto en Puerto Varas como en Santiago, funciona hoy como un nodo que conecta profesionales, garantizando que cada área de la obra sea abordada con la mayor especialización.
«La colaboración entre profesionales ha sido un gran descubrimiento para poder desarrollar y tener mejores resultados en proyectos más grandes, porque son más cabezas. Lo mismo con mi equipo, el trabajo con ellos es fundamental», afirma.
Este enfoque le permite a +SUR ofrecer un servicio integral: desde el cálculo estructural con especialistas externos hasta la coordinación de sanitarios y eléctricos, asegurando que la belleza y el concepto de diseño estén siempre respaldados por una ejecución técnica robusta y precisa.
El lugar manda: Un método anclado en la tierra
Si hay una frase que resume la metodología de Rodrigo Vargas, es esta: «El lugar manda». No se trata de imponer un ego o una forma preestablecida sobre el paisaje, sino de leer lo que el entorno pide a gritos o susurra en silencio.
Para cada proyecto, Vargas realiza un diagnóstico exhaustivo, una suerte de análisis FODA del terreno.
«Hago una evaluación inicial para ver dos cosas: valorar las cosas buenas que hay, lo que se puede rescatar, y por otro ver las carencias o amenazas y buscar las maneras para poder solucionarlo».
Esta lectura del territorio se traduce inmediatamente en la materialidad. Aunque la madera es la protagonista indiscutida por su nobleza y presencia local, +SUR integra el acero como estructurante y, de manera crucial, el vidrio.
En el sur, donde la luz es un regalo que a veces escasea, la orientación y la transparencia son vitales.
«Aunque aparezca el sol… hay muchos lugares de sombra, bosques, días largos y lluvioso, entonces aquí el vidrio y su orientación es clave».

Otra clave para Rodrigo es la utilización de mano de obra de la zona y, al mismo tiempo, el rescate y uso de materia prima local, no sólo propia de la región, sino que del sitio mismo donde se está trabajando.
Un ejemplo reciente de esta filosofía de «rescate local» es un proyecto en Estaquilla. Allí, la arquitectura no solo se posa sobre el lugar, sino que emerge de él.
«Estamos rescatando materiales de la zona, el coligüe para hacer un cerco trenzado chilote, la piedra para hacer un fogón. Es una forma orgánica de adaptarse bien al lugar».
Más allá del edificio: Recuperar la ciudad
La mirada de Rodrigo no se detiene en los límites del predio privado. Su vida en Puerto Varas lo ha llevado a involucrarse activamente en la recuperación de la memoria urbana, transformándose en un gestor cultural accidental pero apasionado.
Observando los vacíos de la ciudad, esos lugares que la modernidad va dejando atrás, Rodrigo y un grupo de amigos pusieron sus ojos en la antigua estación de trenes. Lo que era un espacio «totalmente abandonado, feo, botado», se transformó gracias a la gestión de la fundación Parque Sur en el actual Parque Estación, un núcleo vibrante de gastronomía y cultura.
Esta pulsión por devolverle la vida a lo olvidado se repite con la fundación Encuentro Sur, enfocada en el ex consultorio de Puerto Varas, un edificio icónico que lleva 32 años en silencio. Para Vargas, esto es parte esencial de la versatilidad del arquitecto contemporáneo.
«Encontré un nicho, un nicho cultural, una manera de diversificar, porque de esta manera también siento que aporto, que se hacen cosas distintas».


La montaña como maestra
Vivir en el sur cambia a las personas. Cambia el ritmo del caminar, cambia la forma de respirar y, para un arquitecto, cambia la forma de mirar. Rodrigo reconoce que la «abundancia de naturaleza» le ha permitido ver la vida desde otra óptica, una donde el trabajo es importante, pero no lo es todo.
El deporte se ha convertido en una extensión de su práctica proyectual. El trekking, el esquí y la escalada no son solo hobbies, son formas de habitar el territorio extremo.
«El hecho de subir y llegar a la cumbre de un lugar, de una montaña, de un volcán, y poder ver este paisaje… es impresionante».
Esa experiencia de la inmensidad ha inyectado en su arquitectura una dosis de humildad y, sobre todo, de gratitud.
«La gratitud ha sido algo súper importante, esta transformación de poder agradecer por todo esto que nos rodea».
Es esa sensación de gratitud la que intenta plasmar en sus obras: espacios que no compiten con el entorno, sino que lo reverencian, lo habitan y lo contemplan con convicción y sutileza.

Un habitar amable
A más de una década de haber dejado Santiago, Rodrigo Vargas Larraín ha construido más que volúmenes; ha construido una forma de vida.
Su oficina, +SUR, es el reflejo de esa búsqueda permanente de un «hábitat funcional, bello y coherente con el usuario, el cliente y el lugar».
Ya sea a través de la recuperación de un galpón ferroviario o el diseño de una casa que se refugia de la lluvia, su objetivo final es profundamente humano.
«Me gusta entender la arquitectura como una herramienta para conectar a las personas. Para que conecten con su propia esencia y también con el resto, con su comunidad y , por supuesto, con la naturaleza».
En un mundo que corre cada vez más rápido, la propuesta de Rodrigo desde Puerto Vargas es una invitación a detenerse. A mirar el musgo que crece en la piedra, a valorar la luz que entra por la ventana y a entender que, al final del día, el mejor proyecto es aquel que nos permite habitar el mundo de manera más amable.



«En el sur hay un ritmo más lento que que te da el espacio para la pausa y para la contemplación. Eso aclara la ideas, inspira».
Y en esa pausa, es donde surge la arquitectura que Rodrigo busca crear.









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