Enmarcar es elegir. Es decir “esto sí” en medio del exceso visual contemporáneo. Desde esa premisa casi silenciosa, Catalina Garnham ha desarrollado Framed, un emprendimiento que combina sensibilidad artística, conocimiento técnico y colaboración con interioristas.
Su historia cruza ilustración, retail, tipografía y maternidad, pero converge en un mismo punto: convertir la imagen en objeto significativo, pensado para dialogar con la arquitectura y la vida cotidiana.
Hay algo en la forma en que Catalina Garnham Silva habla de los cuadros que no tiene que ver con la tendencia ni con el algoritmo. Es más antiguo que eso. Más íntimo. Más obstinado también. Como si enmarcar fuera, en el fondo, una manera de ordenar el mundo.
Tiene 35 años, es diseñadora gráfica y madre de tres hijos. Pero si uno le pregunta cuándo empezó su relación con los cuadros, no responde con una fecha profesional, sino con una escena doméstica: su pieza adolescente cubierta de afiches enmarcados, posters arrancados de revistas, fotografías pegadas con cuidado.
“Yo todo lo enmarcaba”, dice entre risas. “Desde un afiche cualquiera hasta algo más arquitectónico que encontraba en una revista. Mi pieza estaba plagada de cuadros”.
No era una casa de diseñador ni una infancia rodeada de referentes creativos explícitos. Su madre —cuenta— tiene buen ojo para la moda, pero la sensibilidad estética de Catalina parece haber sido una pulsión propia.
“Me acuerdo que cuando nos cambiamos de casa yo estaba en cuarto básico. Íbamos a elegir alfombras y en vez de estar saltando encima, yo opinaba. Decía ‘esta me gusta más’. No sé si mi mamá me hacía caso, pero a mí me encantaba”.
Ese “me encantaba” es una frase que se repite. Y no es casual.

El arte antes que el logo
Estudió diseño gráfico, pero nunca se sintió atraída por el mundo corporativo del branding.
“Nunca he hecho logos. No es lo mío. Siempre he ido más por el lado del arte, de la ilustración”.
Su proyecto de título fue un libro ilustrado que obtuvo nota máxima. Y esas mismas ilustraciones, poco después, se transformaron en sus primeros cuadros a la venta.
“Siempre pensé mis cosas en relación al cuadro”, reconoce. Incluso cuando trabajó en una gran tienda de moda —dentro de Cencosud— su mirada seguía operando desde ahí. Se encargaba de los prints textiles, pero lo que más la marcó fue otra cosa: las muestras descartadas.
“Botaban las pruebas de tela, los prints. Y yo en vez de tirarlas, las guardaba. Tenía bolsas gigantes llenas de texturas. Siempre pensando que quizás podía hacer algo con eso. Enmarcarlo, transformarlo. Nunca dejé de pensar en términos de cuadro”.
Después vino un magíster en tipografía. Letras dibujadas a mano, composiciones cuidadas, ejercicios donde el cielo también terminaba convertido en imagen enmarcable. Todo conducía al mismo lugar.

Seis años aprendiendo el oficio
Su experiencia más larga y formativa fue trabajando junto a Rosario Green, referente en el mundo de los cuadros decorativos en Chile. Fueron seis años intensos.
“Aprendí demasiado. Tenía relación con proveedores, con clientes, con ventas. Me encantaba esa pega. Me quedaba hasta más tarde trabajando, era muy dinámica”.
Habla de esa etapa con cariño y gratitud, sin dramatismos. Fue su escuela.
En paralelo, abrió una cuenta personal de decoración donde subía imágenes de espacios que le gustaban —propios y ajenos—, pequeños registros de su sensibilidad visual. Pero cuando decidió emprender, eligió partir desde cero.
“Preferí empezar de nuevo. El público era distinto y yo quería aspirar a otra cosa”.
Esa “otra cosa” se convirtió en Framed.
Framed: sin manifiesto, pero con dirección
Framed no nació como un plan de negocios con cronograma. Surgió casi orgánicamente, a partir de colaboraciones con una amiga decoradora que comenzó a pedirle cuadros personalizados para sus proyectos.
“Los hacíamos juntas, sacábamos fotos, los subíamos a Instagram. Y de repente ya estaba metida en Framed. Nunca fue como ‘voy a crear una empresa de cuadros’. Se fue dando”.
Hoy, su principal cliente no es el consumidor final, sino las decoradoras. “Son las que más me dan trabajo. Me piden quince cuadros para un proyecto. Y además tienen fotos lindas, que eso para mí es importante. Me encanta poder mantener el Instagram estético”.
No es una frase superficial. Para Catalina, la estética no es solo una consecuencia visual: es una forma de coherencia. La imagen comunica el estándar, el cuidado, la intención.

El proceso: render y diálogo
El método en Framed es claro, aunque flexible.
Cuando una clienta la contacta, lo primero que pide son fotografías del espacio y medidas. Con eso realiza un render: interviene digitalmente la imagen y propone distintas proporciones. “Puede ser un cuadro grande, tres medianos, cuatro chicos. Les muestro opciones para que visualicen”.
Luego viene la conversación sobre contenido. ¿Ilustración? ¿Fotografía? ¿Arquitectura? Catalina trabaja principalmente con bancos de imágenes licenciadas. Busca, selecciona, propone. Pero no lo hace sola.
“Tengo una socia que es decoradora y es mi mano derecha. Discutimos las opciones. A mí me encanta compartir el proceso creativo. Soy libra, me cuesta decidir”, dice riendo
Si la clienta no se convence, se vuelve a buscar. No hay catálogo rígido. Cada proyecto parte desde el espacio y la persona.
“Me interesa que el cuadro tenga sentido ahí. No que sea algo puesto porque sí”.

El marco como pieza de diseño
Uno de los diferenciales de Framed está en los marcos. Catalina trabaja con algunos proveedores que no compran molduras estándar de retail, sino que las fabrican.
“Tiene máquinas, entonces podemos crear cosas nuevas. Mezclar perfiles, cambiar colores, hacer el mismo marco en dorado, negro o plateado. Incluso folia oro-plata. Eso es muy entretenido. Me dan mucho espacio para crear y puedo hacer marcos desde cero».
La posibilidad de personalización amplía el lenguaje. Un mismo perfil puede verse completamente distinto según su acabado o posición. El marco deja de ser contenedor y se convierte en parte activa de la composición.
“Eso lo hace más auténtico. Más propio”.
Materia, límite y deseo
Aunque hoy su trabajo se basa principalmente en imágenes seleccionadas, Catalina no esconde su inquietud por expandir el lenguaje material de Framed.
Hace poco trabajó con una clienta que creó su propia cerámica para integrar en un cuadro. “Hicimos una base de género y quedó increíble. Tengo muchas ganas de hacer cosas más propias, más limitadas. Series que no existan en otro lado”.
Habla de edición limitada sin grandilocuencia. Más como un deseo natural de volver a lo que la formó: la ilustración, el gesto propio, el objeto con huella.





Tiempo propio, tiempo de madre
Hay otro eje que atraviesa Framed y no es estético, sino vital.
Catalina decidió emprender cuando sintió que el trabajo dependiente no le permitía la flexibilidad que necesitaba con sus hijos. “Trabajo muy concentrada de nueve a dos y media. Y después paso a modo mamá. Me encanta almorzar con ellos”.
No romantiza la multitarea, pero sí valora la autonomía. Este año —dice— es el primero en que siente que puede proyectar con más fuerza. Sus tres hijos ya nacieron, el ritmo se estabiliza, su marido la apoya con los números y está por lanzar la página web.
También evalúa abrir un espacio físico donde exhibir sus cuadros, hoy guardados en bodega. “Sería lindo que los clientes puedan verlos en un lugar pensado para eso”.
La palabra que usa es “explorar”, no “escalar”. Su ambición tiene más que ver con profundidad que con volumen.

El cuadro como gesto
Al final de la conversación, cuando se le pide una reflexión, Catalina no habla de branding ni de posicionamiento. Habla de regalo.
“Un cuadro es un buen regalo. Es algo distinto. Para un matrimonio, un cumpleaños. Es un objeto que queda”.
Queda en la pared, sí. Pero también queda como gesto.
En un mundo saturado de imágenes fugaces, Catalina insiste en el marco. En el límite. En la decisión de detener algo y decir: esto merece permanecer.
Y tal vez ahí esté el ADN de Framed: no en la tendencia, sino en la pausa. En la convicción —casi infantil, casi obstinada— de que algunas cosas, cuando se enmarcan, encuentran su lugar.










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