En una esquina vibrante de Santiago, justo al lado del ya conocido El Toro, aparece Bar Tigre: un espacio que no pretende ser heredero, sino primo rebelde. Diseñado por Grisanti & Cussen, este bar-restaurant nace desde una idea simple pero precisa: reinterpretar el espíritu de un bistró francés con una mirada joven y contemporánea, donde la barra no solo recibe, sino que manda.
El encargo pedía marcar distancia con El Toro sin cortar del todo el vínculo familiar. Había que conservar cierta coherencia entre ambos, pero sin repetir códigos. Como lo describen desde el estudio, el desafío fue “crear un pariente, pero con identidad radicalmente distinta”. Y la clave fue definir un lenguaje propio: más nocturno, más sofisticado, más atrevido.
Aunque el espacio partió casi desde cero, hubo una decisión que no se movió: la barra.
Las conexiones técnicas la mantenían fija, pero en vez de verla como una limitación, se convirtió en la oportunidad para construir el corazón del proyecto.

A partir de ella se diseñó una gran cenefa en tela a rayas y un volumen robusto de mármol verde, un gesto que mezcla teatralidad y guiños franceses sin caer en lo literal.
Tres palabras definen a Bar Tigre: club, sofisticado y sexy. La estética coquetea con el ambiente íntimo de un club, pero con un refinamiento contemporáneo que no pierde humor. Lo sexy está en la luz baja, en las curvas de la cenefa, en el terciopelo verde que recorre el espacio sin pudor, en cómo la materialidad se entrega al tacto y a la mirada.
El color principal, ese verde profundo elegido como sello propio de Tigre, estructura todo el interior: desde el mármol de la barra hasta los revestimientos y textiles. Es un contraste directo con El Toro, donde el rojo fue protagonista. Aquí, la paleta se arma en torno al verde, la madera y un terciopelo que aporta densidad y elegancia.
La iluminación, trabajada junto a la iluminadora Francisca Mackenzie, combina técnica y gesto: una base precisa de puntos dirigidos que ordenan el recorrido, mezclada con lámparas decorativas que evocan una estética francesa más blanda, más íntima.
Hay un elemento inesperado que amarra la atmósfera: una serie de imágenes de tigres antropomorfos, diseñadas especialmente para el proyecto. Su presencia introduce un humor sutil, una pequeña ironía que relaja la sofisticación sin quitarle carácter. No hay más arte ni objetos decorativos adicionales; la identidad visual se sostiene en la arquitectura y las materialidades, sin ornamento superfluo.
Lo interesante de Bar Tigre es cómo logra balancear lo personalizado con lo coherente. Muchos elementos, papeles murales, telas, gráficas, fueron diseñados e impresos especialmente para el proyecto. “Queríamos que todo dialogara mejor entre sí”, dicen desde el estudio, y esa decisión se siente en cada rincón: nada parece impuesto, nada parece venir de otro relato.
Al final, Tigre es un bar que se vive desde la atmósfera. Seduce sin exagerar, muestra sofisticación sin rigidez, y juega con un imaginario propio donde el verde, la luz y la gran barra construyen un ritual contemporáneo. Un espacio donde el diseño mira de reojo al bistró clásico, pero camina hacia un lugar más joven, más nocturno, más salvaje.




Reseña de los autores
Grisanti & Cussen surge de la unión creativa del arquitecto Hugo Grisanti y la diseñadora Kana Cussen. Su premisa: concebir interiores con alma propia, no meros espacios, sino atmósferas capaces de contar historias.
Lo suyo no es adherirse a una moda del momento. Su sello recorre lo atemporal, lo ecléctico, con una mezcla audaz entre pasado y presente, sofisticación y humor.
A lo largo de su trayectoria han dejado una huella clara en Chile: hoteles como Bidasoa o Castillo Rojo; restaurantes y bares como Bar El Toro o Bar Tigre; tiendas, espacios culturales, viviendas e interiores corporativos que se reconocen por su identidad potente.
Pero su obra no se queda en lo local: han desarrollado proyectos en ciudades como París, Estocolmo, Miami, Buenos Aires y Montevideo, adaptando con gracia su mirada latinoamericana a realidades diversas.
En 2021, la dupla fue reconocida por la editorial internacional Phaidon como parte de las 100 oficinas de interiorismo más influyentes del siglo, un premio que celebra su capacidad de sorprender, emocionar y redefinir lo que puede ser un interior: un escenario listo para vivirse.












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