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María José Martínez: La magia de las diferencias

Dic 15, 2023 | Entrevistas | 0 Comentarios

María José Martínez es hoy una de las interioristas más cotizadas del país, con un sello único y una mirada diferenciadora, sus trabajos llaman la atención no sólo por la belleza en lo estético y la funcionalidad en lo arquitectónico, sino que también por su heterogeneidad… ningún diseño de esta arquitecta es igual a otro.

Nacida en Antofagasta, recorrió varias ciudades a raíz de los traslados de su padre marino hasta que en su adolescencia se instaló en Concepción. Estudió en el Wessex School donde profundizó su amor por el arte y posteriormente destacó en la facultad de arquitectura de la Universidad del Desarrollo, donde ya mostraba su gusto y habilidad en el área del interiorismo. Pronto decidió tomar ese camino de manera definitiva y tras trabajar algún tiempo en una importante oficina emprendió vuelo y se independizó. De eso ya más de una década en la que no ha dejado de sorprender.

Rúa Salón se contactó con la destacada arquitecta y directora de AdDI, quien nos cuenta más sobre su vida, su pasión y sus sueños.

¿Cómo nace tu pasión por el interiorismo?

La verdad es que yo desde chica, era fanática del diseño en general y el arte también, arte era mi ramo preferido cuando estaba en el colegio. Desde que estaba en el colegio yo me acuerdo haber estado dibujando la casa de mis sueños en planta y dibujaba los cuadraditos de dónde quería que fuera el living, dónde quería que fuera el comedor, era muy entretenido, me encantaba siempre hacer eso. Entonces, el tema de la arquitectura siempre estuvo como internalizado en mí. Yo soy arquitecto, yo estudié arquitectura en Concepción, en la universidad me fue súper bien, era súper matea, porque hacía lo que me gustaba en verdad, era mi pasión al final, me motivaba mucho para estudiar, me iba muy bien en los talleres, en composición plástica, pero siempre estuve apuntando hacia el interiorismo también, de hecho cuando yo desarrollaba proyectos de arquitectura en la universidad, como que los pensaba desde adentro, me preocupaba de otras cosas que de repente mis compañeros no y siempre pensé en los detalles interiores, en mi proyecto de título por ejemplo elegí la quincallería de las puertas, las lámparas, nadie más lo hacía, porque no era importante, no lo pedían tampoco, pero yo lo hacía, porque me gustaba ese tipo de cosas. Entonces, cuando terminé la universidad, siempre pensando en que me gustaba el interiorismo, me fui al tiro a hacer un postgrado de Arquitectura Interior en la Universidad de Chile, y fue harto esfuerzo, porque las clases eran presenciales todos los sábados, durante mucho tiempo y yo vivía en Concepción, entonces yo tenía que viajar todos los fines de semana, de Concepción a Santiago, tener clases durante todo el día y volver el domingo a Conce a trabajar, porque yo salí de la U y me puse a trabajar al tiro, creo que tuve algo así como dos semanas de vacaciones y me fui a trabajar a una inmobiliaria.

¿En qué momento decides dejar Concepción e instalarte definitivamente en Santiago? Parece un tópico común entre los ‘penquistas’ más allá de la profesión…

Después de hacer el postgrado conocí el mundo que estaba buscando, se abrió una puerta hacia un planeta que no conocía y me di cuenta que en ese momento, hace alrededor de 15 años atrás, en Concepción no había mucho desarrollo en torno al interiorismo, había dos oficinas, que además hacían cosas muy puntuales y finalmente buscaban todo en Santiago. Cuando terminé el postgrado me di cuenta que tenía que venirme a Santiago, te juro que agarré mis maletas y me vine a la vida, sin trabajo, sin nada, fue una decisión súper arriesgada, porque además yo estaba trabajando en la inmobiliaria, que era una buena pega, pero no me llenaba y necesitaba buscar algo más y llegué a Santiago a tocar puertas. Busqué cuáles eran las mejores oficinas de interiorismo que había, tiré currículums como loca y en un momento me di cuenta de que por mail no estaba funcionando y me dediqué a ir personalmente, puerta a puerta a presentarme y pedir pega. Y en la primera oficina que fui, que fue la de Max Cummins, me dio la oportunidad de probar mi valía.

¿Cómo fue esa primera experiencia de lleno en el mundo del interiorismo?

Súper buena, en esa oficina teníamos un abanico de proyectos muy interesante, Max tenía muy buenos clientes y fueron proyectos que me enseñaron muchísimo, aprendí un montón. Estoy muy agradecida también de todo lo que me enseñó Max porque me soltó un poco las riendas y aprendí a organizar y ordenar, por ejemplo, cosas en el extranjero, porque teníamos proyectos muy grandes, comprábamos muebles en Nueva York, en París, era proyectos realmente alucinantes, toda esa coordinación con tiendas increíbles fue una locura, muy entretenido, tengo millones de anécdotas de esa etapa y cuando me sentí preparada y supe que era tiempo de emprender vuelo sola, me fui y así nació M Interiorismo, junto a Mariaignacia Pastenes.

¿En qué momento entonces haces la transición hacia el estudio que hoy lleva tu nombre?

Estuvimos trabajando juntas durante 8 años, fue harto tiempo, hasta que María Ignacia se fue a vivir a Miami con su familia, por el trabajo de su marido y yo me quedé a cargo del buque, con el equipo. Dejé de usar el nombre de M Interiorismo después de un tiempo de que la Titi se fue, lo cambié porque quise un poco resaltar que estaba yo a cargo de eso y ser más cercana. Ahora tengo a tres personas de manera estable en la oficina y estoy feliz. Ahí empezó el Estudio María José Martínez Interiorismo.

¿Cómo es el estudio María José Martínez Interiorismo? ¿Cuál es el sello?

Hay una cosa que siempre quise tener como pilar del estudio y diferenciarme un poco por eso, aunque se pueda pensar que es un poco repetitivo, porque muchos interioristas decimos lo mismo también, que es identificar al cliente y que cada proyecto sea distinto del otro. A mi me pasa que muchas veces lo escucho, pero hay interioristas que tienen una línea de diseño tan marcada, lo que igual es lindo porque en el fondo está reflejados ellos como personas en los proyectos, pero me pasa que veo un proyecto de un interiorista y luego otro y otro y no veo muchas diferencias, es como el mismo proyecto al final, hay muy pocas variaciones, entonces pensé desde un comienzo que los clientes son distintos el uno del otro y encuentro raro que se haga lo mismo para personas diferentes y desde que partí fue la intención no repetir ni un proyecto. De hecho, cuando algún cliente me ha planteado la posibilidad de hacer un proyecto igual al que hice antes porque le encantó, me niego de inmediato, es parte de mis normas. Siempre trato de autoimponerme el desafío de diferenciar un proyecto de otro y entender al cliente, pero de verdad entenderlo, yo hago un trabajo súper psicológico, soy lo más preguntona que hay, me tengo que meter de lleno en la vida de las personas y poder hacerle un traje a medida, que el proyecto de verdad los refleje. Más allá de que hay ciertos elementos que pueden dar cuenta de que yo lo diseñé, nunca vas a ver dos proyectos míos que se parezcan, creo que ese es mi sello más diferenciador.

¿Cómo conjugas hoy por hoy tu formación como arquitecta con los proyectos que ejecutas?

Mira es más necesario de lo que puede parecer. En este sentido, por ejemplo, la AdDI cambió su nombre justamente porque querías profesionalizar nuestro quehacer. Antes era la Asociación de Decoradores, a mi en lo personal no me gusta mucho que me digan decoradora, porque siento que es algo para lo cual no necesariamente necesitas estudios, y aunque entiendo que hay decoradores que tienen un gusto espectacular y que hace su trabajo de manera extraordinaria, pero en general abordan proyectos donde el campo de acción es mucho más pequeño, porque en general no tienen los mismo conocimientos que tiene un arquitecto a la hora de enfrentar una obra, entonces siento que haber estudiado arquitectura realmente me aportó muchísimo en este ámbito porque, puedo desarrollar proyectos con más conocimiento, incluso desde el área estructural, de repente hay que saber cuándo respetar las estructuras, las vigas, los pilares, las aperturas, la luz y otra serie de elementos que la profesión entrega y que permite intervenir espacios de manera mucho más potente. Entonces puedo decir que estoy muy feliz de haber estudiado arquitectura y no diseño de ambientes, por ejemplo, aunque es lo que hago hoy, porque el apoyo de conocimientos ha sido fundamental para afrontar los proyectos.

¿Y cómo ha sido tu experiencia participando en el directorio de la AdDI?

De verdad ha sido maravillosa, lo he pasado además muy bien, el equipo de directores es muy entretenido también. Es harto trabajo, la verdad yo no me imaginé que iba a ser tanto, pero lo bueno es que nos dividimos en comités, entonces nos dividimos las tareas y a mi me tocó encargarme de la renovación de la oficina de la asociación, entonces diseñamos la oficina y la estamos implementando, ahí trabajamos con Alejandro Montero y Vicent Pearson, entonces lo pasamos increíble, es ir a pasarlo demasiado bien. Me encanta que exista la AdDI porque se genera comunidad y es muy importante tener el apoyo de profesionales que tienen las mismas expectativas, los mismos anhelos y metas, los mismos intereses. Se generan lazos muy bonitos.

¿Cómo ves el desarrollo del área del interiorismo en nuestro país?

Siento que en Chile la pandemia tuvo un impacto importante en términos de interiorismo, hay un antes y un después, totalmente. Antes el interiorismo en Chile era mucho menos importante, se veía principalmente en espacios más públicos o comerciales, pero no tanto en las casas de las personas, el habitar de las personas antes era más tradicional, no había mucha variedad, no había conexión ni paralelo con lo que se veía en el extranjero, pero hoy a la gente de verdad le está importando cómo es su espacio y están entendiendo cómo el espacio afecta a las emociones, a la manera de vivir, uno finalmente necesita armonía y belleza en su entorno, en su hábitat. Los chilenos han entendido esto de manera más bien rápida y la pandemia fue clave en eso, porque al estar encerradas en casa las personas se empezaron a dar cuenta de que sus espacios eran fomes, o no estaban bien pensados y al cambiarlo se percataron de lo bueno que era es cambio.

¿Cómo ves el escenario de aquí a 10 años?

Ahora mismo vamos en alza, estamos creciendo mucho. Por otra parte, creo que, tanto en el país como en el mundo, en el campo del diseño estamos volviendo al origen, entonces, por ejemplo, cada vez se ve más el uso de materiales nobles, maderas sin tratar, el uso del cartón para hacer muebles, etc. Creo que antes pensábamos en el futuro y nos veíamos arriba de platillos voladores, así como los súper sónicos, pero ahora siento y veo como que vamos para el otro lado, vamos al revés, vamos de vuelta, en cuanto al diseño, a la materialidad, las cosas hechas a mano, todo lo artesanal está en tendencia y me llama la atención esta búsqueda de lo natural, algo que tiene también que ver, siento, con el mundo en el que estamos viviendo.

¿Y cómo te ves tú en 10 años más?

Ay, no sé, qué difícil, porque no te puedo decir que me veo con una oficina gigante, haciendo miles de proyectos y con 100 personas contratadas, porque lo cierto es que yo no voy muy para ese lado, no es mi búsqueda ni mi meta. Siento que este es un trabajo que requiere compromiso full, me encanta estar metida a fondo en cada proyecto, entonces no podría abordar 100 obras en paralelo. Lo que si me gustaría es toparme con proyectos desafiantes, cosas que no he hecho, por ejemplo, un hotel, me encantaría hacer un hotel boutique, sería como un sueño. En el fondo lo que imagino en 10 años más es no crecer en cuanto a cantidad, pero si en calidad de proyectos, tener clientes más grandes, más exclusivos quizás, pero no me imagino con una gran multinacional.

Finalmente ¿qué significan en tu vida la arquitectura y el interiorismo en tu vida?

Son todo, yo vivo interiorismo todo el tiempo, me cuesta un poco salir de ahí, de hecho, es algo que me gusta tanto que me pasa que a veces ya ni siquiera lo siento como un trabajo, es evidente que en ocasiones hay mucho que hacer y uno termina como agotado, pero lo paso bien. Es un trabajo muy pasional y es parte de mi día a día, al haber diseñado toda mi casa a mi pinta, algo que le agradezco a mi marido eternamente, y llegar a este espacio que me fascina también me conecta con esta pasión, que está presente todo el tiempo, porque mis ojos finalmente están como entrenados para mirar más allá, para buscar inspiración, los arquitectos e interioristas creo que vemos el mundo de una manera diferente, hay inspiración en todas partes, hay detalles mínimos que de repente nos llevan a diseñar. Entonces el interiorismo, el diseño, la arquitectura, siempre están presentes en mi vida, no es sólo un trabajo.

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