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Casa ACFA: Habitar la geometría

Sep 10, 2026 | Arquitectura, Chile, RÚA SALÓN LATAM | 0 Comentarios

Por Estudio ALTO | Zapallar | R. de Valparaíso | Chile

¿Puede una casa comenzar por una forma y no por una necesidad? En Casa ACFA, Estudio Alto decidió invertir el procedimiento habitual y hacer de la geometría el origen del proyecto. El encargo pedía una vivienda circular, de pocos espacios pero amplios, y los arquitectos Tomás Feuereisen y Alberto Salvador encontraron la respuesta en una geometría que reconocen también en la naturaleza: la geometría sagrada.

Tres círculos dispuestos sobre el terreno construyen las terrazas y un cuarto, superpuesto, da origen al espacio central de la vivienda. De esa operación surge una casa de 450 m2 organizada alrededor de un gran vacío circular, que funciona como corazón y articulador de la vida cotidiana. La circulación lo bordea como un anillo y cada recinto se abre hacia el exterior, buscando una relación particular con el paisaje. No hay habitaciones ortogonales ni una distribución pensada desde medidas convencionales: la planta se organiza a partir de los 36 segmentos en que fue dividido el círculo, asignando a cada programa la proporción que necesita.

El resultado es una arquitectura que, pese a su escala, se percibe cercana y abarcable. La luz cambia de habitación a medida que avanza el día, mientras la sala central recibe iluminación natural desde la piscina ubicada sobre ella. El agua se convierte así en una suerte de lucernario invertido y la casa, en palabras de sus autores, adquiere algo de reloj solar: un lugar donde el paso del tiempo se hace visible a través de la arquitectura.

La experimentación formal no se queda en el dibujo. La estructura de acero, hormigón y madera exigió fabricar buena parte de sus componentes fuera de la obra para luego trasladarlos y montarlos en el terreno. Las grandes vigas de acero, algunas de hasta 16 metros, conviven con 36 vigas interiores de pino Oregon macizo, mientras piedra, mármol travertino y madera construyen una materialidad deliberadamente noble y cálida.

Pero quizás lo más interesante de ACFA ocurre cuando la forma deja de ser experimento y comienza a ser casa. Todas las habitaciones miran hacia afuera y se relacionan con alguna de sus tres terrazas, aunque cada una encuentra un paisaje distinto. El bosque, el mar, los cerros y las quebradas aparecen como parte activa de la experiencia interior. La vivienda no busca dominar el territorio, sino multiplicar las maneras de mirarlo.

La misma lógica se extiende a su desempeño ambiental. Paneles fotovoltaicos generan la totalidad de la electricidad necesaria, mientras el proyecto incorpora tratamiento y reutilización de aguas grises, negras y lluvias, además de una envolvente cuidadosamente aislada. La sostenibilidad aquí no aparece como un elemento añadido, sino integrada a la concepción misma de la casa.

Casa ACFA es, finalmente, una apuesta por salir de lo conocido para descubrir qué puede ocurrir cuando la arquitectura se permite experimentar. Una casa que nace de una geometría poco habitual, pero que encuentra su verdadero sentido lejos del gesto formal: en la luz, en el paisaje y en la manera inesperadamente próxima en que sus habitantes terminan recorriendo y haciendo suyo el espacio.

ACERCA DE ESTUDIO ALTO

Fundado en 2018 por los arquitectos Tomás Feuereisen Fretes y Alberto Salvador Martín, Estudio Alto nació del encuentro de dos trayectorias distintas que terminaron encontrando un territorio común en Chile.

Feuereisen, formado en la Universidad del Desarrollo, desarrolló proyectos de manera independiente y trabajó posteriormente en Australia; Salvador, español formado en la Universidad de Navarra, pasó por España y Holanda, donde profundizó en arquitectura experimental, eficiencia energética y estrategias de sostenibilidad antes de establecerse en Chile.

Más que reconocerse por una forma determinada, la oficina ha construido su identidad desde una manera de trabajar. Cada proyecto comienza con la lectura del lugar y la conversación con quienes lo habitarán. Orientación, luz, viento, pendiente, vegetación y clima participan de las decisiones tanto como el programa arquitectónico. Esa mirada contextual se complementa con una preocupación por la eficiencia, el detalle constructivo y la experiencia cotidiana.

En Estudio Alto no existe un estilo que deba repetirse de una casa a otra. Existe, más bien, una convicción: que cada proyecto debe encontrar su propia respuesta. Casa ACFA es quizá una de las expresiones más radicales de esa idea; una arquitectura que se atreve a partir desde otro lugar para terminar, paradójicamente, en algo tan esencial como una casa hecha para vivir el paisaje.

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