Una ventana puede responder al ruido, la temperatura, la ventilación o una vista que se quiere conservar. Para encontrar la solución correcta, sin embargo, primero hay que comprender la arquitectura y a quienes van a habitarla. Desde ese principio, Pablo y Francisco Mandiola han construido en Manacor una empresa familiar que combina experiencia técnica, atención directa y una manera de trabajar alejada de la fabricación en serie.
Una ventana bien resuelta tiende a desaparecer. Deja de ser un objeto para convertirse en luz, silencio, temperatura, ventilación o una vista que entra hasta el interior. Cuando falla, en cambio, su presencia se vuelve evidente: el ruido atraviesa el cristal, el frío se instala en la habitación y el límite entre adentro y afuera deja de proteger.
En Manacor, cada proyecto comienza precisamente ahí: intentando comprender qué debe hacer ese límite.
Antes de hablar de perfiles, espesores o sistemas de apertura, Francisco Mandiola pregunta. Quiere saber qué ocurre en el espacio, qué incomoda a quienes lo habitan y qué espera el arquitecto de ese vano. A veces el problema es acústico; otras, térmico. Puede ser la entrada directa del sol, una fachada que necesita renovarse o una vista que no debería fragmentarse.
“Si alguien quiere cambiar las ventanas, primero tenemos que entender por qué. ¿Es por el ruido, por el frío o por las dos cosas? No se trata de llegar con un presupuesto cerrado, sino de escuchar qué necesita realmente ese cliente”, explica.
Esa conversación inicial define el trabajo que viene después. Un vidrio laminado acústico puede responder a una calle de alto tránsito; un cristal de control térmico puede mejorar un espacio expuesto al sol; una ventana fija puede conservar mejor una vista y, en ciertos casos, resultar incluso más conveniente que una corredera. La respuesta cambia con cada vivienda y cada obra.
La decisión comercial, entonces, queda subordinada a la arquitectura.
“Podría recomendar algo más caro, pero si para esa casa funciona mejor una solución más sencilla, prefiero decirlo. Tratamos de mirar el proyecto como si fuera propio”.

Casa de Brujas | DX Arquitectos
Schwember / García-Huidobro Arquitectos
Fuera de serie
La etapa actual de Manacor comenzó a tomar forma en 2020, cuando Francisco regresó a Chile después de vivir un año en Liverpool. Ingeniero comercial, había pasado cerca de seis años trabajando en distintas empresas, integrado a una estructura que comenzó a resultarle demasiado predecible.
“Me vino una especie de crisis existencial con el sistema, los horarios y esa sensación de estar siempre dentro de la rueda. Me fui un año y la pandemia me encontró allá. Fue un periodo de mucho crecimiento personal. Cuando volví, llegué con ganas de crear algo”.
Su padre, Pablo Mandiola, llevaba gran parte de su vida vinculado a la fabricación e instalación de ventanas y soluciones vidriadas. Conocía el material, la obra y las dificultades de un rubro donde una diferencia mínima puede alterar el resultado completo. Conservaba, además, relaciones construidas durante años con arquitectos y clientes.
Francisco comenzó a revisar la empresa desde otro lugar. Estudió los números, observó el funcionamiento del mercado y descubrió una posibilidad que no estaba en la gran escala, sino en los proyectos capaces de exigir una respuesta particular.
El modelo de volumen —edificios completos, ventanas repetidas y procesos organizados para fabricar en serie— nunca terminó de interesarle.
Su atención estaba puesta en viviendas, remodelaciones, oficinas y obras de autor donde cada abertura presentara una condición diferente.
“Nos dimos cuenta de que faltaban empresas más boutique. Y no digo boutique solamente como algo premium. Hablo de una empresa capaz de trabajar con buenos arquitectos, pero también con clientes particulares, manteniendo una experiencia cercana y consultiva desde la cotización hasta la postventa”.
Reducir la escala les permitió ampliar la atención. Visitar, medir, revisar, conversar y acompañar. También hacerse cargo cuando una instalación requiere un ajuste posterior.
Francisco es directo al hablar de ese punto: en este rubro, la postventa existe. El valor no está en fingir lo contrario, sino en responder.
“Cuando un cliente llama y ese mismo día ya estás intentando resolver el problema, eso tiene mucho valor. Queremos que sienta que seguimos presentes después de instalar”.

Leer la arquitectura
Una ventana no ocupa simplemente un vacío en el muro. Regula cuánto entra y cuánto queda fuera. Define la relación con el paisaje, permite ventilar, contiene la temperatura y modifica la lectura completa de una fachada.
Por eso Manacor busca incorporarse cuando la obra todavía admite preguntas.
“Nos gusta involucrarnos desde el origen. No diseñamos el proyecto, porque ese trabajo pertenece al arquitecto, pero sí necesitamos comprender qué está buscando. ¿Por qué quiere una puerta ahí? ¿Por qué esa ventana debe ser fija? ¿Quiere generar ventilación, recibir determinada luz o abrirse hacia una vista?”.
La conversación técnica se vuelve más precisa cuando existe una intención arquitectónica clara. En lugar de reducir el encargo a medidas y cantidades, el equipo estudia orientaciones, proporciones, materialidades, sistemas de apertura y exigencias térmicas o acústicas. Esa información permite decidir entre PVC, aluminio, aluminio con ruptura de puente térmico, termopaneles y distintos tipos de cristal.

También permite advertir cuándo una solución aparentemente lógica puede interferir con la experiencia del espacio.
“Quizás alguien piensa en una corredera, pero cuando visitamos la casa nos damos cuenta de que una ventana fija conservaría mucho mejor la vista. Nuestra tarea es mostrar esas posibilidades y acompañar la decisión”.

Este modo de trabajo ha consolidado una relación sostenida con arquitectos que encuentran en Manacor un interlocutor capaz de entrar en la complejidad del proyecto. Francisco reconoce, entre risas, que lo difícil suele ser precisamente lo que más entusiasmo genera entre los autores.
“Cuando le dices a un arquitecto que algo es difícil, muchas veces le gusta todavía más. Ahí está también nuestro desafío: encontrar la manera de hacerlo”.
Cuando el vidrio exige otra escala
El Pequeño Edificio Burgués, obra de Smiljan Radić en Santiago, llevó esa disposición al límite. El proyecto reúne vivienda y oficina en una estructura de cuatro niveles donde los grandes planos vidriados forman parte sustantiva de su relación con la ciudad.
Cuando Manacor ingresó a la obra, el edificio todavía estaba comenzando a levantarse. Participar desde esa etapa permitió entender las dimensiones y la intención detrás de cada cerramiento antes de definir su ejecución.
El encargo requirió instalar más de treinta planchas jumbo de vidrio laminado. Las piezas debían trasladarse con grúa hasta un sector posterior con muy poco espacio de maniobra.

La dificultad no estaba únicamente en el peso o el tamaño del material: había que organizar la secuencia completa de instalación para responder a las dimensiones concebidas por el arquitecto.
“Fue un trabajo muy desafiante. Había que llevar planchas enormes hasta la parte posterior, prácticamente sin espacio. Son proyectos que no muchas empresas quieren asumir, pero a nosotros nos permiten aprender y llevar nuestra capacidad técnica más lejos”.
En Casa Brujas, de DX Arquitectos, la escala es distinta. El pequeño refugio se posa sobre el terreno con una estructura de madera y una envolvente donde los cerramientos de aluminio permiten relacionar el interior con la vegetación circundante. La solución vidriada debía integrarse a una obra precisa, ligera y profundamente conectada con su emplazamiento.

Entre un edificio urbano de grandes paños laminados y una casa mínima levantada en medio de un paisaje natural, cambia la dimensión del desafío, pero no el método: mirar la obra completa antes de fabricar una de sus partes.
Dos generaciones frente al mismo material
La sociedad entre padre e hijo reúne dos maneras de aproximarse al oficio. Pablo aporta la experiencia operativa, el conocimiento acumulado en terreno y una comprensión del vidrio que no procede únicamente de fichas técnicas. Francisco introdujo herramientas de administración, programas para optimizar materiales, sistemas de costos y una estrategia comercial enfocada en construir una marca reconocible.
La diferencia generacional, al principio, exigió ajustes.
“Mi papá tiene toda la experiencia y yo llegué con otra energía, queriendo acelerar muchas cosas. A veces esas miradas chocan, pero encontramos rápido el rol de cada uno. Hoy nos complementamos muy bien”.

Ese cruce también se refleja en el equipo. Manacor ha mantenido trabajadores con años de experiencia e incorporado personas más jóvenes, buscando que ambos conocimientos circulen dentro de la empresa. Para Francisco, la estabilidad es una decisión técnica además de humana: un grupo que ha trabajado junto durante años conoce los ritmos, los estándares y las maneras de resolver de sus compañeros.
“En construcción se contrata y se desvincula mucho según cada proyecto. Nosotros hemos intentado mantener el equipo. Cuando las personas llevan tiempo trabajando juntas, existe confianza y eso se nota en la obra”.
El propio nombre Manacor reúne esos distintos vínculos.
Combina los apellidos Mandiola y Navajas y, al mismo tiempo, remite a Manacor, la ciudad mallorquina. Aunque las raíces de la familia materna se encuentran en Logroño, en el norte de España, esta referencia establece un lazo simbólico con esa herencia de la península. Empresa, memoria familiar y oficio quedan así reunidos en una palabra que funciona como una declaración de continuidad.

Crecer sin repetir
Francisco quiere que Manacor se convierta en la primera alternativa para obras especializadas y para arquitectos que necesitan desarrollar soluciones fuera de estándar.
La meta implica crecer, aunque no necesariamente aumentar el volumen de manera indiscriminada.
El desafío es conservar la agilidad que hoy les permite responder rápido, involucrarse personalmente y seguir cada proyecto desde la primera conversación hasta el último ajuste. Mantener, incluso mientras la empresa avanza, la posibilidad de detenerse frente a un plano y preguntar por qué.
“Queremos que nos reconozcan por la calidad, la cercanía y la capacidad de resolver proyectos complejos. Ser líderes en ese segmento, sin perder la forma de trabajar que nos trajo hasta acá”.
En una industria que encuentra eficiencia en la repetición, Manacor ha decidido buscarla en otra parte: en medir con precisión, escuchar antes de ofrecer y fabricar solo después de comprender.
Porque un vano, antes de convertirse en ventana, es una decisión arquitectónica. Y el trabajo de Manacor comienza cuando todavía hay tiempo para pensarla.












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