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Blum Wellness Homes: cuando la casa empieza a trabajar por nosotros

Jul 14, 2026 | Diseño Sustentable, Reportajes | 0 Comentarios

Rodrigo Blum lleva más de veinte años intentando resolver una pregunta que, para él, la industria de la construcción todavía no responde: ¿por qué seguimos aceptando vivir con frío en invierno, calor en verano y cuentas de energía cada vez más altas? Desde esa inquietud nació Blum Wellness Homes, una empresa que combina arquitectura, ingeniería y tecnología para replantear la forma en que entendemos el confort, la sustentabilidad y, sobre todo, el acto de habitar.

Hay algo que Rodrigo Blum repite varias veces durante la conversación y que resume bastante bien su forma de mirar la construcción: las casas funcionan peor de lo que deberían. Lo dice sin dramatizar, casi como una constatación después de dos décadas de trabajo.

«Siempre encontré que las casas, por muy bonitas o funcionales que fueran, eran caras y funcionaban más o menos mal. Nos gastamos millones en construirlas y después pasamos frío en invierno, calor en verano y gastamos una fortuna intentando corregir problemas que podrían haberse resuelto desde el diseño.»

Esa observación terminó transformándose en una especialidad. Constructor Civil de la Pontificia Universidad Católica y director de Blum Wellness Homes (BWH), hoy dedica su trabajo a estudiar la habitabilidad de las viviendas: cómo se comporta el aire, la temperatura, la humedad, la luz y la energía dentro de una casa antes incluso de que sea construida.

Su interés por el diseño apareció mucho antes de entrar a la universidad. Siempre tuvo facilidad para entender los espacios y la arquitectura, aunque decidió estudiar Construcción Civil porque le ofrecía una mirada más amplia y práctica del proceso completo.

«Me gustaba que era una carrera donde podía moverme entre el diseño, la ingeniería, la obra y los negocios. Después fui encontrando mi propio camino.»

Ese camino comenzó en el desarrollo inmobiliario tradicional, donde detectó varias ineficiencias que terminarían marcando su carrera. Primero llegó a la permacultura buscando soluciones para el manejo del agua. Más tarde apareció la bioconstrucción y, con ella, el estudio de la física de la vivienda.

«Me di cuenta de que había mucho conocimiento disponible, pero muy poco aplicado. Afuera esto ya era un tema importante y acá seguíamos construyendo prácticamente igual.»

Diseñar antes de construir

Aunque BWH construye viviendas, Rodrigo insiste en que su trabajo comienza mucho antes de la obra.

Para él, el proyecto se define en la etapa de análisis.

«Nosotros tomamos la arquitectura y la sometemos a un estudio completo. Analizamos cómo se comportará esa casa con el sol, el viento, las temperaturas durante todo el año. Antes de construir ya sabemos dónde tendrá pérdidas, cómo responderá el interior y qué debemos corregir.»

Ese proceso se realiza mediante modelos digitales que permiten simular el comportamiento de la vivienda durante un año completo. El objetivo no es producir imágenes más atractivas, sino anticipar el desempeño real de la casa.

«La tecnología no está puesta para hacer algo más sofisticado; está puesta para tomar mejores decisiones.»

Después viene la construcción, el monitoreo y, finalmente, la validación de los resultados con datos reales.

Esa última parte es especialmente importante para Rodrigo.
Durante años las evaluaciones dependían de la experiencia de los propietarios: cuánto gastaban en leña, en gas o si sentían la casa más cómoda. Hoy, gracias a sistemas de monitoreo permanente, BWH puede medir consumo energético, temperatura, humedad y calidad del aire en tiempo real, verificando el desempeño de cada proyecto.

Más allá de la sustentabilidad

Aunque gran parte de su trabajo está asociado a la eficiencia energética, Rodrigo evita definirlo únicamente desde la sustentabilidad.

Reconoce que durante muchos años trabajó muy cerca del movimiento de la permacultura, pero con el tiempo fue desplazando el foco hacia otro concepto.

«La sustentabilidad llega por añadidura. Cuando haces una casa que consume menos, que aprovecha mejor la energía y funciona correctamente, naturalmente estás cuidando el entorno.»

Hoy prefiere hablar de libertad.

Libertad frente a los costos de la energía, frente a la dependencia de sistemas ineficientes y frente a la preocupación constante por mantener una vivienda confortable.

«No controlamos el precio de la energía, ni muchas de las cosas que pasan en el mundo. Lo que sí podemos controlar es cómo diseñamos nuestra casa para depender menos de todo eso.»

En ese sentido, para él la eficiencia no es solo un argumento ambiental o económico; es también una forma de mejorar la calidad de vida cotidiana.

Donde la ingeniería se vuelve invisible

Para Rodrigo, una buena casa no es la que acumula más tecnología, sino aquella donde la tecnología prácticamente desaparece.

«La idea no es llenar la casa de equipos. Es que la casa funcione tan bien que uno deje de pensar en ellos.»

Ese resultado comienza mucho antes de la obra. Cada proyecto pasa por simulaciones energéticas que permiten analizar el comportamiento de la vivienda durante las 8.760 horas del año.

El recorrido del sol, los vientos predominantes, la inercia térmica de los materiales, las pérdidas de energía y la calidad del aire se estudian mediante modelos digitales antes de construir el primer muro.

Ese «gemelo digital», como lo llama Rodrigo, permite corregir problemas en el computador y no cuando la casa ya está terminada.

Después viene la construcción, donde cada decisión responde a una lógica sistémica: envolventes térmicas de alto desempeño, hermeticidad controlada, ventilación mecánica con recuperación de calor, materiales saludables y sistemas capaces de mantener una temperatura estable con un consumo energético muy inferior al de una vivienda convencional.

Pero quizás la diferencia más importante es que BWH no trabaja sobre promesas. Rodrigo insiste varias veces en que el desempeño de sus proyectos se mide una vez habitados.

Sensores instalados en las viviendas registran de forma permanente temperatura, humedad, consumo energético y funcionamiento de los sistemas, información que permite validar cada proyecto con datos reales y seguir perfeccionando el siguiente.

«Antes preguntábamos al cliente cómo le había ido en invierno. Hoy podemos verlo cada treinta segundos», comenta.

Ese enfoque también explica la alianza que BWH mantiene con empresas europeas especializadas en climatización de alta eficiencia.

La incorporación de sistemas de aerotermia desarrollados en Suecia no responde únicamente a una decisión tecnológica, sino a la búsqueda de soluciones ampliamente probadas en países donde el confort térmico y la eficiencia energética forman parte del estándar constructivo desde hace décadas.

«La tecnología es importante, pero nunca es el objetivo. Es simplemente la herramienta que nos permite garantizar que la casa haga exactamente lo que prometimos.»

La forma sigue al bienestar

Resulta curioso que alguien tan vinculado a la innovación técnica no defienda un estilo arquitectónico determinado.

Rodrigo no habla de líneas formales ni de un lenguaje propio.
Habla de personas.

«No tengo una arquitectura favorita. Me gustan las casas bonitas y funcionales, pero lo importante es que respondan a quienes las van a habitar.»

Por eso define su proceso como una arquitectura colaborativa. Cada proyecto nace desde las necesidades de sus clientes y luego incorpora todas las herramientas técnicas necesarias para conseguir que esa idea funcione mejor.

La estética puede cambiar. El desempeño, no.

Mirar hacia Latinoamérica

Actualmente BWH prepara una nueva etapa enfocada en compartir su metodología con oficinas de arquitectura de distintos países mediante licencias y transferencia de conocimiento técnico.

La idea no es exportar una manera de construir, sino una forma distinta de pensar el proyecto desde su desempeño.

Antes de terminar la conversación le preguntamos cómo resumiría la filosofía de su trabajo.

No habla de innovación, ni de tecnología, ni de eficiencia.

Responde con dos palabras.

«Libertad para vivir bien.»

Y probablemente ahí esté la mejor síntesis de todo su recorrido: entender que una casa no debería exigir nuestra atención todos los días, sino ofrecer el escenario para que podamos dedicar esa atención a vivir.

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