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Ya Arq: el espacio suficiente

Jul 13, 2026 | Arquitectura | 0 Comentarios

Para Yamil Alul, proyectar una casa nunca ha consistido únicamente en resolver un programa o encontrar una forma. Detrás de cada decisión conviven el presupuesto, la construcción, la luz, la ciudad y, sobre todo, quienes habitarán esos espacios. Una mirada que fue tomando forma mucho antes de fundar Ya Arq y que hoy entiende la arquitectura como un ejercicio permanente de equilibrio.

Antes de pensar en estilos o materialidades, Yamil Alul intenta responder una pregunta mucho más simple: cómo quiere vivir la persona que habitará ese espacio. Es una forma de entender la arquitectura que fue tomando cuerpo entre una formación profundamente ligada a la ciudad, años de gestión pública y una práctica donde el diseño nunca ha estado separado de la construcción. Hoy, desde YA Arq, desarrolla una arquitectura sobria y contemporánea, convencido de que un buen proyecto no se mide por el gesto que exhibe, sino por la vida que consigue contener.

La conversación con Yamil no parte desde la arquitectura, sino desde las responsabilidades.

No es casualidad. A medida que recuerda los distintos lugares donde aprendió el oficio, las palabras diseño, forma o estilo aparecen mucho menos que otras como presupuesto, contexto, construcción o habitante. Como si, antes de imaginar un edificio, hubiera aprendido que proyectar también significa hacerse cargo.

Quizás esa mirada comenzó mucho antes de entrar a la universidad.

«Uno siempre parte orientando un poco a la arquitectura cuando el resto empieza a visualizar ciertas habilidades. Me decían que era bueno para dibujar, pero después entendí que una cosa era dibujar bonito y otra muy distinta era visualizar espacios.»

Durante un tiempo, mientras crecía en Talca, creyó que el dibujo era el centro de esa inquietud. Más tarde descubrió que apenas era el comienzo. Lo que realmente le interesaba no era representar objetos, sino comprender la manera en que las personas se relacionaban con ellos.

«La carrera tenía muchas cosas técnicas que también me gustaban. La encontré emocionante.»

Esa búsqueda encontró un lugar donde crecer en la Universidad de Santiago. Ahí se enfrentó a una arquitectura que hablaba menos de edificios icónicos y mucho más de ciudad, espacio público y calidad de vida.

«No era simplemente hacer edificios bonitos. Siempre había una búsqueda de que la arquitectura tuviera un impacto real. Trabajábamos mucho en sectores donde entendías que un proyecto podía cambiar la forma en que las personas vivían un lugar.»

Aquella formación terminaría convirtiéndose en el primer pilar de su manera de proyectar. La arquitectura dejaba de ser un ejercicio formal para transformarse en una disciplina donde las decisiones tenían consecuencias concretas sobre quienes las habitaban.

Esa idea volvería a aparecer una y otra vez, aunque todavía faltaban varios años para que pudiera ponerla realmente a prueba.

Donde los planos dejan de ser papel

Recién titulado pasó por un par de oficinas jóvenes en Santiago. Fueron experiencias breves, suficientes para confirmar que quería ejercer la profesión desde el proyecto, pero también para entender que el aprendizaje recién comenzaba.

La oportunidad llegó lejos de la capital, en Perquenco, una comuna de poco más de siete mil habitantes donde, con apenas veinticuatro años, asumió como el único arquitecto del municipio.

«Tenía que hacer todo. Los proyectos, los presupuestos, las inspecciones, los trámites, presentarlos al Ministerio, al Gobierno Regional. No tenía nadie que me enseñara, así que me tocó aprender haciendo.»

La arquitectura dejó de terminar en los planos. Cada obra obligaba a comprender el recorrido completo de un proyecto, desde la primera idea hasta la entrega final.

Gimnasios, sedes comunitarias, rehabilitaciones de colegios, paraderos y edificios municipales fueron ampliando una mirada donde el diseño debía convivir permanentemente con los recursos disponibles, los plazos y las necesidades de una comunidad.

«Muchas veces uno piensa que la arquitectura está solamente en el diseño, pero allá entendí que también está en todo lo que ocurre después. En cómo se construye, en cómo administras los recursos, en cómo el proyecto finalmente llega a la gente.»

Con presupuestos ajustados descubrió otra lección que todavía acompaña su trabajo: la creatividad rara vez depende de la abundancia.

«Hicimos proyectos muy pequeños, pero siempre tratábamos de que tuvieran una intención. Que no fueran solamente un techo o un volumen más. Con recursos limitados igual se podían hacer cosas que mejoraran el lugar y sobre todo la calidad de vida de los vecinos».

Años después volvió a recorrer algunas de esas obras. Seguían siendo utilizadas por quienes habían motivado su construcción.

«Eso también es bonito. Ver que los edificios siguen vivos y que realmente cambiaron un pedacito de ciudad.»

Los vientos soplan libres

Tras dejar Perquenco tomó una oportunidad laboral en Temuco, pero pronto llegó la pandemia y los vientos cambiaron. La oficina a la que se había incorporado tuvo dificultades y Yamil optó por regresar al nido.

Cuando volvió a Talca no había un plan de negocios ni una especialidad definida esperándolo. Había una mesa de trabajo, una oficina compartida y la intuición de que era momento de empezar.

«La verdad es que no nace con una idea de decir ‘me voy a dedicar a esto’. La vida laboral te va llevando un poco hacia donde uno se desarrolla.»
Los primeros encargos llegaron de la mano de una constructora. Al principio fueron proyectos pequeños. Después aparecieron viviendas de mayor escala y, casi sin darse cuenta, estaba diseñando casas que superaban los doscientos metros cuadrados.

«Pasé de cero a mucho, muy rápido. De repente estaba haciendo proyectos que siempre había querido desarrollar.»

Las obras crecían, pero también las responsabilidades. Entonces ocurrió algo que todavía recuerda con más serenidad que dramatismo.

La constructora abandonó los proyectos antes de terminarlos.Al otro lado no había contratos. Había familias esperando respuestas.

«Yo también había comprometido recursos personales y quedé muy complicado. Pero al final el problema no era mío solamente. Había gente que llevaba meses esperando su casa.»

En lugar de alejarse, decidió quedarse.

«Fui donde cada uno de los propietarios y les dije que no tenía cómo involucrar recursos, pero que sí les podía ofrecer toda mi conciencia profesional. Les dije que iba a terminar los proyectos con ellos.»

Durante más de un año siguió visitando las obras. Coordinó maestros, resolvió problemas constructivos, revisó detalles y acompañó cada proceso hasta su término. No recibió honorarios por ese trabajo. Tampoco habla de ello como un sacrificio… Simplemente era la única forma en que entendía su profesión.

«Al final uno responde por lo que firma»- hace una pausa- «Eso después la gente lo observa. Lo comenta. Y empieza a confiar.»

Quizás ahí comenzó realmente YA Arq. No cuando apareció un nombre o un logotipo, sino cuando una manera de ejercer el oficio terminó convirtiéndose en la identidad del estudio.

La medida justa

Hay arquitectos que empiezan un proyecto imaginando una forma. Yamil prefiere empezar imaginando una vida.

Por eso, cuando le preguntan por su estilo, tarda algunos segundos antes de responder. Parece buscar una definición que no reduzca la arquitectura únicamente a una imagen.

«Muchas veces la gente llega con una idea preconcebida. Ha visto una casa en internet o una revista y quiere algo parecido. Mi trabajo es tomar esa idea y darle un valor arquitectónico que haga mejor el habitar.»

En esa búsqueda casi nunca aparecen los excesos.

«Trato de no hacer cosas solamente por lucirme. Si una decisión aumenta mucho el presupuesto y no mejora realmente el proyecto, deja de ser responsable con el cliente.»

La frase podría resumir buena parte de su trabajo.

Cada ventana responde a una orientación. Cada alero protege del clima. Cada espacio común busca favorecer la convivencia. Cada decisión intenta justificar su existencia antes de convertirse en un gesto.

«Trato de salir de esta idea de buscar lo mínimo. Con recursos similares se puede conseguir mucho más confort. Que la casa sea fluida, que los espacios conversen entre ellos, que la gente quiera permanecer ahí.»

Cuando finalmente define su arquitectura, tampoco habla de tendencias.

«Yo diría que es una arquitectura sobria y funcional, pero también cautivadora en su atmósfera. Me gusta que alguien vea una casa y sienta que está pensada. No porque sea extravagante, sino porque cada decisión tiene un sentido.»

En el fondo, su trabajo parece responder siempre a la misma pregunta: No cómo hacer una casa distinta, sino cómo hacer una casa que siga teniendo sentido muchos años después de haber sido construida.

Antes de que llegue el mobiliario

Cuando la conversación deriva hacia el interiorismo, Yamil vuelve a responder desde el proyecto. No habla de tendencias, revestimientos o paletas de color. Habla de luz.

«El diseño interior también es iluminación, también es ventilación, también es atmósfera. No es solamente el porcelanato o el color de un muro. Todo eso empieza mucho antes».

Para él, una casa comienza a construirse desde aquello que no siempre se ve. La orientación de un recinto, la altura de un cielo, la relación entre los espacios comunes y los privados o la manera en que la luz cambia durante el día terminan definiendo la experiencia de habitar mucho antes que cualquier objeto.

«Trato de que la arquitectura ya genere esa atmósfera. Después vendrán los muebles, los materiales o la decoración, pero el espacio ya debería estar haciendo su trabajo.»

Quizás por eso evita hablar de autoría cuando describe sus proyectos. Prefiere hablar de equilibrio

Entre la técnica y la intuición. Entre el presupuesto y la ambición. Entre lo que una persona imagina y lo que realmente necesita para vivir mejor.

Cada casa representa un acuerdo entre esas variables, nunca la imposición de una sola.

«Uno tiene un estilo, claro. Pero también hay una responsabilidad con quien va a habitar ese lugar. El proyecto no puede responder solamente a lo que uno quiere hacer como arquitecto.»

Esa misma inquietud comienza hoy a trasladarse hacia otra escala. No porque haya dejado atrás la vivienda, sino porque siente que las mismas preguntas pueden hacerse sobre la ciudad.

«Siempre me ha interesado que la arquitectura tenga un impacto mayor. Me gustaría desarrollar proyectos que también ayuden a construir mejores contextos.»

Habla de Talca con la naturalidad de quien conoce sus ritmos cotidianos. Del crecimiento hacia nuevos barrios, del centro que pierde actividad y de una ciudad que, poco a poco, parece ir separando sus propios fragmentos.

No lo plantea como una crítica. Lo plantea como una oportunidad.

«La arquitectura tiene el poder de ayudar a que los contextos confluyan de mejor manera.»

La frase no aparece como una declaración de principios. Llega al final de una conversación donde casi todo ha girado en torno a las personas antes que a los edificios.

Quizás ahí está la verdadera medida de su arquitectura. No en la superficie de una obra ni en la firma que deja sobre un plano, sino en la capacidad de desaparecer cuando la vida comienza a ocupar el espacio.

Porque, al final, una casa encuentra su mejor versión cuando deja de hablar del arquitecto y empieza, silenciosamente, a hablar de quienes la habitan.

«Uno puede mirar un proyecto años después y pensar que hoy haría algunas cosas distintas. Pero si la persona que vive ahí lo disfruta, si ese lugar terminó siendo su sueño, entonces el trabajo estuvo bien hecho.»

Casa RM

(305 m2)

Fundo San Damián | Talca
2023

Casa RM, nace como un encargo de vivienda unifamiliar, en parcela en Talca, que busca ser una casa definitiva, para un matrimonio con 3 hijos.

Cuenta con 5 dormitorios, más 1 de servicio y quincho incorporado como extensión del Living comedor.

El cliente quería 2 pendientes fuertes que se cruzaran y tomamos ese gesto para generar un ala con el programa social y otro privado, con acceso en el centro en doble altura, enfrentando un gran ventanal, hacia un patio central interior.

Sede Social Valles de Villa Alegre

(227 m2)

Valles de Villa Alegre | Villa Alegre
2023

La junta de vecinos Valles de Villa alegre, encargó una sede social que albergue sus actividades masivas y funcionamiento administrativo diario, cuenta con 227 m2.

Se decidió por una estructura interior a la vista, que referencian construcciones tradicionales de la zona, con lucernas que aportaran una luz pareja durante todo el día, y un corredor exterior tipo patronal, que invita a participar e incorporar el espacio público.

Casa Armerillo

(106 m2)

Sector Armerillo | San Clemente
2026

Casa Armerillo se emplaza en la precordillera de San Clemente, rodeada de bosque nativo y con vistas a la cordillera.
El encargo fue una casa compacta, capaz de funcionar durante todo el año, pese a las bajas temperaturas y a la nieve propia de la montaña.

Se diseño con pendiente a dos aguas pronunciada, revestida de Pv6 prepintado Grafito, y madera termo tratada, además de ser resulto íntegramente en panel SIP, que permite gran aislación térmica.

Tiene grandes ventanales orientados al Norte y oriente, en termo panel, para aprovechar las vistas a la montaña, y las ventanas de casi cada recinto genera grandes tomas visuales.

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