Con más de una década de experiencia, Constructora Fass ha desarrollado una manera de trabajar en la que diseño, oficio, logística y velocidad forman parte de una misma ecuación. Desde Matanzas y Puertecillo hasta distintos puntos del sur de Chile, su especialidad consiste tanto en levantar una casa como en hacer que todo lo que ocurre antes y durante la obra funcione.
Hay constructoras que crecen sumando proyectos, equipos y metros cuadrados. Fass ha encontrado otra manera de hacerlo: mantener una escala controlada para responder con rapidez, conocer a quienes están en obra y cuidar de cerca cada proyecto. Su trabajo se concentra principalmente en casas nuevas, sobre todo en madera, aunque también desarrollan ampliaciones, remodelaciones y proyectos de distintas escalas.
La empresa es familiar. Jan Sommer, ingeniero civil industrial y actual gerente, trabaja junto a su padre y a su hermano mellizo, con quien comparte desde hace años el trabajo en terreno. Pero en Fass la familia es parte del contexto, no el argumento. Lo que define su trabajo está en otra parte: en la capacidad de organizar una obra, resolver sus dificultades y llevarla desde una idea hasta una casa terminada en plazos que, para ellos, son parte esencial del proyecto.
“Nos destacamos por la velocidad, un poco por la logística y por meter harto las manos”, dice Jan. “Seguimos siendo bien rústicos en el sentido de que nos gusta trabajar, estar en terreno, resolver las cosas ahí”.
La frase funciona como una primera definición de Fass. No hay demasiada distancia entre quienes administran la empresa y lo que ocurre en una obra. El método se ha construido desde el hacer y la experiencia acumulada en distintos lugares, condiciones y equipos.

Diseñar también es construir
Una parte del trabajo de Fass comienza incluso antes de que exista un plano definitivo. En algunos proyectos, especialmente cuando trabajan directamente con sus clientes, ellos mismos desarrollan una propuesta a partir de las necesidades concretas de quienes habitarán la casa. No buscan competir con la arquitectura de autor ni desarrollar formas particularmente complejas.
Su aproximación es más directa.
“Nosotros construimos casas que diseñamos, realmente con el cuaderno nomás”, cuenta Jan. “Priorizamos construir nuestros propios diseños porque es algo que se nos hace más sencillo”.
Eso no significa que Fass se limite a proyectos simples. También trabajan a partir de diseños desarrollados por arquitectos y han participado en casas de distintas dimensiones y niveles de complejidad. La diferencia está en el modo en que enfrentan el proyecto: desde la construcción, observando aquello que puede hacerse de manera más eficiente y planteando modificaciones cuando una decisión de diseño puede afectar los tiempos, los costos o la ejecución.
“Con los arquitectos siempre puedes opinar: ‘Oye, esta parte me parece un poco chica’, y dar tus argumentos técnicos. ‘Por tiempo, podríamos cambiar esto’”, explica Jan.
En esa conversación entre diseño y obra aparece uno de los aportes más concretos de una constructora que conoce el terreno. El proyecto no se entiende solo como una imagen terminada, sino como una secuencia de decisiones que deben poder construirse.
La misma lógica está detrás de los proyectos que Fass diseña directamente. Jan habla de una arquitectura “relativamente sencilla y funcional”, pensada desde las necesidades del cliente, el presupuesto, los materiales disponibles y la posibilidad de construirla con eficiencia.
“Uno diseña a partir de las necesidades del cliente, pero, lógicamente, siempre tratamos de priorizar una arquitectura un poco más sencilla, porque también estamos acotados a que ‘esta casa debería costar X’. Entonces vas diseñando para que los materiales calcen y no haya desperdicios”.
La sencillez, en este caso, no es una decisión estética aislada. Es una herramienta de trabajo.

Construir rápido: una especialidad
Si hay una característica que Jan repite durante la conversación es la velocidad. No la entiende como una carrera contra el reloj, sino como la consecuencia de una manera de organizar las obras.
Fass trabaja habitualmente con dos equipos y prefiere mantener entre dos y tres obras simultáneas. Han llegado a manejar cuatro e incluso cinco, pero descubrieron que una escala menor les permite mantener el control y cumplir con los tiempos que se proponen.
“Nos acomoda trabajar con dos o tres construcciones a la vez, no mucho más que eso”, explica. “Hemos descubierto que nos va mejor así, teniendo dos o tres, todo controlado y sacarlas en tiempo súper rápido”.
Los números ayudan a entender qué significa esa velocidad. En proyectos de madera han conseguido levantar casas de alrededor de 120 metros cuadrados en tres meses.
En otros casos, una vivienda de 130 metros cuadrados puede estar terminada en tres meses y medio o cuatro meses.
En Valdivia, cuenta Jan, llegaron a completar una casa de 120 metros cuadrados en dos meses y medio.
La rapidez no se resuelve acelerando una etapa. Exige que las decisiones estén tomadas, que los materiales lleguen cuando corresponde y que los equipos conozcan bien su trabajo. En una obra, muchas veces avanzar rápido significa evitar que el proyecto se detenga.
“Es lo que nos acomoda más: terminar rápido, empezar otra, pero no tener tantas construcciones a la vez y demorarnos más”, dice Jan.
Por eso, para Fass, contar con buenos equipos es parte central de su capacidad constructiva. Trabajan con cuadrillas que conocen desde hace años y con las que han ido consolidando una manera de trabajar. Algunos vínculos incluso vienen de antes de que la construcción fuera su actividad principal.
“No cualquier maestro hace una casa en tres meses”, resume Jan. “Entonces, mantener esa línea —que nuestro sello sea la velocidad y, obviamente, la calidad, pero, sobre todo, sacar las obras a tiempo— es difícil”.



Madera , materiales y decisiones
Gran parte de las casas que construye Fass están resueltas en madera. Es una elección coherente con el tipo de proyectos que realizan y con los lugares donde trabajan, pero también con la necesidad de construir con rapidez y controlar los recursos.
No se trata de utilizar un único sistema de manera automática. También construyen en hormigón y trabajan con distintas soluciones según cada proyecto. Sin embargo, la madera aparece como el material con el que tienen mayor experiencia y afinidad.
“Somos más fanáticos de la madera, la verdad”, reconoce Jan. “También depende un poco de lo que pida el cliente, pero por lo general nos gusta más el sello del sur”.
La experiencia en obra también ha hecho que la atención se concentre en detalles que, desde fuera, pueden parecer menores y que terminan siendo determinantes. Jan recuerda sus primeros años aprendiendo directamente de los maestros y descubriendo que muchas veces la diferencia entre una obra que funciona bien y otra que genera problemas está en cosas pequeñas.
“Uno va aprendiendo varias cosas chiquititas que ves en terreno. Por ejemplo, que la madera impregnada venga bien calibrada, porque, si no, es un cacho cuando los palos vienen medio descalibrados. Son todas esas pequeñas cosas que uno va viendo: cómo cree que se hacen y cómo se resuelven realmente en terreno”.
Ese conocimiento práctico es parte de la experiencia que Fass lleva a cada proyecto. No aparece necesariamente en un render, pero sí en la forma en que se prepara una obra, se reciben los materiales, se organiza una cuadrilla o se decide una solución constructiva.

La logística también se construye
Hay obras que comienzan mucho antes de poner el primer elemento de una casa. Comienzan llegando.
Fass ha trabajado en Matanzas, Puertecillo y distintos puntos del sur de Chile, además de desarrollar proyectos en la cordillera y la Patagonia. En algunos casos, el acceso obliga a trasladar materiales y herramientas por caminos complejos, cruzar ríos o utilizar embarcaciones. También les ha tocado llegar en avioneta.
“Nos ha tocado construir en lugares donde hay que pegarle a la manija para llegar”, cuenta Jan. “Nos gusta un poco eso: que la logística sea más desafiante”.
La dificultad de acceso no es un detalle periférico. Cuando una obra está lejos de una ciudad o de una ferretería, cualquier error de planificación puede significar días perdidos. Una herramienta que falta, un material que no llegó o una compra que no se consideró a tiempo tienen consecuencias mucho mayores.
Por eso, tanto cargar una camioneta hasta arriba como planificar la llegada de cada elemento forman parte del trabajo constructivo, al igual que levantar una estructura.
“Siempre cargamos las camionetas. Nos gusta un poco eso del desafío de llegar”.
La experiencia acumulada en esos lugares ha ido construyendo una capacidad difícil de separar de la propia obra. Fass no solo construye casas en distintos territorios; también ha aprendido a crear las condiciones necesarias para hacerlo.





El tamaño justo
La escala es otra de las decisiones que Fass ha tomado con el tiempo.
Como muchas empresas que comienzan a crecer, en algún momento también imaginaron tener más gente y asumir más proyectos. La experiencia les mostró que ese no era necesariamente el mejor camino.
Hoy prefieren mantener equipos acotados y trabajar con un número de obras que puedan supervisar de cerca. Han tenido más proyectos simultáneos, pero el sistema funciona mejor cuando pueden concentrarse en pocos.
“Al principio uno sueña con ser más grande y tener gente contratada. Y cuesta”, explica Jan. “Pero ya descubrimos que nos va mejor así: con dos o tres obras, todo controlado y sacándolas en tiempos súper rápidos”.
La decisión tiene una consecuencia directa en el resultado. Los equipos se conocen, se coordinan mejor y pueden repetir procesos sin tener que partir de cero en cada proyecto. Jan reconoce que incorporar nuevas cuadrillas es uno de los desafíos más difíciles precisamente porque la velocidad que buscan depende de esa experiencia compartida.
“Al principio nos pasó mucho que los proyectos se alargaban, hasta que fuimos moldeando el equipo. Bueno, los dos nos hemos ido moldeando, pero ahora los maestros y las terminaciones funcionan súper bien”.
La empresa mantiene así una estructura pequeña, pero con experiencia acumulada. El padre de Jan, sus hermanos y los equipos de maestros forman una red de trabajo construida a lo largo de los años. Algunos vínculos vienen incluso de la actividad agrícola de la familia y otros se han consolidado directamente en la construcción.
Es una empresa familiar, pero esa condición se expresa menos en un relato de tradición que en algo mucho más concreto: conocerse, confiar y saber cómo trabaja el otro.




Hacerlo sencillo
En Fass podrían hablar de las casas más complejas que han construido, de los proyectos de mayor superficie o de los lugares más difíciles a los que han llegado. Sin embargo, cuando Jan explica qué tipo de obra les interesa, vuelve a una idea bastante más simple.
“Sí sabemos hacer las casas espectaculares, pero preferimos lo que es más sencillo”, dice.
Ahí radica una parte importante de su identidad.
Fass busca proyectos que puedan resolverse con claridad: casas de aproximadamente 120 metros cuadrados, funcionales, bien construidas y con un presupuesto controlado. No persiguen una arquitectura excesivamente compleja ni una puesta en escena que obligue a la construcción a convertirse en una carrera de obstáculos.
“Tratamos de favorecer lo que es más sencillo. Se nos da mejor”.
La frase no suena a renuncia, sino a una decisión consciente sobre dónde poner la experiencia.
En una casa sencilla también hay mucho que resolver: la estructura, los encuentros, las terminaciones, la cocina, los baños, las instalaciones, los tiempos, la coordinación de los maestros y las expectativas del cliente. Para Fass, hacer bien todo eso ya representa un desafío.
Y quizá por eso Jan insiste tanto en la diferencia entre imaginar una casa y construirla. Los renders pueden mostrar una vivienda perfecta, pero la obra tiene que resolver otra serie de preguntas: cómo llega el material, cuánto demora, qué pasa si el terreno complica el acceso, qué solución constructiva permite cumplir el presupuesto y cómo se mantiene la calidad cuando el calendario avanza.
“Al final, cuando hacemos un diseño para alguien conocido con lápiz y papel y recibe una casa que supera sus expectativas, queda mucho más contento”, cuenta. “Sí nos interesa mucho qué tan satisfecho queda el cliente con el proyecto”.


Del cuaderno a la realidad
Quizá por eso una de las imágenes que mejor representa el trabajo de Fass no es una casa terminada, sino el momento anterior: un dibujo hecho a mano, una idea sobre papel que después se convierte en estructura, madera, ventanas, revestimientos y, finalmente, en un lugar para vivir.
La empresa ha construido buena parte de su experiencia en ese recorrido entre una decisión y su ejecución. Desde la definición inicial del proyecto hasta la coordinación de los equipos, desde la elección de materiales hasta la logística para llegar al terreno, cada etapa está pensada para que la obra avance sin perder el control.

Hoy su trabajo se concentra principalmente en casas nuevas, pero también contempla ampliaciones y remodelaciones cuando el proyecto lo requiere. Su sitio web reúne proyectos en Matanzas, Puertecillo, El Buchén y distintos puntos del sur de Chile, junto con una serie de obras que muestran esa diversidad de escalas y territorios.
Y aunque la experiencia familiar sigue siendo parte de la identidad de Fass, el verdadero patrimonio de la empresa está en las obras que han hecho, en los equipos que han formado y en una manera de construir que privilegia la eficiencia sin convertirla en apuro.
El próximo paso que imagina Jan también nace de esa experiencia. Fass ya ha comenzado a construir proyectos propios para ponerlos en venta o arriendo, una forma de llevar su conocimiento constructivo hacia una etapa distinta: diseñar, construir y luego ofrecer directamente esos proyectos.
Por ahora, sin embargo, la lógica sigue siendo la misma. Pocos proyectos, equipos conocidos, materiales bien escogidos y una obra que avance.
“Construir rápido, hacer casas personalizadas de 120 metros cuadrados en tres meses”, dice Jan. “Es rápido, y no he escuchado de ninguna otra constructora que tenga esos tiempos de construcción”.
Más que una promesa, parece ser una forma de trabajo en Fass. Una que comienza con una idea sencilla, pasa por la experiencia del terreno y termina, sin demasiadas vueltas, en una casa construida.












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