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EcoArt: diseñar sin tener la última palabra

Sep 8, 2026 | Destacados, Paisajismo y diseño de exteriores | 0 Comentarios

Artistas visuales antes que paisajistas, Javiera Molina Montero y Josefina Piraino Vinet fundaron EcoArt para reunir composición y naturaleza. Quince años después, sus jardines siguen naciendo de la misma convicción: una obra viva no se impone, se proyecta para que el tiempo también pueda intervenirla.

En una zona donde el agua escaseaba, Javiera Molina y Josefina Piraino plantaron especies nativas e instalaron el riego. Al llegar la primavera recibieron fotografías: allí donde habían puesto una alstroemeria aparecían muchas más. El naranjo intenso se había extendido y, junto a él, habían germinado otras especies.

“Fue más logrado de lo esperado”, recuerdan. EcoArt dispuso las condiciones iniciales y la naturaleza continuó el trabajo.

La escena concentra aquello que les interesa del paisajismo. Un jardín crece, pierde hojas, florece y reorganiza sus jerarquías. Ellas pueden decidir especies, recorridos y asociaciones, anticipar la luz y proyectar lo que ocurrirá en varios años. Después, algo queda fuera de control.

“Podemos diseñar, elegir y proyectar, pero la naturaleza también comienza a escribir su propia historia”. Esa participación forma parte de la obra.

Dos artistas buscando la tierra

Antes de ser paisajistas, ambas estudiaron arte por separado. Sus historias eran distintas, pero estaban atravesadas por una relación similar con la naturaleza.

Javiera recuerda los viajes de camping al sur y el Cajón del Maipo, con la cordillera siempre presente. “Rayaba con la naturaleza; era mi lugar seguro”. En la escuela de arte trabajaba con óleo y sus temas regresaban al mundo natural. Sin embargo, le faltaba algo que la pintura no podía darle: estar afuera y trabajar en contacto directo con aquello que representaba.

Josefina creció en el campo y recuerda una infancia ligada a la tierra, las plantas y los cerros. Exploró pintura, óleo, acrílico y carboncillo, pero también buscaba una disciplina que no la separara del exterior.

El paisajismo reunió ambas búsquedas. Allí encontraron composición, color, textura y movimiento, pero trabajando con una materia que no permanece inmóvil. “Era la fusión perfecta entre el arte y la naturaleza”, explica Javiera. El jardín continúa transformándose después de que sus autoras se retiran.

Javiera y Josefina se conocieron estudiando paisajismo y, al terminar, decidieron trabajar juntas. En 2011 formaron EcoArt: “Eco”, por un paisajismo ecológico y adaptado al territorio; “Art”, por la formación artística que seguiría orientando su forma de componer.

Cuando lo sustentable todavía no era conversación

En esos años, el paisajismo se entendía con frecuencia como decoración exterior. Se hablaba menos de jardines sustentables, consumo de agua o especies adaptadas. Javiera y Josefina partieron desde otra premisa: antes de agregar, debían entender qué había en el lugar y qué podía sostenerse allí.

“No queríamos hacer una decoración exterior. Queríamos aportar al entorno”. Un jardín ecológico no era una estética, sino uno adaptado al territorio. La elección vegetal, el riego, el suelo y el clima debían pensarse juntos.

Uno de sus primeros desafíos fue la Plaza de Abastos de Illapel, un proyecto público en el norte. En el plano, los recorridos y las plantaciones formaban una composición de color que podían leer como una pintura. Luego se licitó y construyó. La mirada artística había abandonado el papel para convertirse en un espacio recorrido por otros.

Quince años después, conocen más especies, territorios, técnicas y escalas, pero la intención permanece. “La base sigue siendo la misma: entender el entorno, trabajar con él y potenciar lo que ya existe”. También permanece la dupla. Lo dicen con humor: después de quince años, seguir haciendo un buen equipo ya es bastante.

Una imagina; la otra pregunta cómo

Ambas participan en el diseño, la construcción y la dirección del estudio, aunque entran a los proyectos desde lugares diferentes.

Javiera se concentra en el concepto, la composición y aquello que quieren transmitir. Josefina tiene una mirada más práctica: mientras la idea aparece, piensa cómo construirla, cómo funcionará y qué necesitará para mantenerse.

“Una puede estar imaginando algo y la otra está pensando: ‘Ya, pero ¿cómo hacemos esto?’”. El equilibrio no elimina sus diferencias. A veces observan un proyecto desde posiciones distintas y deben discutirlo. Aprendieron que esas tensiones mejoran la propuesta porque obligan a revisar lo que parecía resuelto.

La fortaleza de EcoArt está en sostener la libertad de imaginar y, a la vez, mantener los pies en la tierra. En paisajismo, las ideas deben probarse literalmente en ella.

Jardines que parecen haber estado siempre

Sin nombre ni logo, ciertas decisiones permitirían reconocer un jardín de EcoArt.

Trabajan con asociaciones vegetales y evitan convertir el jardín en un muestrario. En lugar de acumular especies, seleccionan algunas y las repiten para que funcionen juntas, privilegiando vegetación nativa o adaptada.

Buscan jardines silvestres, con la sensación de que llevan tiempo allí. “No está sobrepuesto como una maqueta. Es parte del lugar”. Incorporan rocas, bebederos para aves y bancas de madera o piedra para atraer fauna, ofrecer permanencias y extender la experiencia más allá de lo visual.

Los grises, morados y amarillos aparecen con frecuencia porque están presentes en muchas especies nativas. Sobre esa paleta, una floración puede generar “un ruido de color”: una mancha intensa que irrumpe durante una temporada y luego desaparece.

También importa el movimiento: tallos que reaccionan al viento, follajes que filtran la luz, hojas que producen sonido y sombras que cambian de lugar. Allí se reconoce el desplazamiento desde la pintura hacia el paisaje: la composición ya no permanece dentro de un marco.

Pero el jardín tampoco está hecho únicamente para ser observado. Debe invitar a caminar, sentarse, permanecer y descubrir zonas que no se revelan desde un solo punto. La sombra de un árbol, el sonido de las hojas o una floración breve pueden modificar la manera en que se ocupa un espacio. Son fenómenos sencillos, pero construyen una relación corporal y cotidiana con la naturaleza. Para EcoArt, habitar el paisaje significa estar dentro de esa transformación y no contemplarla a distancia.

La lectura previa

En EcoArt, el proyecto comienza por el territorio. Antes de dibujar estudian orientación, luz, clima, suelo, agua y vegetación existente. Ninguna de esas variables funciona por separado.

Después aparecen las personas: quiénes ocuparán el espacio, cuáles son sus rutinas, qué esperan hacer allí y cómo se relacionan con la naturaleza. “Un jardín no es solo un espacio que se diseña; es un lugar que se vive”. Cada propuesta debe responder al sitio y a quienes lo habitarán.

Por eso asumieron un proceso integral: diseño y construcción de áreas verdes, riego, obras civiles exteriores, iluminación y asesorías de mantención. Un equipo propio les permite conservar la idea al pasar del plano al terreno y coordinar elementos que perderían sentido por separado.

Acompañar el jardín también significa preparar a sus habitantes para otro ritmo. “Queremos que todo suceda rápido, pero la naturaleza tiene sus propios tiempos”. Un árbol necesita años; una especie debe adaptarse; cada floración tiene su momento. El día de la entrega no muestra la imagen definitiva.

Al entregarse, el jardín comienza otra etapa. Diseñar implica imaginar cómo crecerán las plantas, cómo cambiará la luz y qué espacios aparecerán en diez años. No se proyecta un instante, sino una secuencia.

Del cuadro a la comunidad

EcoArt ha trabajado en jardines residenciales, proyectos corporativos, establecimientos educacionales, hoteles, exposiciones, parques públicos y recintos deportivos. Un jardín pequeño puede ser tan exigente como uno extenso: en el primero, cada centímetro cuenta; en el segundo, deben comprenderse sistemas y tiempos mayores.

Las exposiciones las acercan nuevamente al montaje artístico: el paisaje concentra una idea y una emoción mediante el recorrido. Los proyectos públicos incorporan más voces y necesidades.

La recuperación urbana de la Plaza Hugo Vega Godoy, en Macul, reunió esas dimensiones. Un proceso participativo con vecinos y el municipio recuperó la antigua plaza Coipué, que había perdido su rol comunitario. La intervención incorporó especies de bajo consumo hídrico, riego por goteo, áreas recreativas, mobiliario reciclado y espacios solicitados por los residentes.

En 2025 recibió el Premio Aporte Urbano al Mejor Proyecto de Regeneración o Rehabilitación Urbana. Para Javiera y Josefina, su valor estuvo en distinguir un trabajo construido con la comunidad, mediante escucha, acuerdos y colaboración. El reconocimiento reafirmó que el paisajismo puede cambiar un lugar y también la relación de las personas con él.
La naturaleza antes, no al final

La escasez de agua, el cambio climático, la pérdida de biodiversidad y la densificación de las ciudades obligan a revisar decisiones que durante años parecieron normales.

Javiera y Josefina ven un desafío y una oportunidad. La naturaleza todavía suele incorporarse cuando la arquitectura ya está definida, como una capa final. Ellas quieren participar desde el comienzo, cuando aún puede decidirse cómo usar el agua, qué especies podrán desarrollarse y qué lugar tendrá la vida no humana.

Esa búsqueda también se extiende hacia los interiores. EcoArt Biofilia, una nueva línea —“el mellizo de EcoArt”— llevará el paisaje dentro de los espacios construidos. El proyecto abre otro territorio para una pregunta que las acompaña desde hace quince años: cómo integrar la naturaleza en la vida cotidiana.

Un jardín requiere conocimiento, técnica y decisiones precisas, pero también disposición a esperar. A veces, después de proyectar y plantar, una alstroemeria se multiplica, aparece una especie inesperada y la composición encuentra un rumbo que nadie había trazado.

EcoArt nació de dos artistas que querían salir del taller. Encontraron una obra capaz de continuar sin ellas. Su trabajo consiste en imaginar el comienzo y dejar espacio para que el tiempo escriba lo demás.

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